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El Palenque de Dihigo

Fútbol: La máquina de hacer dólares

El periodista William Safire, del diario “The New York Times” escribió una frase que describe muy bien a la pareja patrocinio-deporte: “El dinero produce mas adicción, incluso que la nicotina”.

Por Gilberto Dihigo

Nada humano me es ajeno

La fiebre del dinero transformó la ingenuidad del fútbol en una calculadora máquina de hacer dólares que – según muchos- aumenta cada vez más su capacidad lucrativa en detrimento del deporte y sus causantes son la FIFA y los patrocinadores, esos alquimistas modernos que hacen oro del calzado, ropa y accesorios deportivos.

El periodista William Safire, del diario “The New York Times” escribió una frase que describe muy bien a la pareja patrocinio-deporte: “El dinero produce mas adicción, incluso que la nicotina”.

Esa dependencia arrastra en un torbellino de intereses económicos a futbolistas, directivos y empresarios, ajenos a la alegría del juego por el juego. Hoy el espectáculo es algo donde solo se aspira a ganar dinero.

Un reconocido ex futbolista argentino, Jorge Valdano dijo ya hace mucho: “La paradoja es que para vender mejor un partido de fútbol se acaba atentando contra el espectáculo”.

Enormes sumas fluyen para algunos deportes, pero principalmente hacia el fútbol, por obra y gracia  del espíritu patrocinador que si bien llegó de invitado, sus visitas graduales se hicieron más frecuentes hasta acabar en ser el dueño y amo de este deporte.

Esa agua dolarizada refresca las gargantas de directivos y jugadores, pero al mismo tiempo les redobla la necesidad de beber más.

Es tal el impacto económico del fútbol que el diario inglés “The Financial Times” creó un  índice bursátil de los valores del deporte cotizados en la bolsa de Londres. Ahí fueron incluidos 20 clubes de fútbol.

La Bolsa de Londres fue pionera en la recepción de equipos de fútbol. La política conservadora de Gran Bretaña en la década de los ochenta y a principios de los noventa por la mano de Margaret Tatcher y John Mayor, permitió que los clubes de fútbol ingleses pudieran entrar en la Bolsa de acciones.

El primer club inglés en penetrar bajo el signo de los mercados fue el “Totthenham Hotspurt” en 1983, le siguió el Manchester United que salió a bolsa en junio de 1991 con 74,41 millones de euros de capitalización, bajo el nombre de las siglas MNU.L. 

En 1997, 15 clubes (el Aston Villa, que partió con 200,18 millones de euros; el Chelsea; el Birmingham; el Leeds United,…) y dos más, que estaban a punto de hacerlo, ya cotizaban en bolsa. Algunos clubes cotizan en LSE (London Stock Exchange) y otros en AIM (Alternative Investment Market). 

El artífice de esa evolución del fútbol en una poderosa empresa comercial, fue el brasilero Joao Havelange, ex presidente de la FIFA, que convirtió a la federación deportiva en una multinacional que vende su producto a todos los niveles y mueve de manera anual millones de dólares bajo la pragmática sentencia de que el fútbol es un producto y la FIFA una empresa.

Solo para comprender las cifras millonarias, el Mundial de fútbol, celebrado en Sudáfrica en el 2010, consiguieron ingresos por estimados de 3, 200 millones de dólares por concepto de mercancías y derechos de transmisión y esas cifras continúan elevándose. 

 EL certamen del orbe celebrado en los Estados Unidos en 1994, pese a las críticas de que el país de George Washington y Abraham Lincoln no tenía tradición, resultó un próspero negocio, ya que el Comité Organizador recaudó 275 millones de dólares y fueron vendidos 210 millones de dólares en boletos de entradas  con una tele audiencia de 32 mil millones de personas en todo el mundo.

Desde que las firmas comerciales  descubrieron que, ni el mítico cuerno de la abundancia derrama tanto beneficios como el deporte, cuando consiguen ser patrocinadores de equipos o atletas, la lucha por conquistar ese mercado es amplia, desgarradora, sin cuartel.

Durante el Mundial de Francia-98, una empresa colombiana de teléfonos celulares ofrecíó un millón de dólares en lingotes de oro si Colombia conseguía clasificar.

La clave para encontrar las llaves que abren este nuevo mundo de negocios donde se gana miles y millones de dólares se encuentra en una expresión novedosa: mercadeo deportivo.

Los autores del texto Marketing Deportivo (2004), Gerardo Molina y Francisco Aguiar, aseguran que “la esencia del mercadeo deportivo es la capacidad de interpretar la evolución permanente del deporte para crear valor, entusiasmar y provocar deseos que puedan ser saludados por los consumidores en el marco de su nueva ubicación social”, indica el texto.

Gracias a ese nuevo enfoque mercantil hacia el deporte aparecieron figuras de un gran alcance mundial por sus rendimientos deportivos como Michael Jordan o Tiger Woods, quienes avalan diferentes marcas que van desde bebidas energéticas, ropa deportiva y alimentos, hasta material tecnológico y por supuesto calzados deportivos.

Las carreras de fórmula uno representan también otro importante filón de dinero, ya que convocan a una audiencia televisiva de cerca de 300 millones de espectadores en más de 200 países.

Escuderías como Ferrari, por solo mencionar esa marca, poseen presupuestos que sobrepasan los 450 millones de euros por temporada. De igual manera patrocinadores del estilo de Shell y Phillips Morris contribuyen con cerca de 250 millones de dólares, para que exhiban sus respectivos logos en las costosas carrocerías.

Años atrás la consultora internacional Deloitte& Touche Division Corporate Finance elaboró un interesante informe con los datos del Mundial de Fútbol del 2006.

Según el reporte, el negocio del fútbol es la 17 economía del mundo al movilizar de manera anual 500 mil millones de dólares y con 240 millones de jugadores pertenecientes a 1.5 millón de equipos afiliados en forma directa o indirecta a la FIFA.

 «Haciendo un análisis macroeconómico, sólo 25 países producen anualmente un Producto Bruto Interno mayor que la industria del fútbol en su conjunto», afirma el informe.

 Los negocios en el deporte llegaron para quedarse, sobre todo por el generoso derrame de dinero con el que inunda a todos aquellos que comparten este pastel. Ya no hay reglas claras en esta carrera por ganar más y no es raro a fin de cuentas, ya el pequeño corso Napoleón lo advirtió: “No hay leyes posibles contra el dinero”.

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