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El Palenque de Dihigo

Terminó el laberinto de Orestes Miñoso

Lamentablemente no lo recibió en vida, un deseo que en una de esas conversaciones sostenidas en diferentes actividades que coincidimos me dijo ansiaba obtener.

Orestes Miñoso. Fuente Externa

Por Gilberto Dihigo

Nada humano me es ajeno.

Hace unos años en una columna reflexionaba que la entrada al salón de la fama al cubano Orestes Miñoso resultaba tan complicada como estar el pelotero dentro de un laberinto, porque pese a tener las calificaciones necesarias para  pertenecer a ese grupo del béisbol especial, ni la Asociación Americana de Cronistas de Béisbol o el Comité de Veteranos e incluso el de las Ligas Negras, le dieron el pase a la inmortalidad de Cooperstown hasta que finalmente el 24 de julio del 2022 su nombre se incluyó a la posteridad dentro de ese espacio notable en el pueblito de Cooperstown.

Lamentablemente no lo recibió en vida, un deseo que en una de esas conversaciones sostenidas en diferentes actividades que coincidimos me dijo ansiaba obtener. Resulta inexplicable no se lo hayan concedido antes, pero sin llegar al reproche justificado hay que alegrarse de que al fin se hizo justicia para el hombre cuyo nombre original es Saturnino Orestes Armas Arrieta, y a quien sus seguidores nombraron también el “Cometa”, el “Charro negro”, “Mr White Sox” o sencillamente el hombre que conjugó todos esos motes: Minnie Miñoso, como lo llamaron en los Estados Unidos.

Miñoso fue sin dudas un pelotero extra clase de las cabezas a los pies; por algo el mítico manager de los yanquis de Nueva York, miembro del Salón de la fama, Casey Stengel, afirmó en una ocasión de manera rotunda sobre su calidad: «Ojalá lo tuviera en mí club. No me preocuparía por la pérdida de Joe DiMaggio. Es como si fueran dos o tres jugadores plasmados en un solo esqueleto humano”, mientras el exitoso manager y miembro del salón de la fama, Bucky Harris aseguraba a los cuatros vientos en la época activa de Miñoso que “el sueño, el ideal de un manager de pelota, es tener a nueve hombres como Miñoso en su team”.

Sus números -los que siempre exhibió antes e ignoraron-  muestran su calidad indiscutible: 9 veces All-Star, líder en triples de la liga en tres ocasiones; cuatro veces 100 o más carreras anotadas; tres veces 100 carreras impulsadas. Su hoja de servicios de por vida:.299; 2,100 hits, 1,225 anotadas; 1093 impulsadas; 186 jonrones; 336 dobletes y 216 bases robadas; 814 bases por bolas; 192 pelotazos recibidos.; tres guantes de oro. Líder en tres ocasiones de bases robadas y triples y diez veces en recibir pelotazos. Estos son sus números fríos.

Detrás de esas frías, pero convincentes estadísticas se encuentra un pelotero de gran colorido, que llenó estadios con solo mencionar su nombre y quien, en su primer año de Grandes Ligas con las Medias Blancas de Chicago, terminó en segundo lugar de la ofensiva del circuito americano con un promedio de 326, líder en triples con 14 y máximo estafador de bases con 31.

Durante un aparte con  Miñoso, antes de la ceremonia que lo encumbró en República Dominicana dentro salón de la fama del béisbol latinoamericano, donde tuve la satisfacción y el honor de representar a mi padre Martin Dihigo, rememoraba su paso por las Ligas Negras y se preguntaba por qué no lo tomaban en cuenta tampoco por esa vía al ser uno de los últimos jugadores que saltó de esas fuertes lides hacia las Grandes Ligas.

En 1946 consiguió dentro de las Ligas Negras 306 de average y un año después, con los New York Cubans, colaboró con su bateo (294) y su rapidez en las bases, junto a los brazos fuertes de Luis Tiant, padre y Martin Dihigo para ganarles la Serie Mundial de color a los imponentes Cleveland Buckeyes. En noviembre del 2005 el Comité especial de las Ligas Negras lo colocó en una boleta y no obtuvo los votos de historiadores y académicos.

Mientras que Jackie Robinson es mencionado como el indiscutible pionero que contribuyó a romper la odiosa barrera racial que impedía a los peloteros negros desempeñarse dentro del llamado Big Show, el hecho de que Miñoso fuera el primer negro latino en hacerlo pasó inadvertido por lo general y muchos aficionados incluso desconocen.

¿Qué tenía que demostrar Miñoso?. Nadie sabe y al parecer todos esos comités reunidos cumplieron la frase que selló el pequeño corso Napoleón Bonaparte: “Cuando quiero que un asunto no se resuelva lo encomiendo a un comité”. 

Por fortuna abrieron los ojos y el humilde muchacho que cortaba caña en su natal pueblo de Perico, Matanzas, quien soñaba con emular las hazañas de su ídolo Martin Dihigo, cuando de niño tiraba piedras a los rieles del tren, llegó a donde siempre quiso estar. 

Su esposa Sharon en la inducción dijo en la ceremonia donde recibió la placa: “Desde un humilde rancho en Cuba hasta el salón nacional de la fama del béisbol, que manera de honrar una vida tan extraordinaria y de servir al deporte que amaba. Habría estado muy orgulloso de ser miembro del salón de la fama.

Minnie, ahora con su llegada a Cooperstown, sigue de cerca a Martin Dihigo en este tipo de galardones, porque pertenece a los salones de la fama de México, la Serie del Caribe, Cuba y el Latinoamericano para un total de cinco, mientras que Dihigo lo supera con seis. Allá en el mundo extrasensorial donde se encuentran los grandes del béisbol seguro felicitan a su amigo Miñoso, los tres primeros cubanos de Cooperstown: Cristóbal Torriente, José de la Caridad Mendez y Martín Dihigo y me imagino que se fuman un tabaco y sonríen entre viejas historias de sus vidas y celebran que ya Miñoso escapó del laberinto injusto donde todos estos años no le permitió aparecer en Cooperstown.

Nos vemos pronto, pero mientras tanto sean felices siempre hay tiempo. Aquí les dejo mi correo: cimarrón1952@gmail.com, por si quieren criticarme o saludarme, ambas propuestas son bien recibidas.

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