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Efemerides Rafael Baldayac

El «Maracanazo» máximo triunfo deportivo uruguayo

Contra todo pronóstico, la selección de Uruguay se proclamó campeona del Mundial de Fútbol de 1950, el evento futbolístico más importante del mundo, al vencer a los brasileños 2 – 1, en un partido que se realizó en el estadio Maracaná de la ciudad de Río de Janeiro. Es la máxima amargura en la historia deportiva de Brazil.

EFEMRIDES ESPECIAL 16 DE JULIO 1950:

Por Rafael Baldayac

Un  Maracaná, abarrotado con más de 205.000 personas, la multitud más grande jamás presente en un partido de fútbol, ​​se quedó en silencio.

El mutismo se produjo el 16 de julio de 1950 luego del sorprendente triunfo del seleccionado de Uruguay sobre Brasil por 2-1 que definió la cuarta edición de la Copa Mundial de Futbol en el legendario estadio de Rio de Janeiro.

La victoria de la selección uruguaya es considerada el máximo lauro en la historia deportiva del país suramericano situado en la parte oriental del Cono Sur, que hace frontera al noreste con Brasil —estado de Río Grande del Sur— y al oeste y suroeste con Argentina.

ESTE RESULTADO DIO ORIGEN AL “MARACANAZO”

Millones de lágrimas sin el compás de la samba se vieron brotar en esa jornada, que aún hoy, es de tristes recuerdos para el fútbol de Brasil. No era de menos ese agobio. Es así como esta  final ha quedado grabada en la memoria de todos los aficionados al fútbol.

Los jugadores brasileños no pudieron responder y, cuando sonó el silbato una docena de minutos después, Uruguay era inesperadamente campeón del mundo.

Para los aficionados en el estadio como Joao Luiz, la conmoción fue un trauma personal. «Cada vez que escucho hablar de Uruguay todavía me pongo ansioso», dice. «Es como una persona que una vez fue mordida por un perro y se pone nerviosa cada vez que escucha un ladrido».

Pero la derrota también fue un momento decisivo para la nación. Posiblemente, el momento más decisivo.

«En todas partes tiene su catástrofe nacional irremediable, algo así como una Hiroshima», escribió el dramaturgo más célebre de Brasil, Nelson Rodrigues. «Nuestra catástrofe, nuestra Hiroshima, fue la derrota ante Uruguay en 1950».

Curiosamente, el delantero Alcides Edgardo Ghiggia, recordado por haber hecho el segundo gol ante Brasil a los 34 minutos del segundo tiempo en el «Maracanazo», falleció el mismo día, 16 de julio 2015, 65 años después de su hazaña con la que silenció a 200 mil espectadores brasileños que acudieron a presenciar la final del Campeonato Mundial en el estadio Maracaná.

Los brasileños necesitaban nada más que el empate para proclamarse campeones del mundo.

Pero todo terminó en el minuto 79, por la anotación de Ghiggia, quien corrió por la derecha, superó a su marcador Bigode y desde una posición muy cerrada batió a Barbosa, golpeando con la pelota una muñeca que éste había puesto en el fondo del arco como amuleto de la suerte.

El estadio era un enorme pozo de desilusión. En el campo de juego un Brasil desesperado golpeaba inútilmente una y otra vez contra el muro uruguayo.

Después el momento más temido llegó: el árbitro inglés Reader, marcó el final con su silbato. Uruguay era campeón otra vez, y Brasil no tenía consuelo.

Rimet entregó la Copa al capitán Varela, quien no pudo escuchar el himno de su país; la banda de música ya había dejado el estadio, junto a un pueblo abatido, que había preparado una fiesta y terminó presenciando un entierro. Las cosas del fútbol.

Ese 16 de julio de 1950 un grupo de futbolistas uruguayos fue no tuvo piedad para con 52 millones de brasileños, y los más de 200.000 ubicados en las tribunas de gigantesco estadio carioca, originando una inolvidable y mítica gesta deportiva.

Todo Brasil esperaba la hora de festejar el primer título de campeón mundial, el discurso estaba preparado, al igual que las medallas de oro, pero «los partidos hay que jugarlos» y Uruguay lo hizo con un equipo que creyó en sí mismo y lucho sólo contra todos.

El Maracanazo no fue una final, fue el último partido del cuadrangular que definió el Mundial en la única decisión de ese tipo que se dio en la historia.

Los periódicos de aquél 15 de julio ante de tiempo titularon «La Copa es nuestra», «Gana Brasil» y «Brasil campeón», no había margen para la vacilación, el seleccionado brasileño para su gente era imbatible y todo estaba preparado para una alocada celebración.

El capitán y caudillo de Uruguay, el recio Obdulio Varela, se mordió los labios al escuchar como los dirigentes uruguayos le dijeron al plantel en el vestuario del Maracaná: «Habiendo llegado a la final, ya cumplimos. Hagan lo que puedan, pierdan con dignidad y compórtense como unos caballeros».

Esa mezcla de impotencia e indignación lo llevó a Varela a variar la táctica pergeñada por el DT Juan López, defensiva, para perder por poco, y ser más ofensivos, trasladando la iniciativa a un grupo de compañeros que no se resignaron a ser los convidados de piedra a la fiesta.

Pero Varela hizo algo más, lleno de confianza a sus compañeros al decirles «No piensen en toda esta gente, no miren hacia arriba, la final se juega abajo. Los de afuera son de palo. Este partido se gana con los huevos en la punta de los botines».

Brazil con casi la totalidad de los aficionados a su favor y cuya selección llegaba como favorita a la última fecha del cuadrangular final del Mundial, luego de haber vencido a Suecia por 7 a 1 y a España por 6 a 1.

Uruguay llegó a este encuentro luego de haber empatado 2 – 2 con la selección de España y tras un triunfo por 3 a 2 ante Suecia. El equipo visitante debía hacer lo imposible para vencer a Brasil, cuya contundencia derrotó a los mismos rivales con los que los uruguayos habían tenido partidos cerrados y difíciles.

A los locales, entra tanto, les bastaba el empate para lograr el primer título de su historia en una Copa del Mundo, ante los cerca miles de aficionados al fútbol que se aglomeraron en las tribunas del Maracaná.

El drama en el partido creció cuando Brasil consiguió la primera anotación mediante el delantero Albino Friaca Cardoso, a los 47 minutos del encuentro. Parecía el principio de la fiesta en Río de Janeiro.

Los uruguayos lejos de resignarse y acostumbrados a la presión de los grandes partidos en torneos importantes como la Copa América, la cual hasta 1950 había conquistado en seis ocasiones, se lanzaron al ataque.

Mediante sus delanteros, Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia, lograron al minuto 66 y 79 las anotaciones con las que se impusieron en el histórico partido.

Desde entonces el duelo entre brasileños y uruguayos se convirtió en un clásico en la región latinoamericana aunque las heridas de aquel ‘Maracanazo’ se convirtieron en marcadas cicatrices de las historia del gigante suramericano.

El primer tiempo culminó sin goles gracias a la solidez del arquero oriental Roque Máspoli y ya se percibía el enojo en las tribunas ante la ineficacia de un equipo que en la mente de la multitud ya debía haber definido el pleito.

A los dos minutos del segundo tiempo se concretó el rugido de esa multitud que se asemejaba a un león hambriento, cuando Friaca con un potente remate quebró la resistencia de Máspóli estableciendo el 1-0.

Ahora sí, la Copa, que sólo había ganado Uruguay (1930) e Italia (1934 y 1938), antes de la Segunda Guerra Mundial, estaba al alcance de la mano.

LOS  BRASILEÑOS CELEBRARON  ANTES DE GANAR

Todo Brasil celebró de antemano un Mundial que se lo terminó arrebatando Uruguay.

Tras ese gol el temple y la inteligencia del «Gran capitán» hicieron de las suyas. Varela recogió el balón dentro del arco, se lo puso bajo el brazo y corrió hacia el árbitro inglés George Reader reclamando un fuera de juego.

El británico no entendía español, pero el uruguayo le habló un buen rato y logró apaciguar la locura exterior postergando la reanudación de las acciones.

Pero lo mejor y la construcción de la gesta estaban por venir. A los 13 minutos Juan Alberto Schiaffino anotó el 1-1 y provocó que la fiesta se llenara de sombras al doblegar al arquero Barbosa luego de que Alcides Ghiggia lo asistiera superando en velocidad a su marcador Bigode.

El empate le daba el título a Brasil, pero el ambiente no fue el mismo, la incertidumbre llegó al Maracaná como una ilustre e inesperada visita.

El drama se avecinaba, y a los 33 minutos Ghiggia volvió a escapar como una exhalación a la marcación de Bigode, ingresó al área por el sector derecho y con un fuerte disparo quebró la endeble reacción del arquero Barbosa.

Fue una artera puñalada en el corazón a la multitud que hizo que el silencio se sintiese en cada rincón del majestuoso escenario.

Barbosa, el arquero que sufrió ese gol, nunca pudo superar la condena social que le significó aquella acción y lo recordaba años más tarde: «En Brasil la pena máxima para un crimen es de 30 años.

Yo no soy un delincuente y ya cumplí 10 más. Tengo derecho a dormir tranquilo». Años después moriría.

Uruguay pasó al frente 2-1 y el reloj no perdonó a Brasil, el título fue para los «Charrúas» ante esas tribunas pobladas de desconsolada gente y con un silencio que dolía.

Hasta el mismo francés Jules Rimet, presidente de la FIFA recordó años después «Dejé la platea, fui al vestuario para preparar el discurso final de felicitación a Brasil cuando el partido estaba 1-1.

Me encamine al campo de juego, no había guardia de honor ni música, En esa desolación lo ubiqué a Obdulio, le di un apretón de manos, le entregue el trofeo, la medalla y me fui».

Pasaron 70 años, todos los héroes de esa hazaña fallecieron, pero ese histórico momento quedó marcado a fuego y hace que cada hombre que vistió la casaca celeste en ese campo del Maracaná viva por siempre.

EL MUNDIAL DESPUÉS DE LA GUERRA

Se jugó del 24 de junio al 16 de julio. Los 13 países participantes fueron Bolivia, Brasil, Chile, España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, México, Paraguay, Suecia, Suiza, Uruguay y Yugoslavia.

La cuarta edición de la Copa del Mundo se debió haber jugado en 1942. Durante el Mundial de 1938, en Francia, la FIFA realizó un congreso en París, donde se debatieron las candidaturas para el próximo torneo: Brasil, Argentina y Alemania.

La FIFA decidió postergar su decisión hasta el próximo congreso de Luxemburgo, en 1940, pero la Segunda Guerra Mundial lo impidió.

Pasado el conflicto bélico, solo el 1 de julio de 1946 se pudo realizar el congreso en Luxemburgo, en el que participaron 34 federaciones.

Allí se asignó a Brasil la organización del próximo torneo, mientras que para la siguiente se eligió a Suiza.

En el mismo momento el congreso decidió modificar la denominación de la Copa del Mundo, que pasó a llamarse “Copa Jules Rimet” en honor al creador de la Copa Mundial de Fútbol. Dicho nombre permanecería hasta 1970.

Después de una interrupción de 12 años, volvió el Mundial. La Federación Brasileña, para aumentar sus ingresos y equilibrar su presupuesto, propuso jugar el Mundial con la fórmula italiana en la segunda fase (todos contra todos), de modo de aumentar de 16 a 22 los partidos del programa.

El delegado brasileño Sotero Cosmes comunicó en junio de 1947 a Rimet que si la FIFA no aprobaba el proyecto, la Federación Sudamericana se vería obligada a no asistir al campeonato.

Pocas federaciones apoyaron la proposición brasileña. Las oposiciones fueron más numerosas, entre ellas las del francés Delaunay que, cuando en el congreso de Londres de 1948 la comisión aprobó el proyecto sudamericano, renunció al comité y se mantuvo alejado un año.

Fueron 31 los equipos inscritos y, tras las eliminatorias, se establecieron cuatro cabezas de serie: Brasil, Inglaterra, Italia y Uruguay. La clasificación final fue: 1) Uruguay, 2) Brasil, 3) Suecia.

FOTO: Alcides Ghiggia señala: Los que nacimos de 1950 en adelante, crecimos sabiendo que hubo un lejano 16 de julio en que el equipo celeste, silenció el coloso de Maracaná, repleto de 200 mil almas brasileñas, que esperaban, solo con un empate, ganar el campeonato mundial en su casa, algo que nosotros conocíamos desde 1930”.

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