
Por Rafael Baldayac
EFEMERIDES ESPECIAL 13 DE JULIO DE 2007:
El viernes 13 de julio de 2007, hace hoy 13 años, un empleado que trabaja en la construcción del nuevo estadio de los Yanquis enterró una camiseta de David Ortiz, con el fin de crear una nueva maldición.
Sin embargo, todo fue frenado cuando las autoridades rompieron ese lugar la mañana del lunes 13 de abril de 2008 y sacaron la camiseta de David. En el béisbol se cree en todo. Un viernes 13 de lo que comenzó como un relajo se convirtió en una realidad.
En Nueva York todo el mundo reaccionó sorprendido, algo que debió pasar en Boston. El diario NY Post reveló que el empleado Gino Castignoli, de 46 años, fue quien enterró la camiseta de David, ese viernes 13 de julio de 2007.
Los Yanquis donaron esa camiseta a una organización para fines benéficos. Pero el 24 de abril de 2008, 12 años después, fue subastada en US$175,100.
Las supersticiones existen desde tiempo inmemoriales y forman parte del béisbol como cualquier otra utilería básica como la bola, el bate y el guante. La presencia del 13 en el mundo de la superstición no escapa a esta actividad.
Supuestamente el empleado Castignoli sabía que un viernes que caiga en el día 13 de cualquier mes se considera un día de mala suerte.
Conducta muy practicada en las culturas anglosajonas.
La Maldición del Big Papi
¿Yankees tiene una maldición y David Ortiz tiene que ver? ¿El nuevo Yankee Stadium está maldito?

La Maldición del Big Papi ¿Yankees tiene una maldición y David Ortiz tiene que ver?
Los Yankees de Nueva York inauguraron el nuevo Yankee Stadium para la temporada 2009, año en que curiosamente su última Serie Mundial y desde entonces no han vuelto siquiera a disputar el Clásico de Otoño, siendo los 2010’s la única década desde hace 100 años en la que los Yankees no llegan a la última instancia.
Curiosamente, puede que los Red Sox hayan aplicado la Maldición del Bambino contra los Yankees pero a la inversa ¿Pero cómo? Resulta que durante la construcción del nuevo Yankee Stadium, un trabajador en la construcción del parque y fan de los Red Sox, Gino Castignoli, secretamente enterró un jersey de David Ortíz bajo poco menos de un metro de concreto, con la esperanza de «maldecir» a los Yankees y su nueva casa.
Desafortunadamente para Gino y los Red Sox, los Yankees ganaron su campeonato 27 en la temporada inaugural del estadio, pero desde entonces, al parecer la maldición parece estar surtiendo efecto, ya que desde aquel 2009, los Bombarderos del Bronx han fallado una y otra vez para llegar a la Serie Mundial, mientras que Boston ha ganado 2 campeonatos en ese lapso.
El 24 de abril de 2008, hace 12 años, fue subastada en US$175,100 la famosa camiseta de David Ortiz, enterrada en cemento fresco en el Yankee Stadium por el trabajador de la construcción Gino Castignoli, un aficionado de los Red Sox originario del Bronx, buscando maldecir a los Yankees.
La fobia a los viernes 13 se llama collafobia siendo una forma espeluznante de supersticiones. Los estudiosos de las supersticiones, indican que el temor al viernes 13, se debe principalmente a una serie de hechos histórico en concreto.
Estos incluye que desde la antigüedad fue considerado como de mal augurio ya que en la Última Cena de Jesucristo, trece fueron los comensales; la Cábala enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas; en el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia.
La intención? crear una nueva maldición
Las llamadas “maldiciones” que persiguen a algunos equipos son la punta de un iceberg de miles de supersticiones que rodean a quienes juegan y disfrutan de ver el béisbol.

El final de esa historia fue así: Como se trataba del entierro de una camisa de los Medias Rojas con la intención de crear una nueva maldición, los ejecutivos Yankees prefirieron romper dos pies de concreto y gastar cinco horas de trabajo en conseguir la “maldita” camiseta, que dejarla allí.
La noticia de la “exhumación” del jersey con el No. 34 de David Ortiz que había sido enterrada por el trabajador y fanático de Boston, Gino Castignoli, captó la atención de los medios de la gran ciudad… ¡ya si no!
El efecto maligno de la camiseta se esfumo totalmente ya que los Red Sox sumaron tres nuevos títulos mundiales a partir de entonces. El primero, precisamente, hace 13 años, en el 2007, cuando los Red Sox barrieron a Rockies de Colorado con la actuación de Mike Lowell.
Y como el 13 persigue a Boston, ellos volvieron a ganar en el 2013, curiosamente con el bate del número 34, el dominicano David Ortiz, declarado Jugador Más Valioso de la serie donde superaron 4-1 a Cardenales de San Luis.
Hace dos años, en 2018, los bostonianos conquistaron su cuarto título desde el rompimiento del “maleficio” venciendo a los Dodgers de Los Angeles en cinco partidos. Cuando en los años 70´s los jugadores de los Atléticos de Oakland “sintieron” que con pelo largo, barba y mostachos todo les iba a ir muy bien, ¡lo que así fue porque fueron tricampeones!
Ellos ganaron la Serie Mundial en 1972 contra Cincinnati, 1973 ante Mets de New York y 1974 frente a Dodgers de Los Angeles. Gene Tenace, Reggie Jackson y Rollie Fingers fueron los jugadores más valiosos de esas series.
Todavía podemos observar a lanzadores que no se rasuran antes de lanzar o bien en ciertos periodos de la temporada porque creen que “eso les dará fuerza y suerte”… o quienes jamás prestan su bate por temor a cortar sus rachas ofensivas.
Quizá usted alcanzó a ver cuando en una final la mayoría los jugadores de los Astros de Houston “lucían” barbas al estilo Chuck Norris: nadie se la quería afeitar para no traer mala suerte.
Vendida!! Pagan 175.000 por camiseta del «maleficio»

La camiseta de David Ortiz que alegadamente sirvió de maleficio fue subastada el 24 de abril de 2008 por un total de $175.000 para fines benéficos.
La camiseta de los Medias Rojas depositada secretamente en el nuevo Yankee Stadium como una maldición alcanzó ese dia el precio de 175.100 dólares en una subasta de beneficencia.
El precio fue la más alta oferta de entre 282 pujas por la camiseta con el 34 del dominicano Ortiz, que los Yankees desenterraron de medio metro de concreto a comienzos del mes.
Los fondos fueron donados a la Fundación Jimmy, una organización sin fines de lucro, vendió la camiseta pero no reveló el nombre de su nuevo propietario, luego de que la subasta de una semana cerrara en el sitio de internet eBay.
El comprador, cuyo nombre aparecía en los registros como 2004carman, no dio respuesta a un correo electrónico que se le envió para conocer su opinión.
Junto con la camiseta recuperada se le entregarán dos boletos para un partido de los Medias Rojas y una camiseta nueva de Ortiz.
Mike Andrews, el presidente de la Fundación Jimmy, y ex intermedista de los Medias Rojas, declaró que la fundación estaba «completamente asombrada».
«Estamos muy agradecidos con nuestro generoso comprador, y declaramos nuestra profunda gratitud a los Yankees de Nueva York y a los Medias Rojas de Boston por unirse en la lucha contra el cáncer», señaló en una declaración.
El trabajador de la construcción Gino Castignoli, un aficionado de los Medias Rojas originario del Bronx, hundió la camiseta en cemento fresco buscando maldecir a los Yankees.
El equipo encontró la camiseta después de recibir información de un grupo de soplones que permaneció en el anonimato. Los Yankees decidieron donarla a la Fundación Jimmy, la organización no lucrativa de los Medias Rojas es filial del Instituto Dana-Farber de Cáncer en Boston.
Los Yankees están bajo efecto maligno?
Los Yankees, establecido en Nueva York en 1903 con el nombre de New York Highlanders, y que adoptó el nombre de Yankees diez años después, es la franquicia más ganadora en la historia del deporte profesional norteamericano. En su palmarés figuran un total de 27 Series Mundiales, 40 banderines de la Liga Americana y 19 títulos divisionales, todos récords de la MLB.
Sin embargo los Yankees no han podido ganar desde hace 11 años. Fallaron a llegar a los playoffs en las temporadas de 2013, 2014 y 2016, e incluso en años consecutivos se perdieron en la postemporada ante equipos que está confirmado hicieron trampa en su camino a la Serie Mundial, cómo lo fueron los Astros en 2017 y los mismos Red Sox en 2018.

Además, en las últimas temporadas los Yankees han batallado masivamente con las lesiones, particularmente la temporada 2019.
El equipo el año pasado rompió el récord de todos los tiempos de jugadores enviados a la lista de lesionados, y para el 2020 en caso de que se juegue, ya tiene bajas muy importantes que purgar.
Realmente ¿Existe la Maldición del Big Papi?
Creencia en fuerzas invisibles y desconocidas…
Ya sabe usted: A las supersticiones se les considera una creencia o práctica que por lo general se dan como un hecho irracional, muchas veces resultado de la ignorancia o el miedo a lo desconocido.

Una creencia que implica a fuerzas invisibles y desconocidas la energía sobre las que es posible influir a través de ciertos objetos o ritos.
La Real Academia de la Lengua Española resume el término cómo: Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón; fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo. Además define al supersticioso como aquel que cree en la superstición y lo relaciona con el culto que se tributa indebidamente.
Lo cierto es que quizás ninguna disciplina deportiva tenga tantas cábalas como el béisbol. Es uno de los deportes que más cábalas presentan antes o durante cada partido. Todos tienen un solo fin, encontrar suerte. Enrique Rojas, Ricardo Rojas, Edwin Vázquez, Bienvenido Rojas entre otros colegas, ¡cuántas muchas de estas supersticiones.
Interesante. Veamos algunas supersticiones en el beisbol
Las supersticiones en el béisbol como en otros deportes son algo muy común entre sus principales protagonistas y hay quienes afirman en forma tajante que “son parte del juego”.

Por ello no extraña que exista toda una serie de rituales que se cumplen religiosamente “por el bien mismo del jugador y del propio equipo”.
Esto llega a tales extremos que no falta el que diga: quien no cree en las supersticiones, entonces no es fanático del béisbol. O bien, “un jugador que no crea en algún tipo de superstición, está en la profesión equivocada”.
Hay peloteros que no cambian un bate, no salen al terreno sin su guante, no lavan el uniforme, no se afeitan, se rapan la cabeza, no se cortan el cabello, no pisan la raya de cal, hacen símbolos antes de cada bateo, entre otros.
Perdía y ¡quemaba su uniforme!… y otro, ¡se bañaba en loción! :
Quizá usted se enteró de un pítcher que ¡quemaba su uniforme! tras perder un juego… o de aquel que se bañaba no con agua, ¡sino con loción! antes de subir a la loma.
Por respeto a la fuente, fiel testigo de lo acontecido dentro de los vestidores, sólo le diré que el primero fue el cubano Andrés Ayón y, el segundo, el venezolano Elio Chacón.
Ayón lo hizo varias veces cuando lanzó con Puebla y él mismo se pagaba sus uniformes, en tanto a Chacón se le vio bañarse con lociones, corrientes, cuando llegó a los Broncos de Reynosa procedente de los Rojos de Cincinnati.
Una vez mi amigo le preguntó la razón el por qué de esa práctica, teniendo por respuesta “así me lo indicaron quienes me hicieron una “limpia” y según él, “estaba embrujado”.
¿Cómo la ve?: “Cuestión de suerte….” dicen en el béisbol cuando se gana o se pierde. ¿Pero realmente es así?
Carty supersticiones, ritos y cábalas…
Ricardo Carty, un portentoso bateador, tanto aquí como en Grandes Ligas, siempre ha confesado que apelaba a su bruja particular, quien le ensalmaba su legendario bate negro.
Carty entregaba su bate a la Virgen de la Altagracia. El Rico una vez siendo coach de bateo de los Tigres del Licey le confeso a Enrique Rojas que el equipo no bateaba porque el presidente del club Monchín Pichardo no quería pagarle a un brujo para despertar la ofensiva.
Se persignan. Muchos jugadores basado en la fe católica se persignan antes de ir al bate; en su mayoría dentro del redondel de espera o bien camino a la caja de bateo. El más recordado con esas muecas era el dominicano Jesús Alou Hacía varias veces la señal de la cruz antes de llegar a la caja de bateo.
Están aquellos pítchers que siempre entran al terreno de juego con el mismo pie o los que ¡nunca pisan la línea de fear, saltando sobre ella!, como lo hacían los fenecidos lanzadores dominicanos Pascual –Cuta-Pérez y Jose –El Mambo- Lima.
También hay jardineros a quienes se les ve pisando la primera, la segunda o la antesala antes de coger sus respectivas posiciones defensivas. Bueno, ahora es común ver quienes en el dogout se ponen la gorra al revés o la “juegan y mueven hacia arriba” cuando hay una jugada apremiante que les puede dar el triunfo… o quieren iniciar un rallie.
También hay peloteros que nunca se cambian (o lavan) los uniformes (o ropa interior) si se encuentran en medio de una racha de bateo. Hasta deportistas que no necesariamente son creyentes, se someten a prácticas rigurosas en procura de mantenerse enrachados o romper “slumps”.
Los fanáticos no escapan a la tendencia
Los fanáticos no escapan a la tendencia, y los cultos que ejercitan son innumerables, y lo más significativo es la convicción de que ciertamente al realizarlos contribuyen a que sus equipos ganen o que así “azaran” a los contrarios.

Por ejemplo, no es nada raro, aunque lo parezca, que un apasionado seguidor de un equipos de la pelota profesional dominicana se niegue a sentarse en momentos que su conjunto está bajo amenaza.
Otros, apagan o bajan el televisor o la radio cuando su equipo amenaza con empatar o tomar ventajas en el juego, como forma de “ligar” la suerte.
En Estados Unidos, principal potencia mundial, y donde se juega el béisbol de mayor nivel, las supersticiones forman parte intrínseca del juego.
Es frecuente ver que algunos jugadores jamás pisan las líneas de cal que marcan el terreno donde se juega, mientras que muchos latinos se persignan al entrar en la caja de bateo.
Y mire qué cosa: Ichiro Suzuki envuelve sus bates en papel de seda antes de colocarlos en una caja para que supuestamente no se golpeen mientras los trasladan de ciudad.
De acuerdo al gran jardinero japonés, los utensilios de jugar tienen “alma”” y hay que tratarlos con delicadeza.
Y esta otra: Craig Biggio, Vladimir Guerrero y Manny Ramírez no permiten que limpien sus cascos de batear durante toda la temporada.
¿Y ya vio qué tipo de casco utilizan el dominicano?… caray, parecen sacado de un vertedero…
Las cábalas y las supersticiones son parte de la vida del pelotero
El béisbol está hecho a la medida para las cábalas, y las famosas supersticiones que los peloteros tienen antes, durante y terminado un juego, todo en busca de mejorar los resultados, señala el veterano periodista Bienvenido Rojas.

¿Recuerde a Roger Clemens, quien tocaba la figura de Babe Ruth en la zona de los Monumentos cada vez que salía a lanzar en Yankee Stadium, una costumbre que comenzó cuando era el pítcher estelar de los Medias Rojas de Boston.
Clemens, un ganador de más de 300 partidos en las mayores, curiosamente lanzo sus primeros 13 años con los Medias Rojas y tiene 13 años que se retiró con números extraordinario para ser ir al Salón de la Fama, pero detenido por la sospechosa mancha de uso de sustancias prohibidas.
Roger comenzó a hacer esta rutina antes de tomar la loma del Yankee Stadium. Acudía a la placa conmemorativa de Babe Ruth en el Memorial que se encuentra detrás de jardín central. Ahí, limpiaba el sudor de su frente y lo embarraba en la placa de ‘El Bambino’.
Durante la postemporada de 2004, cuando la ‘Maldición del Bambino’ tenía a Boston en 86 años de sequía, un lanzador dominicano mencionó que el éxito de los Medias Rojas en aquella Serie Mundial se debía a una bebida especial.
Años más tarde, el pitcher confesó que antes de cada encuentro de playoffs, él daba de tomar a sus compañeros ron dominicano. “Antes de cada juego de la postemporada” dijo, “nos tomábamos un buen trago de Mamá Juana”. También está aquella de Turk Wendell, un lanzador que debutó con los Cachorros en 1993: ¡se cepillaba los dientes en medio de cada entrada cuando abría un juego!
Los números de uniformes
Sammy Sosa, quien cuando conectaba un jonrón miraba al cielo para dedicarlo a un familiar fallecido, lleva en su espalda el N° 21 no solo por cábala, sino también a la memoria de su ídolo Roberto Clemente, quien también se destacó por ayudar al prójimo….

“Anteriormente, tú sabes, llego a Chicago, me cambian por Jorge Bell y entonces Martínez me dijo, Jose Martínez, el coach, me dijo: «Toma este número». Primero me habían dado el «11», el mismo número de George, y Martínez me dijo no toma éste número que éste número es bueno”.
Larry Walker usaba el 33 en su uniforme y los swings que hacía en cada una de sus oportunidades durante las prácticas eran tres, seis, nueve y doce.
Y Orestes Miñoso se estuvo bañando con el uniforme puesto durante media temporada, algunos comen lo mismo antes de cada juego.
Cuando a Babe Ruth le preguntaron si tenía alguna superstición dijo: “Sólo tengo una, cuando conectó un jonrón me aseguro de pisar las cuatro bases.”.
Wade Boggs iniciaba su cábala comiendo pollo, motivo por el que se ganó el mote de ‘Chicken Man’. Además, el antesalista tenía una rutina sumamente puntual. Su práctica de bateo comenzaba siempre a las 5:17, hacía sprints de calentamiento a las 6:17 y tomaba exactamente 150 rodados en su práctica defensiva. Jason Giambi, tenía un arma secreta con la que creía acabar el mal rato a su ofensiva. Usaba una tanga dorada para romper con sus slumps.
Moisés sin guantillas, pero con orina?
Los ex -jardineros dominicanos Moisés Alou y Vladimir Guerrero son miembro de un reducido grupo de jugadores de Grandes Ligas que no usaban guantillas para batear e incluso alguien dijo que lava sus manos con su propia orina para hacerlas más firmes durante la temporada…ups!

El mismo David Ortiz tuvo sus supersticiones durante sus 20 años de carrera entre las más destacadas, escupía sobre sus guantillas antes de tomar el primer pitcheo de cada turno.
Mujica y su refresco rojo
El lanzador venezolano Edward Mujica, tiene una historia interesante sobre su ritual supersticioso.
Mujica quien lanzó durante 11 temporadas en las mayores con siete clubes.
En el 2013, su único año completo con los Cardenales de San Luis, su compañero de equipo Jason Motte, describió a Mujica de la siguiente manera:
«Dice que no es supersticioso, dice que todo esto es parte de su rutina… sí, claro.
Siempre tiene que estar en el mismo lugar del bullpen con dos outs en la cuarta entrada de cada juego.
Luego, en la quinta entrada, siempre cava un hoyo en la parte delantera del montículo del bullpen. Luego escupe media taza de Gatorade rojo en el hoyo. Debe ser rojo.
También le gusta poner su manga en mi chaqueta en el bullpen todas las noches. No estoy seguro de por qué… y ellos dicen que yo estoy jod…».
Otros actos aleatorios de supersticiones de jugadores para toda o parte de sus carreras, nos lleva a registrar el caso del jugador de cuadro Eliot Johnson que siempre masticaba chicle con sabor a uva en el campo, pero en el plato, siempre lo masticaba con sabor a sandía «porque los hits están en el chicle con sabor a sandía».
Rituales en el clubhouse
Bueno, también están aquellos jugadores que juegan cartas todos los días a la misma hora y quienes escuchan la misma canción antes de salir al terreno….

Y qué me dice de quienes antes del partido leen con devoción la Biblia y bien oyen música de sus países natales.
Están otras como cruzar los bates frente a los dogouts; Eddie Collins fue el primero en ponerle goma de mascar al botón de la gorra a manera de amuleto, cosa que es común hoy en día entre varios peloteros.
El jardinero Torii Hunter, a las 6:40 p.m. para un juego a las 7:05, siempre limpiaba sus spikes con el spray Mr. Bubble.
Si llegaba a la base en la primera entrada y tenía que deslizarse, «corría a buscar mi Mr. Bubble después de la entrada y limpiaba mis zapatos. Si te ves bien, juegas bien. Y si juegas bien, ellos pagan bien».
El relevista Sean Burnett mantuvo una ficha de póker en su bolsillo trasero mientras estaba en el montículo.
El jugador de cuadro Ryan Zimmerman siempre se bañaba en la misma ducha. Si alguien la estaba utilizando, él esperaría.
«Cuando Zim estaba en medio de su racha de bateo de 30 juegos», dijo su compañero de equipo Adam Dunn, «me acerqué a él en la ducha y le dije: ‘Amigo, muévete. Necesito un poco de esa agua, hombre. Hay muchos hits en esa ducha. Los muchachos van a donde se encuentren los hits».
Dunn dijo que, antes de los juegos, «tomaba cuatro trozos de chicle sin azúcar y me paraba en el escalón más alto del banquillo. Todos en nuestro equipo saben que hago esto.
Los mastico y lo convierto en una linda pelota, luego la escupo. Entonces -usando mi mano como bate- golpeaba el chicle hacia el campo. Todos en nuestro equipo se apartaban porque sabían que estaba bateando mi chicle hacía el campo».
Más y más supersticiones
Como seguidores del deporte, hemos visto cómo varios jugadores pasan por este tipo de rituales en orden de alcanzar el éxito buscado. En el caso del ‘juez’ Aaron Judge, su superstición es una muy curiosa.
Judge espera justo antes de comenzar el partido para poner su ritual en proceso. El jardinero derecho de los Yankees de Nueva York se echa a su boca dos gomas de mascar Dubble Bubble, libre de azúcar.

La superstición es una muy sencilla y corre dependiendo de su juego ofensivo turno a turno. Si Judge da incogible, la pelota de goma de mascar seguirá en su boca. En cambio, si lo ponen fuera, pues también la goma de mascar sale de su boca y da paso a dos gomas de mascar nuevas.
El relevista Randy Choate dijo: «Cuando llego al montículo, tengo que levantar la pelota del césped, no de la tierra. Si está en la tierra, tengo que patearla hacia la hierba, luego recogerla. Si un compañero de equipo o árbitro me tira una pelota cuando entro por primera vez para lanzar, inmediatamente la dejo caer en el césped, luego la recojo.
Luego hago siete lanzamientos de calentamiento. Soy un tipo par. Todo en mi vida son números pares, llevo el número 36, excepto los lanzamientos de calentamiento. Siempre son siete lanzamientos. Nunca son ocho. Nunca son seis. Siempre son siete».
El cerrador Huston Street, durante una impresionante racha de salvamentos «vestía los mismos pantalones de chándal de 10 años, una camisa polo y chancletas para ducharse, los que te dan en los entrenamientos de primavera», dijo su compañero de equipo John Baker.
«Él es dueño parcial de una empresa de ropa, gana $9 millones al año y usa la misma ropa tres semanas seguidas. Pero para los supersticiosos, cuando los miras, y parecen estar haciendo algo que parece tan mal, entonces algo debe estar funcionando bien».
Mi superstición es no tener una superstición
El exprimera base Adam LaRoche dijo una vez: «Mi superstición es no tener una superstición. No quiero que nada me pese. ¿Qué pasaría si quisiera ir al juego de mi hijo, pero me lo perdí porque tengo que ir a la misma tienda todos los días para almorzar a la misma hora? ¿Cómo voy a explicarle eso a mi esposa?».

Se Sabe de peloteros que cuando inician una cadena de hits, juegos ganados o salvados llegan al extremo de no cambiarse determinadas prendas de su indumentaria, incluso calzoncillos, que se dejan puestos hasta por varias semanas sin lavarlos.
También está aquella de que ¡por favor!, a equis colega nunca se le ocurra decirle a un pítcher sobre la magistral labor que esté realizando, como un juego sin hit o perfecto, porque al enterarse, ¡se le puede venir el mundo encima!
Y así… y seguramente usted se sabe muchas más…. Los salmos, oraciones, escapularios, crucifijos y santos son comunes en el mundillo del sincretismo de los peloteros. No cabe duda que el béisbol fue creado para las supersticiones partiendo de la más esencial de todas: no pises las líneas de foul.
Es normal ver los jugadores entrar al terreno sin pisar las líneas de cal o hacer la señal de la cruz antes de batear o lanzar. Pero, olvídese, éstas abundan entre los equipos, alrededor y fuera de los parques de béisbol.
En el estadio de los Naranjeros de Hermosillo una vez que Daniel Espino conectó cuadrangular, al llegar al plato se abrió su jersey y por debajo toda la fanaticada vio que traía “una playera con el nombre de su ilustre padre!
Ninguna superstición ayuda a nada
Bienvo Rojas dice: “Ninguna superstición ayuda a nada. Si no hay habilidades naturales y buenos entrenamientos, estás frito. Pero sí, la mayoría de los peloteros son supersticiosos”.

En el portal Cubacomenta Roque Díaz hace un repaso por figuras del béisbol, como Orestes “Minnie” Miñoso o Ichiro Suzuki, y sus supersticiones antes o durante los juegos.
El béisbol es un deporte donde las cábalas y las supersticiones abundan a todos los niveles. Viejos axiomas dicen que para ser buen fanático a este deporte también hay que creer en este tipo de cosas, tan antiguas como el juego mismo.
Todos los días en cualquier liga del mundo vemos a jugadores -llenos de mañas y costumbres- haciendo rituales para obtener un mejor resultado o para espantar la mala suerte; pero la mayoría de estas acciones “raras” no son visibles al público y ocurren en los camerinos o en los momentos previos a los partidos.
Muchas de ellas se han convertido en leyendas y la historia no ha preservado el nombre del que la comenzó, otras están ligadas a creencias religiosas o brujería, pero todas buscan un mismo objetivo: un mejor desempeño y derrotar al rival.
Es normal ver a los jugadores entrar o salir del terreno de juego sin pisar la línea de cal que delimita la zona de foul, algunos peloteros no se cambian su ropa interior mientras están en racha ofensiva, los lanzadores no ofrecen entrevistas antes de abrir un partido, o si se está propinando un “no hitter” nadie lo comenta dentro de la banca, entre muchas otras.
También tenemos las creencias colectivas como lanzar agua al terreno para traer buena suerte, ponerse la gorra al revés o agitarla con la mano extendida hacia adelante como quien pide monedas. Unas más extrañas que otras y algunas verdaderamente increíbles que pueden ser motivos de asombro o de burlas. “El saludo para el Bambino”: El lanzador Roger Clemens antes de iniciar un partido en el Yankee Stadium se llegaba detrás del jardín central para limpiar el sudor de su frente en la placa conmemorativa de Babe Ruth.
“El arma secreta”: El toletero Jason Giambi usaba una tanga dorada debajo del uniforme para romper una mala racha cuando jugaba con los Atléticos. Esa costumbre se la pasó a sus compañeros Derek Jeter, Jhonny Damon y Robinson Cano, cuando fue trasladado a los Yankees.
“Un gato negro al terreno”
A Jackie Robinson los racistas le echaban gatos negros al terreno de juego… eso también lo vimos aquí en el “estadio Cibao en aquellas series finales Aguilas-Licey.

El jardinero Larry Walker tenía una obsesión con este número que llevaba en su espalda. En la práctica de bateo hacía swing que fueran múltiplos de este número; su alarma siempre estaba fijada 33 minutos antes de la hora requerida; se casó un día 3 a las 3:33 de la tarde y cuando se divorció el acuerdo con su esposa le costó 3 millones de dólares. Otra de las supersticiones que ha trascendido.
“El desayuno de la suerte”: Durante más de 20 años el miembro del Salón de la Fama y elegido 24 veces para el Juego de las Estrellas, Stan Musial, comió el mismo desayuno y en el mismo orden cada vez que tenía un partido. Se trataba de un huevo hervido seguido de dos hotcakes y luego otro huevo hervido.
“Un baño peculiar”: Al comenzar una temporada, el pelotero cubano Orestes “Minnie” Miñoso se metió accidentalmente en la ducha con el uniforme puesto. Al siguiente día conectó tres imparables. A partir de ahí comenzó a hacer ese ritual cada vez que terminaba un partido y escribía así otro capítulo en la historia de las supersticiones.
“El gerente que nunca vio a su cerrador”: Kevin Towers, Gerente General de los Padres de San Diego, se retiraba del palco o apagaba la televisión cada vez que entraba al juego su cerrador estrella, Trevor Hoffman. Hoffman salvó en su carrera más de 600 partidos y en el momento de su retiro era el líder histórico en ese departamento.
“Dientes limpios para una victoria”: El relevista Turk Wendell mantuvo el mismo ritual durante los once años que jugó en grandes Ligas. Mientras lanzaba, masticaba cuatro piezas de regaliz negro y al terminar cada entrada lo escupía y se cepillaba los dientes. Además usaba el número 99 en su espalda y siempre pidió que sus contratos terminaran en ese número. Uno de los últimos fue de 9 millones 999 mil 99 dólares con 99 centavos.
“El humo del triunfo”: El lanzador Joe Niekro al comienzo de cada partido colocaba nueve cigarrillos alineados en un lugar de la banca. Al concluir cada entrada se fumaba uno. “Conversación íntima”:
El lanzador Mark Fidrych nunca lanzó una pelota para el home-plate sin antes conversar algo con ella. Primero acomodaba la tierra de la lomita con sus propias manos y luego le susurraba algo a la pelota antes de lanzarla.
“Ritual mecánico”:
El torpedero Nomar Garciaparra siempre se vestía en el mismo orden y a la misma hora antes de un partido; llegaba al banco dando un saltillo con los pies juntos y mientras estaba al bate se tocaba las guantillas y los zapatos con insistencia.

“Con la cabeza sucia”: Los bateadores Craig Biggio, Vladimir Guerrero y Manny Ramírez jamás permitieron que nadie les limpiara sus cascos de batear durante toda la temporada.
El lanzador Greg Swindell se partía con los dientes un trozo de uña y mantenía el pedazo en la boca en el transcurso del juego. “Cerebro ajustado”: Cada vez que Ted Williams llegaba a dos strikes en su cuenta, se ponía el bate debajo del brazo y se ceñía la gorra firmemente con ambas manos antes de regresar al cajón de bateo.
El lanzador Frank Viola golpeaba cuatro veces la tierra de la lomita de lanzar cada vez que comenzaba una entrada. “Vestimenta incompleta”: César Tovar usó siempre durante su carrera una sola media sanitaria en el pie derecho, mientras que usaba dos en el pie izquierdo. Por supuesto que hay muchos más ejemplos de supersticiones en este mundo de las bolas y los strikes.
“Las Maldiciones” de Ruth y “La Cabra”
Son muy famosas aquellas “Maldiciones” de Babe Ruth, que ya pasó a la historia toda vez Boston ¡después de 86 años! fue campeón en el 2004…

Ese histórico año, los Medias Rojas inspirados por el bate de Manny Ramírez, quien bateó .412 y fue el Jugador Más Valioso, barrieron a los Cardenales de San Luis para exorcizar la famosa “Maldición”. Boston volvió a ganar la Serie Mundial en los años 2007, 2013 y 2018.
Bueno, y qué me dice de la otra también muy conocida como de la “Cabra” con los Cachorros de Chicago que no ganaron un banderín otoñal ¡en más de cien años!
El miércoles 2 de noviembre de 2016 se le puso fin a la maldición de la cabra Billy: los Cachorros de Chicago ganaron la Serie Mundial contra los Indios de Cleveland. En un juego que duró más allá de nueve innings, los Cachorros derrotaron 8-7 a Indios de Cleveland en un espectacular séptimo juego de la Serie Mundial de béisbol, para conquistar un título que no conseguía desde 1908.
Después de estar debajo tres triunfos contra uno, Cachorros se convirtió en apenas el sexto equipo en la historia de las Grandes Ligas que remonta una desventaja similar en el Clásico de Otoño y el cuarto en alcanzarlo en patio ajeno, un Progressive Field, abarrotado por más de 38 mil fanáticos.
Las expectativas para el séptimo juego de la Serie Mundial entre los Cachorros de Chicago y los Indios de Cleveland eran altas. Entre los dos llevaban 176 años de sequía del título más preciado del béisbol. La misma se extendía desde 1908 para los Cachorros y desde 1948 para los Indios.
Sin embargo, el enfrentamiento del miércoles 2 de noviembre de 2016 superó incluso las más locas previsiones. Los Cachorros vencieron en 10 entradas por 8-7 a los Indios en el decisivo séptimo partido de la Serie Mundial, que ganaron la serie 4-3 al mejor de siete. Fue un enfrentamiento épico con un final histórico de esos que se ven en las películas. Incluso llovió para delicia de los guionistas de cine.
La cabra de William-Billy- Sianis
Por si no se la sabe, le contaré lo de la famosa “Maldición de la Cabra” que supuestamente no le permitieron a los Cachorros ganar una Serie Mundial desde 1908: Hasta 1945 a los Cubs no les había ido tan mal, incluso estuvieron cerca de la gloria en varias ocasiones.

Sin embargo, en ese fatídico año el dueño de un bar, William Sianis acudió a un partido de la Serie Mundial, tal como solía hacerlo, acompañado de su cabra mascota.
Aparentemente, el animal despedía semejantes olores que las quejas del público terminaron por provocar que Sianis fuese expulsado del estadio.
Pero el agraviado tuvo la palabra final: “nunca más ganarán una Serie Mundial”, habría dicho y no les pudo haber ido peor a los Cachorros desde entonces.
¿Cuestión de suerte? Bueno, la de Ruth, fue contada en el 2004.
Doce años después, en el 2016, la victoria de los Cachorros puso fin a una de las maldiciones más famosas de la historia del deporte: esta de la cabra Billy. La verdad la cabra se llamaba Murphy y su dueño era William «Billy» Sianis.
Cuenta la leyenda que este fanático de los Cachorros no pudo entrar al estadio en la Serie Mundial de 1945 junto a su mascota, que tenía su respectiva entrada, y en el enojo arrojó una maldición al equipo de Chicago.
Esa había sido la última oportunidad de los Cachorros de conseguir el título del clásico de otoño, el cual perdieron en el séptimo juego frente a los Tigres de Detroit.
Con esta victoria, los Cachorros se convierten en el primer equipo en remontar una desventaja de 3-1 desde que lo hicieron los Reales de Kansas City en 1985. Además son los primeros en recuperar una diferencia similar ganando sus dos últimos partidos de visitante como lo hicieron los Piratas de Pittsburgh en 1979.
Para Cleveland el séptimo juego fue una especie de “déjà vuque” no querían repetir. Los Indios forzaron el séptimo partido en 1997 y estuvieron a dos outs del título en la novena entrada cuando el 26 de octubre Moisés Alou de los Marlins de Florida anotó la carrera del empate y envió el partido a extrainnings.
Cachorros festejan el fin de 108 años de sequía
Por fin, después de dejar atrás la «maldición de la cabra», la presencia de gatos negros en el campo y las acciones desafortunadas de aficionados que capturaron pelotas decisivas, los Cubs hicieron buenos los pronósticos de ser el mejor equipo de principio a fin de la temporada regular tras conseguir 103 victorias y también el sueño de llevarse la Serie Mundial.

El conjunto de Chicago derrotó a los Cleveland Indians en el séptimo partido de las Series Mundiales y logran un título que se les resistía desde 1908.
La espera de 108 años llegó a su final para los Chicago Cubs que vencieron en 10 entradas por 8-7 a los Cleveland Indians en el decisivo Séptimo Partido de las Series Mundiales, que ganaron por 4-3 al mejor de siete.
Por quinta vez en la historia de la Serie Mundial, el Séptimo Partido se tuvo que decidir en extra innings. El conjunto de Chicago se une a los Yankees de Nueva York (en 1958), los Tigers de Detroit (1968), los Piratas de Pittsburgh (1979) y los Reales de Kansas City (1985) como los únicos equipos en revertir un 3-1 en contra.
La última vez que los Cubs habían conseguido el título del «Clásico de Otoño» fue en 1908, desde entonces habían estado en varias Series Mundiales, la última la de 1945, sin que pudiesen conseguir la victoria final. El equipo de Chicago se convirtió también en el sexto en la historia de las Grandes Ligas que con una desventaja de 1-3 en la serie consiguen la remontada y la gana con tres triunfos consecutivos, incluidos los dos últimos logrados fuera de su campo.
Los Indians, que jugaron la última vez la Serie Mundial en 1997 y la habían ganado en 1948, no pudieron imitar a los Cavaliers, sus vecinos de la NBA, y siguen sin un título nacional después de 68 años.
Cleveland en 1997 perdieron contra los Marlins, pero ya habían sufrido dos decepciones en 1995 (cuando perdieron en seis encuentros contra los Bravos de Atlanta) y en 1954 (ocasión en la que fueron barridos por los Gigantes de Nueva York). Ese año 2016 los Indios volvieron a vivir una de las derrotas más crueles del deporte.
En esta película, llenas de cábalas y supersticiones, el final feliz estaba escrito para los Cachorros.
Los Yankis tienen once años que no ganan la Serie Mundial. Realmente ¿Existe la Maldición del Big Papi?
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