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Efemerides Rafael Baldayac

¡Increíble¡ 110 asaltos en la pelea más larga en la historia del boxeo

Dos pesos ligeros disputaron la pelea más extenuante de la historia: Andy Bowen vs. Jack Burke. Combatieron durante toda una noche y el árbitro temiendo que murieran en el ring, detuvo el duelo y decretó un empate protagonizando así el combate más largo de la historia, que casi acaba con sus vidas.

Por Rafael Baldayac

EFEMERIDES ESPECIAL 06 DE ABRIL 1893:

 

¿Se imaginan intercambiar golpes y artimañas durante 110 rounds y en pie por 7 horas y 19 minutos? Pues créalo que le cuesta. Ocurrió un dia como hoy más de siglo.

 

Los peleadores Jack Burke y Andy Bowen subieron al ring del Olympic Club en New Orleans un jueves 6 de abril de 1893  y jamás contemplaron la idea de que bajarían del encordado un día después con las muñecas fracturadas y exhaustos, completamente agotado físicamente en una pelea por el título sureño de los Estados Unidos.

 

Burke pasaría a la historia de forma accidental, ya que ni siquiera estaba contemplado para enfrentar a Bowen, pero salió al quite para no tener que cancelar la contienda, ya que era difícil en ese entonces conseguir la aprobación de las autoridades para organizar carteleras de boxeo.

 

Esa noche del 6 de abril de 1893 los espectadores acudieron al Olympic Club, uno de los escasos rings con sede fija del país ya que pocas ciudades permiten el pugilismo legalmente, para disfrutar de una pelea entre dos pesos ligeros que terminaría por la vía rápida.

 

Allí dentro, algunos sacan sus petacas cargadas de whisky ante la imposibilidad de adquirir alcohol en el recinto al estar prohibida su venta.

 

Cuando los narradores anunciaban que en unos instantes Andy Bowen y Jack Burke saldrán a pelear por el título de pesos ligeros del sur de Estados Unidos, lo que no sabían los allí presentes es que serían testigos del combate más largo de la historia del boxeo.

 

Sonó la campana inicial y el pleito arrancó como cualquier otro: ambos peleadores danzando mientras intentaban descifrar cómo conectar sus mejores golpes. Bowen parecía llevar la ventaja gracias a su fortaleza física, pero en el round 25 estuvo cerca de ser doblegado.

 

Transcurrieron los minutos hasta llegar al round 50 y los estragos físicos empezaron a ser evidentes. El ritmo de pelea había decaído significativamente a tal punto que la gente en las gradas ni siquiera tenía energía para abuchear o animar a sus preferidos.

 

Se dice que para la parte final de la contienda, un sector del público comenzó a retirarse del recinto. Otros se acomodaron como pudieron para dormir un poco. Unos más se presentaron tarde al espectáculo, pues el trabajo y las deudas, siendo jueves, no daban cabida a distracciones.

 

LOS PROTAGONISTAS


En un rincón del ring, “Texas” Jack Burke, 24 años, peso ligero, nacido en Chicago pero residente en Galveston, en el estado de Texas. En el opuesto, Andy Bowen, 26 años, peso ligero, nacido y residente en Nueva Orleans, lugar del combate. Ambos rondaban los 59 kilos de peso.


Burke se rompió todos los huesos de sus manos y a punto estuvo de dejar el boxeo después de aquella velada. Después de 111 asaltos, el árbitro, John Duffy, suspendió el combate ya que el cansancio y los golpes hacían imposible que aquellos tipos continuaran boxeando.

 

Los púgiles saltan al modesto ring ante el jaleo de cerca de 8.000 espectadores. A un lado Andy Bowen, nacido en Nueva Orleans y con un peso de 129 libras.

 

 «Iron», como era conocido por su dureza, no sentía la presión de estar ante su gente y tener que enfrentarse contra la segunda opción, ya que el oponente con el que se las tenía que ver se echó para atrás a última hora.

 

Al otro rincón del ring «Texas» Jack Burke, nacido en Chicago y con un peso de 130 libras. Era el entrenador del púgil que se arrepintió, pero él no se amilanó y se enfundó los guantes para dejar el pabellón alto. Hechas las presentaciones suena la campana y empieza el baile sobre la lona.

 

LA PELEA INTERMINABLE

 

Burke empieza la pelea golpeando fuerte e imprimiendo una gran intensidad al combate. Bowen se mueve rápido sobre el ring evitando los golpes de su oponente. Pasa un asalto tras otro hasta llegar al número 25 en el que «Texas» Burke lanza un ataque sin piedad contra «Iron» Bowen que se tambalea sobre el piso.

El de Chicago roza la victoria pero el local ante los ánimos de sus parroquianos logra reponerse. Sigue un asalto tras otro y llegamos al número 48. Bowen parece recuperado y toma el control de la pelea.

 

El recinto ruge ante los puñetazos de «Iron». Burke se arrastra hacia la derrota pero la campana suena y logra salvarlo de oler el polvo. Los rounds se siguen sucediendo ante la mirada atónita de los espectadores.

 

Llega la medianoche y decenas de los allí presentes abandonan el recinto cansados mientras que otros simplemente se quedan dormidos. Otros continúan atentos a la contienda y no solo eso ya que corre la voz de la gesta por Nueva Orleans y empiezan a llegar más seguidores que no quieren perderse el evento.

 

Ambos boxeadores deambulan por el cuadrilátero uno en torno al otro soltando golpes desacertados. Burke realiza una finta y suelta un puñetazo fallido, nota que algo va mal en sus manos.

 

«DOS ASALTOS MÁS O MORIRÉIS»

 

El desgaste era evidente en el rostro de ambos contendientes pero el coraje y el orgullo por conseguir la victoria eran más fuertes que cualquier daño físico. Comienza el round 108 y entra en escena John Duffy, árbitro de la contienda, para determinar que si seguían peleando acabarían con sus vidas con lo que se decreta que tienen dos rounds más.

 

El KO no llega y tras 110 asaltos, 7 horas y 19 minutos peleando Duffy da por finalizado el combate. Dictamina un “no contest”  (sin resultado) pero aquel veredicto significa que se tiene que devolver el importe de la entrada a los espectadores.

 

Rectifica y finalmente se acuerda un empate para que los púgiles puedan repartirse a partes iguales la bolsa de 25.000 dólares obtenida esa noche.

 

UN COMBATE PARA LA HISTORIA

 

Los allí presentes empiezan a abandonar el Olympic Club mientras que los boxeadores bajan del ring. Burke confirma que realmente algo iba mal en sus manos, tiene rotos huesos en ambas.

Salió directo del recinto a una cama donde permanecerá postrado incapaz de levantarse las siguientes seis semanas y replanteándose una retirada que finalmente no se producirá. Bowen exhausto y ensangrentado se marcha con sus ganancias.

 

Volverá a subirse a un ring dos meses más tarde para disputar un combate de 85 asaltos, uno de los últimos antes de morir un año después en su pelea número 27 a los 27 años tras recibir un golpe en la cabeza.

 

Burke viviría unos años más, hasta los 44 cuando falleció en el  Hospital Mublenberg a consecuencia de las lesiones que tuvo en un accidente de tráfico. Sus vidas terminaron a temprana edad pero seguro que en algún lugar continúan peleando en aquel combate eterno que cambió las reglas.

 

¿PORQUE SE PELEO SIN LIMITE EN EL RING?

 

Cuando el boxeo dejó de ser una carnicería para convertirse en un deporte, cortesía de las reglas del Marqués de Quensberry, costó un tiempo adaptarse al nuevo orden. Había guantes y un tiempo de pelea y de descanso reglamentados pero no se estableció ningún límite en el número de asaltos.

 

Algo que se replanteó después de la lucha sin cuartel que enfrentó a los pesos ligeros, Andy Bowen y Jack Burke, por el título del Sur de EE.UU., en el que sería el combate más largo de la historia.

 

New Orleans era en 1893 una de las pocas ciudades que permitía legalmente el pugilismo. Eso sí, con ciertas condiciones: no se podía servir alcohol al público (que a menudo lo traía consigo en una petaca), una parte de la recaudación debía destinarse a caridad y no se podía programar combates en domingo.

 

Era la ciudad natal de Bowen y además tenía uno de los escasos rings fijos del país, en el Olympic Club.

 

Andy Bowen tenía previsto medirse a otro rival pero éste finalmente se echó atrás; Burke fue la segunda opción y el destino aún se está riendo de la jugarreta que les hizo a ambos. Entraron en el cuadrilátero el jueves 6 de abril.

Y hechas las presentaciones, sonó la campana y comenzó la lucha. ¿Apuestas? Seguro que muchos apostaron por Bowen y algunos por Burke, pero seguramente nadie apostó a que aquellos dos tipos estarían dándose mamporros y bailando sobre la lona durante 7 horas y 19 minutos. Amigos, este fue el combate más largo de la historia del boxeo.

Ninguno de los dos podía imaginar que no saldrían de él hasta el viernes 7 tras una pelea titánica que, si bien les convirtió en héroes, casi acabó con sus carreras y sus vidas.

 

Burke arrancó la lucha con intensidad, exigiendo a su rival lo mejor de su repertorio. Pero Bowen, cuyo apodo era ‘Iron’ (hierro), no era fácil de doblegar.

 

Se sobrepuso a un ataque sin cuartel en el asalto 25 y en el 48º ‘round’ incluso estuvo a punto de ganar cuando la campana salvó a su enemigo. Pasado el asalto 50 ambos oponentes se tenían en pie más por coraje que por resistencia física. Y siguieron así varias horas más. Así recogió la gesta de Bowen y Burke un rotativo de Philadelphia

 

En algún momento Jack Burke se dio cuenta de que no podía seguir pegando a su rival; más tarde averiguaría que se había roto todos los huesos de las dos manos de tanto atizar a Bowen.

 

Pese a ello, continuó: su oponente se sentía tan exhausto como él aunque ninguno estaba dispuesto a rendirse en un duelo de testarudez pura.

 

Llegados a este punto era una batalla entre dos zombis. Pasó la medianoche y decenas de espectadores se marcharon a casa; otros dormían y unos pocos seguían atentos a la interminable lucha de voluntades que se desarrollaba en la lona; otros iban llegando al recinto porque se había corrido la voz de aquel pulso memorable.

 

Los púgiles giraban uno en torno a otro, se amenazaban, amagaban algún golpe que ya ni siquiera se acercaba a su objetivo.

 

Estaban más allá del agotamiento: cuando al finalizar el combate les pesaron, Bowen y Burke habían perdido casi cinco kilos cada uno respecto al inicio, alrededor de un 10% de su peso corporal.

 

Tras 108 asaltos, el árbitro John Duffy se dio cuenta de que aquello podía incluso matarles. Les advirtió que les daba dos ‘rounds’ más y que, de no mediar un KO, pondría fin a la pelea.

Ni Bowen ni Burke fueron capaces de levantar un brazo y, en el asalto nº 110, tras 7 horas y 19 minutos sin tregua, Duffy dio el combate por finalizado.

 

En principio dictaminó que se trataba de un ‘no contest’ (sin resultado), pero al ver que aquel veredicto podía significar tener que devolver el importe de la entrada a los espectadores lo rectificó como un empate. Asimismo, recomendó que la bolsa (25.000 $) se repartiera a partes iguales entre ambos contendientes.

 

Jack Burke permaneció postrado en cama, incapaz de levantarse, las siguientes seis semanas. Contempló la retirada pero continuó en activo unos años más.

 

Andy Bowen, sorprendentemente, volvió al ring dos meses más tarde, disputando una pelea de 85 asaltos. Al año siguiente murió tras encajar un golpe fatal en la cabeza durante su pelea número 27, precisamente a los 27 años de edad.

 

Es decir que Bowen acabó muriendo por culpa del boxeo, en diciembre de 1894, poco después del combate más largo de la historia. Durante una pelea fue noqueado y el golpe que se dio en la cabeza al caer acabó con su vida.

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