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Toques

¡Se llamaba Hilario!

Siempre le llamé por su nombre Hilario y reafirmo que era un gran amigo, y la única persona con quien en mi vida conversaba más de cinco minutos por teléfonos.

Lalo Gómez. Fuente Externa

Héctor García

A distancia, donde atiendo mi salud, me enteré del deceso de quien fuera un verdadero amigo:
Hilario (Lalo) Gómez.

Lo conocí siendo reportero de televisión y recuerdo que comenzó a interesarle el deporte olímpico en conversaciones que sosteníamos, pues sólo le gustaba el béisbol.

Siempre le llamé por su nombre Hilario y reafirmo que era un gran amigo, y la única persona con quien en mi vida conversaba más de cinco minutos por teléfonos.

¡Fue capaz de tocar mi corazón por sus condiciones humanitarias con todos! Nuestra amistad creció y se acrecentó al permanecer juntos 12 años, produciendo programas de televisión en la Corporación Estatal de Radio y Televisión, Canal 4.

A diario conversábamos y durante años trató de llevarme, junto a mi familia a su paraíso, los predios que cultivaba en Rancho Arriba, San José de Ocoa.

De allí bajaban semanalmente mis tomates especiales, ajíes y otras variedades, cuya entrega era casi » a escondidas» para que no se percataran otros colegas y amigos.

No niego que teníamos puntos encontrados en cuanto al trabajo de dirigentes federados y en oportunidades pusimos sobre la mesa, temas muy serios del desenvolvimiento de algunos.

Nos contábamos “raros manejos” de dirigentes federados y lo que conversamos, nunca llegó a saberlo, un tercero, por lo que lo consideré siempre un amigo sincero y confiable.

Hilario era un busca talentos de cronistas deportivos, pero en su mayoría los asignaba a Momento Deportivo, recuerdo entre ellos, a Edward Peguero y Danilo Gómez.

Hilario era un productor de televisión, sin descanso y bien informado, pero sus dotes de buen amigo, en oportunidades, no le permitían revelar en público datos de interés que obtenía y me los pasaba, a sabiendas, que la fuente no la conocería nadie, al momento de revelarlos, Otra condición a destacar de Hilario, es el cariño por su familia y a diario me contaba en el parqueo del Canal 4, o en el Centro Olímpico, travesuras y dotes de sus tres hijos, a quien me correspondió regalar los primeros útiles deportivos que usaron para iniciarse en el béisbol

Recuerdo nuestra última conversación telefónica, él en Rancho Arriba y yo conduciendo entre Villa Altagracia y Santo Domingo.

Pasaron unos 10 minutos y giró la conversación sobre la cobertura a una actividad de la Liga Cristian Pimentel, en la que no pude complacerlo y me retiré. Horas después me insistió, pero después de viejo, como que me he puesto terco y no complací a Hilario, quien de seguro me está esperando en un buen lugar en el más allá, donde espero no me hable de trabajar en televisión.

Quizás pronto, tal vez no, porque he salido “un hueso duro de roer”, pero en definitiva allá tendremos que vernos.
Finalmente, Hilario, solo puedo decirte que he perdido a una persona que nunca olvidaré. Paz a tu alma.

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