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Por la muerte de mi hermana Mary

Me negué todo el tiempo a mirar mi hermana en esas condiciones, No solo porque recordaba a mi hija Vianka, que también murió, pero de un cáncer renal, hace un año, sino porque no tenía valor.

Mary García Veras. Fuente Externa

Héctor García

Luego de varios meses postrada en una cama, fruto de un cáncer cerebral, pereció el sábado en Villa González, Santiago, mi hermana menor, María Idalia García Veras.

Me negué todo el tiempo a mirar mi hermana en esas condiciones, No solo porque recordaba a mi hija Vianka, que también murió, pero de un cáncer renal, hace un año, sino porque no tenía valor.

Finalmente lo acepté y horas después, mi hermana falleció. Parece que esperaba solo mi presencia.

Sin tener tema para escribir, porque “tengo las alas rotas”, encontré en mi biblioteca, un poema titulado “Y tuve que aceptar”, escrito por una pensadora y Palarmentaria Alemana.

Este poema es lo más hermoso que he leído… me dejó sin palabras que no sé nada del tiempo…Que es un misterio para mí y que no comprendo la Eternidad.

Tuve que aceptar, que mi cuerpo no sería inmortal. Que él envejecería y un día se acabaría.
Que estamos hechos de, recuerdos y olvidos; Deseos, memorias, residuos, ruidos, susurros, silencios, días y noches, pequeñas historias y sutiles detalles. Tuve que aceptar que, todo es pasajero transitorio. Y tuve que aceptar, que vine al Mundo para hacer algo por él, para tratar de dar lo mejor de mí para dejar rastros positivos
de mis pasos antes de partir.

Yo tuve que aceptar, que mis padres no durarían siempre y que mis hijos poco a poco escogerían su camino y seguirían ese camino sin mí y tuve que aceptar, que ellos no eran míos, como suponía, y que la libertad de ir y venir es también un derecho Suyo. Yo tuve que aceptar, que todos mis bienes me fueron confiados en préstamo, que no me pertenecían y que eran tan fugaces como fugaz era mi propia existencia en la tierra.

Y tuve que aceptar que, los bienes quedarían para uso de otras personas cuando yo, ya no esté por aquí. Yo tuve que aceptar, que barrer mi acera todos
los días no me daba garantía de que era propiedad mía y que barrerla con tanta constancia sólo era una fútil ilusión de poseerla.

Yo tuve que aceptar, que lo que llamaba “Mi casa” era sólo un techo temporal, que un día más, un día menos sería el abrigo terrenal de otra Familia. Y tuve que aceptar que, mi apego a las cosas, sólo haría más penosa mi despedida y mi partida.

Yo tuve que aceptar, que la vida continuaría sin mí y que al cabo de un tiempo me olvidarían. Humildemente confieso, que tuve que librar muchas batallas para aceptarlo. Y tuve que aceptar que, no sé nada del tiempo. que es un misterio para mí, que no comprendo, la eternidad y que nada sabemos sobre ella.

Tantas ¡Palabras escritas, tanta necesidad de explicar, entender y comprender este mundo y la vida que en él vivimos!
Pero me rendí y acepté lo que tenía que aceptar y así dejé de sufrir. Todo es transitorio y funciona mientras estemos aquí en la Tierra.

¡Eso me hizo reflexionar y aceptar, y así alcanzar la Paz tan soñada!

1 Comment

1 Comment

  1. Carmen Rojas

    mayo 3, 2022 at 3:19 pm

    Waoo sin palabras la Realidad de Nuestro pasô por la Tierra en un poema !! Si es la eterna verdad de Nuestro Mundo Terrenal

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