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Efemerides Rafael Baldayac

Ramírez, Peña y Fermin únicas parejas padres e hijos en beisbol RD

Este fenómeno de ver a un padre siendo capataz de sus vástagos se producía por segunda vez en la historia del beisbol profesional dominicano.

EFEMERIDES ESPECIAL 22 DE DICIEMBRE 2009:

Por Rafael Baldayac

 

 

Tony Peña cuando volvió a asumir el puesto de piloto de las Aguilas Cibaeñas, en la temporada 2009-10,  hizo realidad su anhelado sueño dirigir a sus dos hijos, Tijei y Francisco Peña.

 

Este fenómeno de ver a un padre siendo capataz de sus vástagos se producía por segunda vez en la historia del beisbol profesional dominicano.

 

Los Peña en una histórica foto tomada el 22 de diciembre de 2009, se presentaron, junto a los Ramírez, como las únicas dos parejas de padres e hijos que establecen este tipo de relación dentro de un equipo en la pelota nuestra, siendo ambos casos  muy particular de los cibaeños.

 

Ceferino Víctor Ramírez, siendo manager titular de las Aguilas en la campaña 1990-91, tuvo a su hijo Victor Omar como uno de los jardineros del equipo. Ellos fueron los pioneros en este aspecto en la liga dominicana.

 

Tony, enmarcado entre los grandes símbolos del club, y quien vió crecer a sus vástagos metido en la cueva del equipo, ha sido el más virtuoso modelo de esta imperecedera tradición de familiaridad en la fila mamey.

 

Tras una década fuera de la dirigencia aguilucha, se produjo el histórico encuentro de Tony con sus hijos a partir del dia 1 de diciembre de 2009 cuando Winston Llenas hizo el anuncio del despido del manager norteamericano Ricky Sweet, entregando al veterano piloto criollo las riendas del equipo en una difícil situación, peleando la clasificación.

Peña sustituyó a Sweet quien se convirtió en el segundo mánager despedido en el torneo Hermanos Rojas Alou, con un colectivo que ocupa la quinta posición con registro de 16 ganados, 19 perdidos a cinco y medio del primer lugar, pero a uno del cuarto que ocupan los Gigantes del Cibao.


Peña nombró como sus asistentes en la banca a una gloria del béisbol dominicano como Miguel Diloné y además a Denio González.

Los demás coaches del equipo se quedaron: Alex Taveras, Ted Power, Nelson Silverio, Gustavo Llenas, José Mejía, Omar Ramírez y Fernando Hernández.

Con Sweet, las Águilas tuvieron marca de 16-19 en los primeros 35 partidos y ocupaban el penúltimo puesto del circuito de seis clubes. A falta de 13 jornadas para el final de la vuelta regular, los cibaeños corrían el peligro de quedarse fuera de la postemporada por primera vez desde la temporada 1991-92.

Peña, de 52 años, jugó 18 años con las Águilas, entre 1978 y 1997, y las dirigió por tres temporadas (1997-2000), en las que ganó dos coronas. Entre el 2002 y 2005 fue mánager de los Reales de Kansas City.

Ganó el premio Mánager del Año de la Liga Americana del 2003 y tuvo foja de 198-285 en la gran carpa, antes de unirse a los Yanquis como entrenador de receptores y coach en las últimas cuatro temporadas.

Francisco y T. J. Peña, uno catcher y otro lanzador, pero ambos descendientes del antiguo receptor y manager aguilucho, se convirtieron el año 2009 en la duodécima pareja de hermanos en ser compañeros  de equipo dentro esta exitosa franquicia.

 

Este clan de la familia Peña se inició con Tony  haciendo cofradía por quince temporadas con su hermano Arturo Peña, siendo sin dudas la pareja más relumbrante en la trayectoria del equipo cibaeño.

 

PRIMEROS HERMANOS EN LAS AGUILAS

 

Los primeros hermanos en jugar juntos para el conjunto de las Aguilas Cibaeñas, fueron Julio Cesar y Rafael –Fuche- Imbert, uno como lanzador y otro el jardinero e inicialista novato.

 

Estos debutaron juntos con los cibaeños en la temporada de 1960-61. Este torneo se efectuó exclusivamente con peloteros nativos.

 

Winston – Chilote – Llenas, la principal estrella nativa a principio de la década de los 70, acogió a Gustavito Llenas, uno de sus hermanos menores en la escuadra aguilucha para la campaña 1971-72, celebrando juntos el título de campeón.

 

Una década después formaron pareja los serpentineros villaltagracianos Arnulfo (Nino) y Julio Espinosa lanzando para las Aguilas durante cuatro años, de 1982-83 hasta 1985-86. Los jardineros zurdos Bienvenido y Nelson de la Rosa, se juntaron en el plantel cibaeño en ese primer año (1982-83).

En esos años es que Tony Peña, siendo un estelar catcher en hueste cibaeña, le da la bienvenida su hermano Arturo Peña en la campaña 1983-84.

 

Ellos, ambos inmortales del deporte dominicano, defendieron los colores aguiluchos durante 15 años, una marca insuperable en la liga dominicana para peloteros de la misma estirpe.

 

En 1988-89 se enrolaron en la fila amarilla los puertoplateños Jose y Miguel Román, el primero lanzador y el segundo jardinero, pero pasaron sin penas ni gloria.

 

Dos años más adelante, en la temporada de 1990-91, fue que se encontraron Victor y Omar. El antiguo jugador dirigió a su hijo  siendo un novatito de primer año en la liga. Tras regresar a su puesto de coach de tercera base  compartieron en la cueva hasta su retiro.

 

Ceferino Victor Ramírez murió hace poco tras una prolongada enfermedad. Mientras que su hijo Omar, ya retirado como jugador activo, fue integrado este mismo año al cuerpo técnico de las Aguilas.

Siguiendo un orden cronológico, años más tarde Felix Fermín, en ese entonces campocorto estelar, le dió recepción en el equipo a su hermano Carlos José – Che – Fermín en 1992-93.

 

El Fermín se mantuvo por cinco años como compañeros, llegando incluso a hacer combinación alrededor del segundo cojín, algo sin precedente en la pelota criolla. También Junior, el hijo mayor de Felix, forma parte del cuerpo técnico desde 2007.

 

Cuatro años se mantuvieron en la escuadra cibaeña los Martínez. Jose era lanzador cotizado y Ramón Darío un infielder utilizado mayormente como corredor emergente entre 1992-93 y 1995-96.

 

Más tarde en la campaña 1994-95 le tocó al toletero Mendy López dar la bienvenida a su hermano Andrés, lanzador zurdo que tuvo efímera participación. Andy, actualmente se labora como coach de bullpen de las Aguilas.

 

Los hijos del incomparable narrador Mendy López, que antes figuraron en la nómina de los Toros del Este, emularon esa vez a José Nicolás Sued, catcher que jugó con los cibaeños mientras su padre José Guillermo (JG), era la voz comercial del equipo.

 

Con la llegada del nuevo milenio las Aguilas volvieron tener dos hermanos lanzadores en su fila. El derecho Juan Antonio y el zurdo Juan Francisco Peña, quienes compartieron durante cinco años, desde el 2001-02 hasta 2005-06.

 

En ese mismo período pero acortado a tres años lanzaron los nativos de Altamira, Bartolo y José Colón, el primero se convirtió en un brillante picher de las mayores, ganador incluso de un premio Cy Young, y el segundo se quedó como una eterna promesa del box.

Los hermanos que nunca se juntaron:

 

Danilo y Rolando Rivas, lanzadores zurdos salcedense, vistieron en el final de sus respectivas carreras la casaca mamey pero no coincidieron en el equipo en la temporada de 1976-77 cuando se retiró el mayor de ellos.

 

Los nativos del populoso sector de Pueblo Nuevo, los jardineros Tomás y Virgilio – Chiqui- Silverio, no pudieron juntarse ya que el Maestro recientemente inmortalizado, se retiró un año antes del debut de su  fráter menor en 1982-83.

 

José (lanzador) y Angel – Pollito – González (infielder), también de la Bahía de Pueblo Nuevo, nunca coincidieron en uniforme de las Aguilas. Angeles figura en el reducido grupo de cinco que han bateado 400 en la pelota dominicana

 

Mientras que lanzadores puertoplateños Jhonny (zurdo) y Pedro Julio – Chory- Guzmán (derecho), estuvieron separado por una década en el tiempo.

Eso también sucedió con los ídolos del ensanche Bolívar, Samuel y Simeón Mejía, que se quedaron con el sueño de ser compañero en la cueva aguilucha.

 

Manuel Furcal, lanzador zurdo que milito brevemente con las Aguilas a principio de los 90, no pudo esperar por la presencia de su hermano, el hoy estelar torpedero de grandes ligas Rafael Furcal.  Los Mayimbito  son nativos Loma de Cabrera.

Rafael toda la vida será recordado por “Furcalazo”, un jonrón dramático que  pegó contra Licey para ayudar hace un par de temporadas a los cibaeños a la conquista del título número 20.

 

Esa relación de consanguinidad, siempre ha creado dentro de la morada aguilucha un ambiente de fraternidad,  generando de paso esa armonía y mística ganadora.

 

La conquista de las primeras 22 coronas, siendo los primeros en llegar a veinte, logrando diez de ellas en diecisiete campeonatos,  fueron en parte, resultados de la marcada influencia familiar que ha  favorecido a la causa del equipo.///

 

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