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Siempre con la Verdad

Mohammad Ali un adiós al más grande en 2016

Este trabajo se publicó a raíz de su fallecimiento en 2016 y lo reproducimos en ocasión de su Natalicio en 1942 hace 81 años.

Quizás el momento más impactante para quienes se acostumbraron a verlo desafiante ante sus contrarios, fue el 19 de julio de 1996, cuando encendía con manos inseguras y temblorosas el pebetero de los Juegos Olímpicos de Atlanta. Fuente Externa.

Por Ramón Rodríguez

El 3 de junio del 2016 ya está registrado como una de las efemérides más tristes en la historia del deporte mundial. Uno de los corazones más indomables había dejado de latir, arrebatándonos al hombre físico y desbrozando un espacio infinito al surgimiento del mito, la leyenda: Mohammad Ali.

Mohammad Ali recibió los primeros gritos del aurora un 17 de enero del 1942 para ser bautizado con el nombre de Cassius Marcellus Clay, nombre que cambiaría en el 1964, tras su conversión religiosa.

Para emitir juicios certeros sobre la colosal figura de uno de los atletas más grandes de todos los tiempos, estamos compelidos a analizarlo en su contexto histórico, que fue una sociedad norteamericana convulsionada por conflictos sociales y una lucha feroz por lograr conquistas de derechos civiles, liderada por figuras de la dimensión de Martin Luther King jr. y Malcolm X.

El joven Ali no pudo sustraerse de esa realidad, pues muy poco le importó a sectores sociales racistas que el joven estadounidense conquistara una medalla olímpica en los Juegos de Roma con sólo 18 años de edad, ya que aún así, le privaron del derecho de asistir a lugares públicos de su preferencia.

El joven Ali, de cuerpo fornido, rostro atoronjado y ojos saltones que parecían brotar de su cara, tuvo que enfrentar las más crueles humillaciones raciales, pero tenía una meta definida: quería ser el más grande boxeador de la historia.

El mundo del boxeo y el deporte en sentido general no habían producido una figura tan carismática. Todo lo hizo con pasión, amor, consciente de que tenía un compromiso social que trascendería el aspecto meramente deportivo y por eso siempre estuvo al lado de las causas más nobles, como en 1967, cuando se negó a enrolarse en el ejército para combatir en Vietnam, aludiendo que en ese lugar nadie le llamaba Nigger, una manera desdeñosa de llamar a los negros.

Alí pagó caro su firme postura. Fue condenado a 5 años de cárcel y se le despojó de su licencia de boxear, pero no lograron que el joven afroamericano se retractara de una decisión que luego aplaudiría una sociedad norteamericana más consciente. Nada humano le fue ajeno a este hijo de América. El mundo siempre le agradecerá, que en el año de 1990 viajó a Irak para salvar las vidas de algunos rehenes norteamericanos en poder del régimen de Sadam Hussein. El líder iraquí no tuvo más opción que ceder ante la icónica figura del legendario boxeador.

La vida de Mohamamad Alí está cubierta de luces y sombras, pues como decía el apóstol cubano José Martí, hasta el propio sol tiene sus manchas. La mayoría de quiénes han escrito sobre la vida de ese hombre irrepetible, sostienen que el momento de mayor trascendencia en su carrera, lo constituye el enfrentamiento que sostuvo con el campeón mundial Sonny Liston.
El 25 de febrero del 1964, Ali tuvo la oportunidad de abrazar la gloria y catapultar su carrera, pero lo hacía frente a un contrincante que había pulverizado a sus contrarios y se daba por hecho, no sólo de que vencería a Alí con facilidad, sino de que podría encarar una tragedia por la inexperiencia del todavía llamado Classius Clay frente al poder demoledor del hijo de Arkansas: Sonny Liston. Mohamamad Ali innovó en este combate la forma de hacer publicidad.

Habló hasta por los codos. Se burló de Liston, lo llamó oso feo, lo ridiculizó y logró acaparar la atención mundial. Al llegar el momento de la verdad, ocurrió lo inesperado, inverosímil, inexplicable, impensable, impactante: Alí esculpió la anatomía de Liston y éste no pudo iniciar el séptimo asalto, diciendo mucho antes que Roberto Durán: “’No more”, No más.

El segundo combate es historia conocida: Alí necesitó sólo 1 minuto y 44 segundos para anestesiar a Liston. La prensa mundial mostraba fotografías de un Ali eufórico, pidiéndole a Liston que se levantara a pelear. Ese lunes 25 de mayo del 1965, el discípulo de Angelo Dundee se consagraba como un fenómeno del boxeo que inauguraba una nueva época, haciendo uso en la práctica de un concepto que desarrolló el genio de la administración Peter Drucker: La innovación. Alí fue un verdadero innovador.

Días crepusculares

Mohammad Alí fue diagnosticado con el mal del Parkinson en 1984, aunque había confesado públicamente que años antes había sentido los síntomas de esta enfermedad neurodegenerativa. Nunca se amilanó y aún enfermo, siempre mantuvo una agenda de trabajo en beneficio de los seres humanos.

Quizás el momento más impactante para quienes se acostumbraron a verlo desafiante ante sus contrarios, fue el 19 de julio de 1996, cuando encendía con manos inseguras y temblorosas el pebetero de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Esas mismas manos que temblaban, fueron las mismas que como un relámpago golpearon sin cesar a Floyd Patterson mientras le gritaba a sus oídos “tonto, dime, cuál es mi nombre”.

Cada 3 de junio el mundo del deporte y los seres humanos que aman la libertad, harán un alto en el camino para recordar con veneración a uno de los hombres más grandes: Mohmmad Ali. Y así será, no solamente por sus grandes victorias en el cuadrilátero, sino, por su magnanimidad, solidaridad, cariño a los niños y su plena conciencia, de que el mundo siempre necesitará de seres humanos capaces de amar y luchar por la paz.

Más que su impresionante récord, el nombre de Alí será de importancia para la humanidad, porque transmitió valores positivos. Porque fue digno, magnánimo, orgulloso de su origen afroamericano y finalmente, porque fue motivo de inspiración para miles y miles de niños y jóvenes que practicaban el boxeo en los lugares públicos, diciendo: Yo soy Mohammad Alí, mientras el otro le respondía. No, no, no, yo soy Mohammad Alí.

EN NÚMERO

56
Victorias
Fue el récord ganador de Alí, con 37 nocaut
y ganó 19 por decisión. Perdió 5 combates, pero incluso los médicos que le dieron el visto bueno para subir al ring ante Larry Holmes y Trevor Berbick,
sabían que ya no estaba en condiciones de enfrentarlos. Con Berbick hizo la última pelea
el 11 de diciembre de 1981. Joe Frazier, Ken Norton y Leon Spinks están en la lista de los que le derrotaron.

UN APUNTE

Memorable momento

El gran Mohammad Alí vivió momentos esplendorosos. La noche del 31 de octubre del 1974 registra una de sus grandes hazañas al noquear en el octavo asalto al temible boxeador George Foreman, en Zaire, actual República Democrática del Congo.

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