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El Palenque de Dihigo

Plaga Maldita

Las estafas, esa mancha humillante para el puro espíritu del deporte, significan la parte oscura de la noble actividad del músculo y aparecieron desde los orígenes de las practicas deportivas.

OJ Simpson . Fuente Externa

Gilberto Dihigo.-

Nada humano me es ajeno.

Todavía nadie regresa desde el mas allá para narrar como es el infierno, y si nos atenemos a lo enunciado por Santa Teresita del Niño de Jesús, quien con esa nobleza característica de las almas puras dijo: 

 “Creo que hay un Infierno, pero está vacío”, nunca tendremos testimonios sobre ese centro diabólico. Pero si aplicamos la “duda razonable”, ese término jurídico utilizado por el jurado del memorable caso de OJ Simpson para exonerarlo, damos por sentado la existencia del averno con fuegos y grandes castigos para los pecadores y dentro de esa enorme masa que debe llenar las ardientes calles del diablo se encuentran sin lugar a dudas aquellos que cometen fraudes deportivos.

Las estafas, esa mancha humillante para el puro espíritu del deporte, significan la parte oscura de la noble actividad del músculo y aparecieron desde los orígenes de las practicas deportivas. Según el historiador griego Pausanias, seis estatuas de bronce que representaban al dios Zeus y erigidas al pie del monte Kronión fueron costeadas por una trampa cometida por Eupolos de Tesalia, quien compró a sus adversarios en el pugilato.

 Por Pausanias sabemos también que él ateniense Callipo, competidor del pentatlón en los 122 Juegos Olímpicos de la Antigüedad, “cojeaba de la misma pata” y le entregó dinero a sus adversarios para que perdieran. Esas tendencias no disminuyeron y ya vemos que en el siglo III, Filostrato de Lemnos escribía… “ el estado de francachela en que viven los atletas los lleva a comprar y vender sus victorias. Unos convierten sus victorias en monedas; otros pagan para obtener una victoria fácil que su vida afeminada no les concedería”,indicó 

   Y continúo Lemnos. “No exceptúo a los instructores de esta corrupción, se han hecho entrenadores por espíritu de lucro; no se preocupan en absoluto de la gloria de los atletas, ellos le aconsejan toda clase de combinaciones pensando solo en sus propios intereses. Todo esto debería decirse contra estos mercaderes que no son mas que mercaderes del valor atlético”.

  Así fue en aquella romántica época de coronas de laurel para los vencedores y así es ahora en estos tiempos que la mejor diadema es fabricada con dólares. La historia del deporte moderno guarda innumerables incidentes fraudulentos donde los atletas vendieron su dignidad por dinero, atraídos por esos cantos de sirena que entonan los apostadores, sumos sacerdotes del hecho turbio dentro del deporte.

 

 Son numerosos los momentos en que el fraude alcanzó decibeles de escándalo mundial en las arenas deportivas. Las Grandes Ligas del beisbol todavía se estremecen cuando le recuerdan aquellos “medias negras” de 1919. Para la suerte del beisbol dos hombres, “Babe” Ruth y el juez Landis, uno con sus grandes batazos y el otro al imponer, su inflexible justicia, ayudaron a olvidar aquella sucia página.

 Si el deporte de las bolas y los strikes quedó mas o menos limpio hasta el momento del asedio de los apostadores, no ocurre lo mismo con el boxeo donde las llamadas “peleas arregladas” no terminan. No hay que confundir la vieja pasión humana en tratar de adivinar un resultado en los pronósticos deportivos, a la aviesa y calculada apuesta del malhechor que compra al deportista para variar el resultado a su favor.

 El futbol tiene su aparte en este embrollo de los apostadores y son memorables los escándalos del club Olympique de Marsella y el italiano Paolo Rossi, envueltos dentro de la corrupción que dirigen los apostadores, quienes les gustan invertir dinero sobre seguro. Hace unos años la FIFA suspendió al equipo ucraniano Dinamo de Kiev, acusado por tratar de sobornar a un arbitro con una fuerte suma de dinero y un abrigo de visón.

 En realidad el infierno es poco para esos personajes nefastos que enlodan la pureza deportiva, quienes a fuerza tienen que ocupar cuartos de primera en ese centro renegado por la mano divina. Ellos, los apostadores, son una plaga maldita para los deportistas.

 Nos vemos pronto, pero mientras tanto sean felices siempre hay tiempo. Aquí les dejo mi correo: cimarrón1952@gmail.com, por si quieren criticarme o saludarme, ambas propuestas son bien recibidas.

  

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