George Dixon/ Fuente Externa

Por Rafael Baldayac
27 DE JUNIO 1890:
Un dia como hoy hace 130 años, el canadiense George Dixon, conocido también como «Little Chocolate», se convirtió en el primer boxeador de raza negra en capturar un título mundial, derrotando el viernes 27 de junio de 1890 al británico Nunc Wallace en pelea por la corona de peso gallo vacante diputada en Londres, Inglaterra.
Dixon queda registrado como pionero en la historia de los campeones mundiales de boxeo de raza negra, tras su resonante victoria sobre el inglés Wallace por abandono.
Muy golpeado y agotado físicamente Wallace arrojo la toalla en el décimo octavo round. El combate estaba pactado a 30 asaltos y se disputó con guantes de cuatro onzas.
George Dixon, tenía velocidad en las manos y era muy rápido también con los pies, sabía golpear fuerte con las dos manos, pero en su mayoría utilizaba la izquierda recta acompañada de un derecho rígido.
Esa noche Dixon sentó un precedente. Alejado de los focos que unas décadas después iluminarían a los Joe Louis, Sugar Ray Robinson o Muhammad Ali, fue el primero en mostrar el camino. Sin embargo, la historia parece no haber reconocido lo suficiente a Little Chocolate.
Abrió camino a campeones mundiales negros
El boxeador canadiense que también sería poco después campeón mundial en el peso pluma, abrió el camino a varios campeones mundiales negros como Joe Gans o Joe Walcott, el boxeo fue un pequeño oasis de libertad, en una sociedad marcadamente racista.

La única excepción que existía para los boxeadores negros era el campeonato mundial del peso pesado. Jack Johnson, en 1909, se saltó esa excepción. Más tarde, en 1937, Joe Louis supuso la completa normalización y aceptación de un negro como campeón del peso pesado.
Si lo comparamos con el resto de deportes profesionales como el béisbol, fútbol americano, tenis o golf, el boxeo ha ido siempre varias décadas por delante.Pese a numerosas injusticias provocadas por el racismo y la segregación existente en la sociedad de la época, el boxeo, a años luz de cualquier otro, siempre fue el deporte de las oportunidades para las minorías más desfavorecidas.
Su carrera en el pugilismo
Uno de esos pioneros del noble arte del pugilismo desde finales del siglo XIX para lo constituye de George Dixon. Hoy se cumplen 130 años de la victoria sobre Wallace… la primera vez que un púgil negro se colgó un título. Tal vez vio la luz demasiado pronto.
George Dixon nació el 29 de julio de 1870 en Africville, una pequeña población canadiense ubicada en la costa sur de Halifax, Nueva Escocia (Canadá).

Su estatura pequeña, apenas 1,60 metros, no impidió que desde bien niño se subiera a los cuadriláteros. Dixon pasó a la historia cuando se convirtió en el primer campeón negro de la historia del boxeo… a pesar de que dos años antes logró un hito incluso mayor.
Empezó a boxear muy joven y con 17 años, el 10 de mayo de 1888, disputó con el neoyorquino Tommy ‘Spider’ Kelly el título mundial de los pesos gallo. Para su desgracia, el campeonato no tenía carácter oficial.
Dixon se hizo con la victoria y se convirtió, siendo aún menor de edad, en el primer campeón negro en cualquier categoría boxística.
Lo realmente extraordinario, más allá de la victoria, es que en aquel momento todavía era menor de edad y que ese título no era oficial, lo fue cuando el 27 de junio de 1890 venció al inglés Nunc Wallace.
Menos de un año después de su triunfo sobre Wallace, Dixon renunció al título, previa defensa exitosa, para comenzar a pelear como peso pluma. La subida de kilogramos no afectó a su rendimiento encima del cuadrilátero.
Justo después, puso en marcha un espectáculo de vodevil con él como principal atracción, y que recorrió Norteamérica.
Dixon comienza a pelear como peso pluma
Dixon que había renunciado al título, previa defensa exitosa, comenzó a pelear como peso pluma. En 1891 ganó su primer título en esta categoría tras derrotar a Carl McCarthy.
Seis reino como campeón absoluto de los pesos plumas. Desde ese año y hasta 1897, nadie pudo arrebatarle el campeonato a Little Chocolate.
En 1897 perdió el título de los pesos pluma ante el californiano Solly Smith y al año siguiente, cayó derrotado ante el inglés Ben Jordan en Nueva York.

Estaba previsto que a finales de 1898 disputara un combate de revancha ante Smith, pero éste cayó derrotado ante Dave Sullivan, que se convirtió en el rival de nuestro protagonista de hoy.
La falta de victorias no minó el espíritu del boxeador canadiense. El 11 de noviembre de 1898, el año en el que España perdió las colonias de Cuba y Puerto Rico, Dixon derrotó en Nueva York al damnificado Dave Sullivan y recuperó el título de campeón del mundo de los pesos pluma.
Con certeza no saben número de peleas
Con el cambio de siglo, perdió el título. Unas fuentes dicen que fue en enero de 1900 ante Terry McGovern, otros que el octubre de 1901 ante Abe Attell. De nuevo, dejó escapar el campeonato. Y ya nada volvió a ser como antes.

Sea como fuere, por aquella época el púgil se trasladó a Boston y posteriormente a Nueva York, pero acabó sumido en la pobreza y murió en la ciudad de los rascacielos el 6 de enero de 1908, con 37 años de edad.
Estaba ahogado en la miseria. Se organizó un torneo benéfico de boxeo para pagar sus deudas hospitalarias. Está enterrado en el cementerio Mount Hope, en Boston.
La cifra contabilizada es de 158 peleas, aunque algunos historiadores sostienen que fueron cerca de 800. Posiblemente con cientos de ellas no registradas.
Según Boxrec, su record profesional fue de 67 ganadas (36 KO`s) 29 perdidas y 50 empates para un total de 151 peleas, aunque se desconoce el número real de combates que disputó.
Su última pelea fue el 10 de diciembre de 1906 ante Monk The Newsboy, combate que perdió por decisión en 15 asaltos. Dixon murió, sin dinero, tres años después de su retiro. Fue enterrado en el Cementerio Mount Hope en Boston, Massachusetts.
En 1956, fue inducido al Salón de la Fama de The Ring en 1956 y al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota en el año de 1990.
Un año antes de aquella prestigiosa distinción, Archie Moore y Rocky Marciano protagonizaron uno de los grandes combates del siglo pasado.
La lápida de Dixon en el cementerio de Mount Hope
La lápida de George Dixon se encuentra en el cementerio de Mount Hope. Entre los barrios de Roslindale y Mattapan, en el sur de Boston, descansa el primer campeón de tez negra de la historia del boxeo.
La mayoría de estos boxeadores que levantaron los pabellones estadounidenses a lo largo del siglo XX son hoy recordados más allá de sus golpes y campeonatos. Trascienden del propio deporte. Se han convertido en símbolos de la sociedad.

La huella de Joe Louis todavía seguía muy fresca en los pabellones estadounidenses. Cassius Clay aún no era Muhammad Ali, pero ya dejaba entrever en los campeonatos adolescentes que gozaba de un talento sobrehumano. Era la época de Sugar Ray Robinson.
Antes de todos estos nombres legendarios, y de todos los que les siguieron, estuvo Little Chocolate. George Dixon es recordado como uno de los mejores boxeadores gallo y pluma de la historia, aunque por encima de todo… como un pionero.
Páginas celebres del pugilismo escritas con tinta oscura.
Con los crecientes números de afroamericanos destacando en el boxeo, comenzaron los títulos importantes. Así fue el caso de Joe Gans, campeón mundial de pesos ligeros en 1902, y Jack Johnson, campeón mundial de pesos pesados en 1908.
Estas victorias le quemaban las entrañas a varios contrincantes blancos, por lo que la respuesta más fácil era la discriminación. El racismo llegó a ser tan descarado que boxeadores blancos se negaban a pelear contra negros simplemente por su color de piel. Figuras destacadas como John L. Sullivan, Jim Corbett y Jack Dempsey se negaron a pelear contra boxeadores afroamericanos. Tristemente, una medida “normal” en ese momento de la historia del boxeo.
Racismo y pugilismo: USA vs. Alemania Nazi
Otra medida atroz eran las peleas arregladas, donde le pedían al boxeador de raza negra que perdiera. Joe Gans fue víctima de esta práctica, casi siempre contra boxeadores blancos de notable nivel inferior.
Por otro lado, cuando el boxeador afroamericano Jack Johnson ganó el campeonato mundial, fue tan acosado por sus detractores racistas que se vio forzado a abandonar EUA.
Pese al ambiente tan pesado que existía desde hace siglos, los afroamericanos continuaron en búsqueda de sus carreras deportivas en el boxeo, principalmente en el periodo de la Gran Depresión.

FOTO: Jack Johnson en pleno asalto/ Philipp Kester/ullstein bild via Getty Images
Todo recuerdan aquel espectáculo que fue más que una simple pelea: USA VS. Alemania Nazi. Pocos años antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, se organizó una pelea.
Era el año de 1936 y los contendientes serían el afroamericano Joe Louis y el alemán Max Schmeling.
No era una simple pelea, se trataba de un evento cargado de simbolismo político y social. La batalla estuvo muy reñida, sin embargo en el round 12 el alemán ganó por nocaut.
Un año después, en 1937, Joe Louis ganó el título mundial de pesos pesados, pero declaró que no se consideraría campeón mundial hasta ganarle en revancha al alemán Max Schmeling.
Y así fue, para 1938 ya se había organizado la pelea y fue vista como un enfrentamiento entre EUA y la Alemania Nazi. Max Schmeling, campeón alemán de todos los pesos lo había derrotado inesperadamente. Fue en el round 12. Y ese triunfo le habría camino para desafiar al campeón mundial James Braddock por el título mundial de todos los pesos.
Cuando Joe Louis noqueó a Hitler en el primer round
La prensa americana hizo mucho revuelo con el duelo entre un afroamericano y un blanco raza aria e incluso los mandatarios de cada país pidieron hablar con sus respectivos boxeadores (Adolf Hitler y Roosevelt).

Joe Louis ganó la batalla, un momento clave para la historia de la democracia afroamericana.
En la primera pelea entre ambos….No, no era posible… ver en la lona al Bombardero de Detroit, no parecía posible.
Venía de ganar quince peleas con 12 nocauts consecutivos. Había fulminado a varios rivales durísimos como el gigante italiano Primo Carnera, el ex campeón mundial Max Baer, el vasco Paulino Uzcudun. Tipos de acero, tremendos peleadores.
En aquella noche calurosa de junio de 1936, el Yankee Stadium –donde juegan los Yankees, pleno Bronx– los casi 57.000 espectadores, intentaron levantar a Joe Louis. Fue imposible: quien sucedía a Jack Johnson como «la esperanza pugilística de los negros», debió escuchar la cuenta de diez segundos.
A las siete de la mañana del 20 de Junio de 1936, horas después del tremendo batacazo en Nueva York, el presidente de la Alemania nazi, Adolf Hitler, convocó de urgencia a su Ministro para la Ilustración Publica y Propaganda del Tercer Reich, el también abominable, Joseph Gobbels.
Hitler, orgulloso y oportunista, le ordenó a Goebbels que convirtiese el triunfo de Max Schmeling, en un símbolo de la «superioridad de la raza aria».
«Debemos sacar provecho de Max, le ganó a un norteamericano y negro, seremos campeones mundiales de todos los pesos». Y la llegada de Schmeling a Berlín mereció tributos militares a la manera del nazismo. Desfile, consignas de superioridad y discursos discriminatorios.
Max Schmeling, el ganador, el autor del hecho, siempre se sintió avergonzado del nazismo y años después, a favor de su fama y prestigio logró ayudar a muchos judíos a huir de la Alemania de Hitler.
Goebbels quería a toda costa que el campeón del mundo, Jimmy Braddock fuera a Alemania a exponer su corona. Un título que había obtenido tras muchos esfuerzos y sacrificios ante Max Baer.

Este humilde campeón del mundo, estibador y muchas veces mendigo en el puerto de Nueva York, con dolorosas lesiones en sus manos, fue bautizado como «Hombre Cenicienta» por el periodista, cuentista y escritor Damon Runyon del New York Jornal American.
Es que para Braddock haberle ganado a Baer era como haber logrado un sueño imposible…
Desde la cárcel de Alcatraz, Al Capone, quien se hallaba cumpliendo una condena de once años por evasión de impuestos, había perdido más de veinte mil dólares apostándole a Joe Louis.
Desde allí le envió un mensaje al manager de Jimmy Braddock: «De ninguna manera irás a Berlín para pelear con Schmeling». Joe Gould, apoderado de Braddock, no solo estuvo de acuerdo.
Más aún, era judío, odiaba al nazismo y sabía además, que jamás le permitirían entrar a Alemania.
Estados Unidos salió de la «Gran Depresión» (1930-1932).
El Presidente Franklin Delano Roosevelt lideró la recuperación económica y las diferentes actividades recomenzaron a impulsar una nueva etapa de esperanzas realizables.
Y los inolvidables héroes o ídolos de nuestra niñez, adolescencia o juventud, comenzaron a gratificar nuestras vidas.



