Por Kevin Cabral
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Si vamos a hablar de figuras influyentes en los últimos 50 años de béisbol profesional, Tommy John tiene que ocupar un lugar preferencial en la lista. El lanzador zurdo obtuvo 288 victorias en una carrera de 26 temporadas en las que lanzó más de 4,700 entradas en 700 aperturas con seis equipos.
Pero su contribución imperecedera ocurrió en el quirófano, donde gracias al “expertise” y la creatividad del reputado cirujano Frank Jobe, se convirtió en el primer atleta sometido a una cirugía de reemplazo de ligamento de codo, luego de sufrir un desgarro que hasta ese momento significaba el final de la carrera de cualquier lanzador.
El doctor Jobe utilizó un tendón del antebrazo derecho de John para realizar el injerto que le dio una segunda oportunidad al pitcher de los Dodgers de Los Angeles.
El procedimiento se realizó el 25 de septiembre de 1974. John se había lastimado el 17 de julio del mismo año en el tercer episodio de un partido contra los Expos de Montreal en Dodger Stadium, cuando el severo dolor que acusó en su codo sugirió un desgarro del ligamento ulnar.
Luego de una rehabilitación de más de un año, regresó al montículo el 16 de abril de 1976 en el Fulton County Stadium de Atlanta en un retorno considerado “milagroso” en la época. John tuvo marca de 10-10, 3.09, lanzando 207 episodios.
En la temporada siguiente, John consiguió su primera temporada de 20 victorias, terminando la estación con récord de 20-7, 2.78 y ayudando a los Dodgers de Los Ángeles a llegar a la Serie Mundial. Un mito había nacido.
Luego de su cirugía, el lanzador nativo de Indiana cubrió 2,659 episodios y su “brazo nuevo” le permitió mantenerse activo por 14 años y 382 partidos más, consiguiendo un par de temporadas adicionales de más de 20 victorias con los Yankees de Nueva York. Su longevidad fue realmente extraordinaria.
El éxito de la dupla Jobe-John en la implementación del innovador procedimiento ha salvado la carrera de incontables lanzadores en el último medio siglo. Se necesitó un cirujano de habilidades especiales, pero también la anuencia de un atleta que, viendo su carrera en peligro, tuvo el coraje de ser “conejillo de indias”.
Cuando combinamos los logros de Tommy John en el terreno de juego con sus condiciones de pionero que provocó una transformación en el béisbol, es inexplicable que aún no esté en el Salón de la Fama. Lo mismo se puede decir del doctor Jobe, un propulsor con contribuciones que de sobra justifican un espacio en la misma institución.
Esperamos que el deceso del lanzador zurdo a los 83 años provoque una reanudación de las conversaciones para que en el futuro pueda ocupar el sitial que le corresponde.


