FOTO: Carrera de la Historia: “Ben Johnson, Carl Lewis y la final olímpica de los 100 metros de 1988. Una historia cautivadora del gran enfrentamiento en la pista que sacudió el mundo del deporte”. (Desmond Lynam Obe). “Por fin la carrera de carreras tiene un libro que está a la altura” (Simon Barnes).

Por Rafael Baldayac
EFEMERIDES ESPECIAL 24 DE SEPTIEMBRE 2020:
Un dia como hoy, 24 de septiembre de 1988, el estadio olímpico de Seúl, Corea del Sur, vivió uno de los momentos estelares de la historia del deporte. Se respiraba ese ambiente especial que preludiaba algo importante, como así fue en esa tarde sabatina.
El atleta canadiense Ben Johnson protagonizó junto a Carl Lewis la final de los 100 metros libres en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, una de las definiciones más recordadas de la historia, no solo por su espectacularidad en lo deportivo y el registro de un récord mundial inimaginable para la época, sino también por la polémica desatada por el dopaje de Johnson.
Un doping que conmocionó al mundo. Johnson pasó de rey de los Juegos de Seúl a gran tramposo en 48 horas. La denominada ‘carrera del siglo’ quedó ensombrecida por el doping del canadiense.
El velocista canadiense venció al mito Carl Lewis con unos estratosféricos 9:79, récord mundial de la época. La final de los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Seúl pasó a la historia como la mejor carrera de todos los tiempos, pero también como la más escandalosa y sucia.
En la pista comparecieron los hombres más rápidos del momento: Al legendario Carl Lewis, héroe de los Juegos de Los Ángeles de 1984 por sus cuatro medallas de oro (100, 200, 4×100 metros y salto de longitud) lo reta el canadiense Ben Johnson, por entonces plusmarquista y campeón mundial.
El desafío entre los dos grandes reyes de la velocidad ha sido espectacular, especialmente en las últimas dos temporadas y parece que Johnson tiene ventaja para derrotar al conocido como ‘hijo del viento’.
Los otros insignes finalistas fueron el británico Linford Christie; los estadounidenses Calvin Smith, explusmarquista mundial, y Dennis Mitchell; el canadiense Desai Williams; el jamaicano Ray Stewart; y el brasileño Robson da Silva. Lo mejor de casa en aquella temporada.
Ese histórico dia, 24 de septiembre de 1988, se disputó la máxima de todas las carreras. Nunca semejante plantel de velocistas se había citado sobre una pista para disputarse la corona en la competición deportiva más importante del planeta.
Pero sobre todo se escenificaba el choque de sables entre Carl Lewis, antiguo rey de la velocidad olímpica, por entonces la mayor estrella en la historia del atletismo.
Su rival Ben Johnson, el incómodo aspirante que llevaba dos años asediando su trono y que de hecho ya se había convertido oficialmente en el hombre más rápido sobre la faz de la Tierra.
Los reyes de la velocidad
Carl Lewis sale por el carril tres con su elegante y habitual buena puesta en acción. Ben Johnson sale como tigre hambriento de gloria por el carril seis.

A partir de la segunda mitad, el canadiense acelera su zancada y abre una distancia a su favor superior a los 10 metros. Nadie podrá alcanzar a Ben Johnson que entra con un increíble 9:79, rebajando en cuatro centésimas su propia marca mundial.
Esa tarde Benjamin Sinclair «Ben» Johnson, nacido el 30 de diciembre de 1961 en Falmouth (Jamaica) llega a lo grande, con el brazo derecho levantado y dirigiendo una feroz mirada hacia el carril por la que entra Lewis, el destronado rey de los Juegos de Los Ángeles, en segunda posición (9:92); tercero es Linford Christie (9:97) y cuarto Calvin Smith (9:99), seguidos de Mitchell, Da Silva, Williams y un renqueante Stewart.
El estadio enloquece y esos 10 segundos mágicos se prolongan en un atronador rugido, que aún resuena en la memoria de quienes lo vivimos. Hasta cuatro atletas bajaron aquel sábado de la barrera de los 10 segundos, algo muy poco habitual en la época.
Del olimpo al infierno
Sin embargo, en las primeras horas del lunes, apenas 48 después del exitazo, Seúl y el mundo entero despertaron con la noticia de que el nuevo rey de los 100 metros había dado positivo en el control antidopaje por el uso del preparado de Estanozolol, una sustancia anabolizante.

Ben Johnson pasó del cielo al infierno en 9,79 segundos. A base del constante martilleo de noticias hoy ya estamos bien familiarizados con la existencia del dopaje, pero en 1988 el mundo era bastante inocente en lo concerniente a asuntos de dopaje y los tramposos del deporte.
Así que la conmoción fue tremenda, un auténtico revuelo en todas sedes y salas de prensa de los Juegos de Seúl.
En un principio fue la incredulidad, corrieron toda serie de rumores y versiones, incluyendo el boicoteo al atleta. La realidad fue mucho más cruda y Johnson confesó que se había dopado para vencer y que llevaba, además, varios años haciéndolo.
Solo pasaron tres días y su triunfo estaba anulado por dopaje. El oro quedó en manos de su máximo rival, la leyenda del atletismo estadounidense Carl Lewis. Además, la marca de Lewis fue la más rápida de todo el año en 100 metros lisos.
Es decir que canadiense fue despojado de su título olímpico, que volvió a manos de Lewis, como el récord mundial, que el estadounidense dejó en 9:92 (En la actualidad, 25 años después, el récord mundial de Usain Bolt es de 9:58).
Johnson pasó del olimpo al infierno tan rápido como había corrido por la pista coreana. Fue suspendido por dos años y volvió a correr, pero no aprendió. En 1993, el canadiense volvió a ser ‘cazado’ con el consumo esteroides y fue apartado de por vida del atletismo.
El escándalo de Ben Johnson fortaleció de alguna manera la lucha antidopaje. Con el tiempo, cinco de los ocho participantes en aquella legendaria carrera de Seúl se vieron más o menos involucrados en turbios asuntos de dopaje.
Así, muchos de los vimos la entonces denominada ‘carrera del siglo’, lo que presenciamos fue uno de los mayores fraudes deportivos.
Es la carrera «más sucia de la historia»
Los velocistas en acción: por el carril 1 corría Robson Da Silva, por el 2 Raymond Stewart, por el 4 Lindford Christie, en el 6 Ben Johnson, desde el 7 arrancó Desai Williams y en el 8 Dennis Mitchell. Todos ellos fueron, a lo largo de los años, condenados por consumo de sustancias prohibidas.
La sombra del dopaje solo dejó dos supervivientes de Seúl ’88, los estadounidenses Carl Lewis y Calvin Smith. Desde las calles 3 y 5, son los únicos que legalmente participaron en este vergonzoso incidente de la historia del deporte que está de aniversario, 30 años.

Foto: Ben Johnson: Un intento de redención.
Sin embargo en estos tiempos el dopaje está a la orden del día y ya no sorprende tanto ver una noticia de que tal o cual deportista se ha dopado. Pero en 1988 no era tan usual.
La final de los 100 metros lisos de los Juegos Olímpicos de Seúl pasó a la historia como la mejor carrera de todos los tiempos. 48 horas más tarde pasaron a la historia por el positivo de Ben Johnson.
En los ochenta había casos de dopaje, pero por entonces y, sobre todo en atletismo, de lo que se hablaba principalmente era de las excepcionales carreras y brillantes atletas de la prueba reina, los 100 metros.
Johnson confesó que se había dopado para vencer a Lewis y que llevaba haciéndolo varios años.
Carl Lewis era el rey de la velocidad tras coronarse en Los Ángeles. Johnson fue tercero en aquella final -también en el 4×100 en el que triunfó Lewis- y se prometió derrotar al ‘Hijo del Viento’ como fuese.
Antes de Seúl le batió varias veces, estableciendo un nuevo récord del mundo en 1987.
Lewis empezó a hablar ya, sin acusar a nadie directamente, de que había atletas que se dopaban y que había que perseguirlos. Al estadounidense le acusaron de no saber perder y que dejara de culpar si no tenía pruebas.

FOTO: El velocista canadiense venció con trampa al mito Carl Lewis en la final de los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Seúl pasando a la historia como la mejor carrera de todos los tiempos, pero también como la más escandalosa y sucia.
Después de tres años de dura preparación y carreras espectaculares, llegó el gran día. 24 de septiembre de 1988. El mundo se paró por la gran final de los 100 metros. Era el momento estrella de los Juegos de Seúl. El resto de pruebas se paralizan en el estadio para asistir al duelo más encarnizado.
Por el carril 3, Carl Lewis y por el 6, Ben Johnson. También optaban a la victoria el británico Lindford Christie y el norteamericano Calvin Smith. Salida válida. Comienzo igualado hasta un poco antes de la mitad de la carrera.
A partir de ahí, se empieza a destacar Johnson, que abre un hueco inalcanzable. Llega a meta sobrado con 9,79 -nuevo récord del mundo- y destronando al rey de Los Ángeles, levantando el brazo derecho y mirando hacia la calle de Lewis antes de entrar en meta, como si quisiera decir «ahora mando yo».
Ganó con una superioridad inesperada -algo parecido a lo que hizo Usain Bolt en Pekín- y eso que estábamos ante ‘la carrera del siglo’, con cuatro hombres por debajo de 10 segundos.
Johnson pasa al primer plano mundial, mientras que se califica a Lewis como el gran derrotado. Sin embargo, 48 horas después, todo cambió. Se hace oficial que el canadiense ha dado positivo en el control antidopaje por estanozolol, un anabolizante que potencia la masa muscular.
Se llegó a hablar de complot: supuestamente le habían echado algo en unas cervezas que bebió antes para poder orinar y dar su muestra al servicio antidopaje. Pero al final Johnson confesó que se había dopado para vencer a Lewis y que llevaba haciéndolo varios años.
Inmediatamente fue despojado de su oro y, por consiguiente, del récord del mundo, que pasó a manos de Lewis, quien de esta forma revalidaba el título logrado cuatro años antes. Además fue suspendido por dos años.
El ocaso del campeón
Ben Johnson acusó al entorno de Carl Lewis de haber modificado su muestra, pero nunca obtuvo ninguna prueba que apoyara sus acusaciones. Años después reconoció que sí consumió sustancias prohibidas: «Todo el mundo me señaló como un tramposo, pero no fui el único que hizo trampa».
El canadiense volvió a competir tras la sanción en el año 1991, pero nunca volvió a ser la sombra del corredor que consiguió el bronce olímpico en Los Ángeles 1984.

Regresó y estuvo en Barcelona’92, aunque no pudo clasificarse para la final de los 100 metros porque en la semifinal se tropezó en la salida y quedó en último lugar. Ya no volvió a ser el mismo.
Es decir que en Barcelona’92 ni siquiera consiguió acceder a la final de los 100 metros lisos, y en 1993 la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) lo sancionó de por vida al ser condenado de nuevo por dopaje por su reincidencia.
/////



