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Opinión

Dos amigos inseparables: Whitey Ford y Mickey Mantle

Y dice: “La Dinastía de los Yankees de las décadas de 1950 y 1960 había envejecido y se había retirado, y George Steinbrenner acababa de comenzar a reunir a los campeones de Nueva York de fines de la década de 1970.

Mickey Mantle. Fuente Externa

Por Cesáreo Suárez Naranjo 

Primera Parte  

Aunque Este Tema Surgió A Causa de un artículo que apareció en una revista especializada de beisbol: «The Baseball Digest», del mes de abril de 1974 (que adquirí cuando viví en Acapulco) me permito iniciarlo, tomando de las páginas de Internet estas líneas, (parte de la serie Inside Pitch: “pitcheada adentro”), escritas por Craig Muder, Director de Comunicaciones del Museo y Salón de la Fama del Beisbol Nacional: “La Clase De 1974 Trajo La Gran Manzana A Cooperstown”.

Y dice: “La Dinastía de los Yankees de las décadas de 1950 y 1960 había envejecido y se había retirado, y George Steinbrenner acababa de comenzar a reunir a los campeones de Nueva York de fines de la década de 1970.
Pero en el medio, Cooperstown organizó una celebración de los Bombarderos del Bronx”.

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Debo hacer notar que cómo título a mi artículo iba a ponerle, más bien, el de “Dos Roomies Admirables” – lo que, a final de cuentas, vendría a ser casi lo mismo – pero preferí verlo por el aspecto de la amistad; y, la verdad, amigos como estos dos, muy pocos.

Es obvio – ¡y por supuesto! – que todos ustedes, metidos en el beisbol “hasta los codos”, saben el significado de “roomie”, es decir “compañero de cuarto” (si hasta los que son compañeros en los equipos llaneros emplean ese vocablo…¡aunque nunca hayan sido “compañeros de cuarto”!). ¡Pero, en fin, todo ello es únicamente cuestión de andar en esos ámbitos de la pelota caliente!

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Y es que no siempre es fácil congeniar con un compañero, de trabajo, de profesión, o de cualquier actividad. Pero estos dos “tipos” sí que se sabían llevar uno con el otro (“to get along with one another”), hasta en los “momentos difíciles” (como el escaparse de sus habitaciones, para correrse una “parranda”, sin que se diera cuenta el manager  ni los vigilantes que ponía).

Whitey Ford. Fuente Externa

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Y decir que estos dos “tipos”, además de “inseparables”, fueron “excelentes”, “grandiosos” en sus carreras, que corrieron parejas entre los años cincuenta y sesenta; y en este aspecto tan personal, es únicamente porque se lo merecen. Y no lo digo únicamente porque hayan jugado en el equipo de mis preferencias: los Yankees de Nueva York, ni tampoco porque ellos, en particular, hayan sido “mis ídolos”. Más allá de eso, porque aquí únicamente cabe el dicho de “honor a quien honor merece”.

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Los que siguen, son tan solo unos cuantos pasajes de la vida de estos dos grandes del beisbol. Pero tan interesantes que bien vale la pena tomar “prestado” de una revista de beisbol especializada (“The Baseball Digest”, que adquirí en abril de 1974) el artículo escrito Por Jack Lang, colaborador del «Long Island Press»:

«Los antiguos compañeros de equipo”, dice Lang en el subtítulo, formaban parte del «corazón» («el núcleo») de los Yankees cuando el conjunto constituyó una fuerza dominante entre los años cincuenta y sesenta».

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Debo advertir que la traducción que hago es «intencionalmente literal». Pero, tan de cierto, y tal como lo dice el columnista acerca de Mickey Mantle y Whitey Ford, también Yogi Berra, Hank Bauer; y en sus momentos respectivos Allie Reynolds, Eddie Lopat, Vic Raschi y hasta Billy Martin, eran el «núcleo» de los Mulos de Manhattan en esa época, bajo la dirección del profesor Casey Stengel.

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Este artículo, con el título de «Mantle y Ford: Hall Of Famers”, lo escribió LANG poco después de que ambos fueran electos – el 16 de enero de ese año de 1974 – para ingresar al nicho sagrado que todo pelotero anhela: el Salón de la Fama, situado en el pequeño poblado de Cooperstown (con “apenas” 1,794 habitantes, según el censo del 2020), y narra algunos momentos destacados – y hasta graciosos – de esta pareja de formidables jugadores.

Y lo mismo que decimos «formidables», podemos decir «colosales» excelentes», porque no tenemos porqué ahorrarnos los adjetivos superlativos hacia sus personas.
Porque fueron y están entre los más grandes de toda la historia del beisbol (y lo puedo decir con orgullo, porque ambos fueron mis ídolos).

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Pero vayamos con Jack Lang quien, lo que hace al comienzo de su artículo es narrarnos las horribles pesadillas que de vez en cuando perseguían a Mickey Mantle durante su carrera activa. He aquí:

«Siempre es lo mismo”, dijo Mantle, «pues me veo estacionando mi carro en las afueras del Yankee Stadium, y me doy cuenta de que a pesar que hice todo lo posible por llegar a tiempo, para esa hora el partido ya debe haber comenzado.

“Me dirijo apresurado a uno de los accesos con que cuenta el estadio, pero el tipo ese, el de la entrada, no me permite ingresar. Entonces trato de colarme a través de un estrecho agujero en tanto que escucho la voz del anunciador por los altavoces: «¡El turno al bat es para el número 7, Mickey Mantle!».

“También escucho la voz de mi manager, Casey, quien pregunta por mí: “¿dónde está Mickey!”; y mis compañeros le responden: “¡ya, viene, ahorita”; “pero el agujero es tan angosto que me quedo atorado en él”.

«Otro sueño que me perseguía era en el que yo estaba en la Caja de Bateo, y el pitcher contrario me lanzaba puras bolas rápidas, las cuales fauleaba una y otra vez, hasta que sentía que ya no podía más», y me digo a mí mismo: “¡Ya, es suficiente!”. “Esos”, agregó Mantle, “eran los únicos sueños que tenía”.

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“Uno de los sueños que Mickey Mantle nunca se hubiese atrevido a tener”, sigue narrando Lang, “fue uno que se convirtió en realidad el pasado mes de enero, cuando tanto él como su compañero (el autor emplea la palabra “pal”, que puede tener varios significados, como el de “camarada”, “compa”, etc.), Whitey Ford fueron votados por los miembros de la BBWAA (Asociación de Escritores de Beisbol) para ingresar al Salón de la Fama.

“La verdad”, declaró Mantle en la conferencia de prensa celebrada con motivo de esa elección, “nunca soñé con que podría lograrlo”, refiriéndose a su ingreso al recinto sagrado.
“¡Bueno!, en realidad es que nunca me dio por pensar en ello; pero cuando las historias comienzan a “rodar”, y se dice que “yo podría lograrlo, todo lo que pensé es que también quería que Whitey (Ford) también lo lograra.

“Eso, en verdad, era algo que realmente me importaba; ese era mi anhelo. Porque, para mí, significaba muchísimo más que WHITEY también lo lograra, a que lo hiciera yo solo.

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“Yo Y Whitey siempre hemos estado cerca uno del otro. Siempre nos hemos llevado bien; y nunca hemos tenido alguna desavenencia.

«Alguien, en la conferencia, le preguntó ‘cómo era posible que esto ocurriera – una amistad tan estrecha – entre un muchacho criado en el ámbito rural, y otro que nació en una ciudad cosmopolita, y con costumbres refinadas, y que creció en las inmediaciones del Astoria’.

“¡Me imagino que eso es porque a ambos nos gusta el scotch con soda”, dijo Mantle, con una amplia sonrisa.

“Ey, Mickey”, gritó Ford desde algún lugar, por ahí cerca: “¡cuéntales todo!”.

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“Estos dos jugadores”, continúa Lang, “constituyen un estudio interesante de contrastes en cuanto a sus personas, sobre todo al momento en que llegaron al equipo neoyorquino a principios de los años cincuenta, cuando el equipo estaba en lo más alto, dominando a los demás conjuntos de la Liga Americana, pues (como dijimos con anterioridad) mientras FORD era un muchacho originario y criado en la misma ciudad de Nueva York – un pitcher listo y lleno de confianza en si mismo – Mantle era un tímido chico campirano, nacido en Spavinaw, un pueblito del estado de Oklahoma (con apenas 457 habitantes, según el censo del 2010; y cerca de la ciudad de Tulsa) echando su primera mirada a la gran ciudad.

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”Ya, para estas fechas”, sigue diciendo Jack Lang, «Mickey ya lleva cinco años en el retiro. Hoy, sin embargo, ya muy lejos de los que fueron sus mejores tiempos, a la edad de 42 años, Mantle está viviendo una especie de ensueño.

“Actualmente trabaja para un banco y una compañía aseguradora, de Dallas, su “trabajo” es jugar golf con los clientes. Ford, en tanto, posee un negocio de bienes raíces, además de un negocio de seguros…no obstante, recientemente firmó para servir como coach de los Yankees.
“No hace falta decir que tanto Mantle como Ford contaban con credenciales más que suficientes para obtener su ingreso al Salón de la Fama.

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”Mantle – quien fue aquejado por las lesiones en las piernas en la mayor parte de su carrera, y muchas veces jugó sufriendo intensos dolores – terminó su carrera de 18 temporadas con los Yankees con un promedio al bat de .298 (2,415 imparables en 8,102 viajes legales al plato), con 536 jonrones, la máxima cantidad para un bateador ambidiestro, encabezó a la Liga Americana cuatro ocasiones en cuadrangulares, en tres ocasiones diferentes fue nombrado el Jugador Más Valioso del joven circuito, incluyendo la temporada de 1956, cuando obtuvo la triple corona de bateo, al batear para .353, conectando 52 cuadrangulares y remolcando al pentágono 130 carreras.

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«El no haber terminado arriba de la marca de «los .300″ fue su mayor desilusión», dice Lang. Y menciona las palabras de este gran jugador, al respecto: «Yo estaba bateando para .320».

A fin de no alargar más este capítulo, aquí lo dejamos, pero advirtiéndole que todavía faltan comentarios muy interesantes; tomados, principalmente, del artículo de Jack Lang, como también de algunas páginas de Internet, y sin que falten aquellos que he guardado celosamente en mi memoria durante muchísimos años.

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