Héctor García
Nos hemos enterado de una situación altamente preocupante para el deporte dominicano. Se ha anunciado la intención de modificar el nombre del Palacio de los Deportes Profesor Virgilio Travieso Soto, agregándole el de BanReservas.
Se trata de un craso error y de una propuesta absolutamente inaceptable.
De concretarse este despropósito, se estaría minimizando o peor aún, borrando parcialmente de la memoria histórica el inmenso legado deportivo de Virgilio Travieso Soto, una figura fundamental en el desarrollo y fortalecimiento del deporte nacional.
Resulta inevitable preguntarse: ¿de quién surgió tan desacertada y antideportiva idea?
Si la iniciativa provino de alguna autoridad del Banco de Reservas o del propio Gobierno, constituye un grave desacierto que merece ser reconsiderado de inmediato.
¿Fue consultado el Comité Olímpico Dominicano? ¿Se escuchó la opinión de los clubes, asociaciones deportivas, federaciones y
cronistas deportivos del país?
Todo parece indicar que no. Y precisamente ahí radica una de las mayores preocupaciones: que una decisión de tanta sensibilidad
histórica y deportiva pueda intentarse imponer bajo criterios puramente comerciales, ignorando el profundo significado que tiene
el nombre de Virgilio Travieso Soto para generaciones de deportistas dominicanos.
¿Qué gana el Banco de Reservas involucrándose en una iniciativa que hiere la memoria deportiva nacional?
Absolutamente nada.
Por el contrario, una institución con el prestigio y la trayectoria de BanReservas no debe asociar su buena imagen a una medida que genera rechazo en amplios sectores vinculados al deporte.
La opinión pública sensata y responsable debe oponerse desde ahora a que se consume este desacierto histórico.
Más aún, el verdadero problema no es el nombre de la instalación, sino la incapacidad del Ministerio de Deportes para garantizar el mantenimiento adecuado de las obras deportivas del país, pese a los cuantiosos ingresos obtenidos mediante alquileres y actividades extradeportivas.
El Estado dominicano debe detener inmediatamente esta propuesta y, si fuese necesario, buscar mecanismos alternativos para reconocer el aporte económico realizado por BanReservas en la remodelación de la instalación, sin tocar ni alterar el nombre histórico del Palacio de los Deportes.
No se puede permitir que una figura de la dimensión de Virgilio Travieso Soto sea desplazada por intereses circunstanciales o
comerciales.
Toda decisión de esta naturaleza debe ser ampliamente discutida y consensuada con el movimiento deportivo nacional, las instituciones oficiales y los sectores vinculados al deporte.
Estamos ante una propuesta bochornosa, improcedente e innecesaria, que debe ser frenada antes de que se convierta en un
precedente peligroso contra la memoria histórica del deporte dominicano.
Virgilio Travieso Soto hizo méritos más que suficientes para que su nombre permanezca intacto en una de las principales instalaciones deportivas del país.
Modificarlo sería una injusticia histórica que República Dominicana no debe cometer



