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Efemerides Rafael Baldayac

Beisbol profesional RD ligado al cine desde hace 90 años

Conozca los primeros documentales en la historia fílmica dominicana. En el Play Enriquillo de Santiago se filmaron por primera vez las secuencias de los juegos de pelota que luego se presentaban en el Teatro Capitolio de Santo Domingo.

EFEMERIDES ESPECIAL 12 DE NOVIEMBRE 1931:

Por Rafael Baldayac

Las primeras imágenes cinematográficas sobre el beisbol profesional dominicano se exhibieron hace 90 años, el jueves 12 de noviembre de 1931, en la sala del Teatro Capitolio de la ciudad de Santo Domingo, mostrando en ese film las mejores jugadas ofensivas y defensivas de la pelota romántica de esa época.

Francisco Arturo Palau, un reconocido fotógrafo y camarógrafo, considerado Padre del Cine Dominicano, con frecuencia filmaba algunas de las secuencias de los juegos de pelota efectuados en la ciudad de Santiago para luego presentarla previo al inicio de las carteleras del cine.

Este fue el comienzo del cine sonorizado en la Republica Dominicana, que inicio con un noticiario de actualidades rodado en 1930 acerca de la figura del entonces flamante presidente Rafael Leónidas Trujillo.

En ese entonces el cine es adoptado por los medios de comunicación masivos como un instrumento ideológico. Por esa razón, en los treinta años de la tiranía se realizan solamente trabajos documentales sobre el país que exaltan al tirano y sus parientes.

Se presume que Palau se trasladaba a la ciudad de Santiago debido a que la ciudad de capital había sido arrasada por el ciclón San Zenón, destruyendo las principales instalaciones deportivas tales como el play Gimnasio Escolar, el Hipódromo La Primavera y el Coliseo de Boxeo.

El devastador fenómeno, que causó más de tres mil muertes y unos seis mil heridos, impactó a la ciudad capital el miércoles 10 de septiembre de 1930 y a solo 24 días de Rafael Leónidas Trujillo ascender al poder.

Santiago tenía como principal escenario beisbolero el llamado Play Enriquillo, que en el año de 1931 dando inicio a una floreciente etapa del pasatiempo favorito de los santiagueros.

El remozamiento del Play Enriquillo permitió los primeros partidos donde los fanáticos debían pagar para presenciar los encuentros.

“Se cercó con alambre de púas, permitiendo el acceso al terreno por una pequeña puerta en la cual se pagaba un derecho de entrada que oscilaba entre los dos y los cinco centavos por persona”,  narra Pirí Paulino en su libro Reseña del Baseball del Primer Santiago de America.

Sin embargo, aclara, que parte del público, a través de la cerca de alambres de púas, podía ver la acción desde las calles Del Sol, Restauración y Ulises Espaillat, en el sector de La Joya.

Explica que poco tiempo despues, el 11 de octubre de 1931, el Play Enriquillo se le colocó una verja de madera, “con tablas rústicas terminadas en punta” protagonizando el primer partido las novenas Duarte y Municipal.

En aquella época el conjunto ganador del encuentro recibía como remuneración el 20 por ciento de las entradas recaudadas y el perdedor solo el 10 por ciento, recuerda Pirí,  cobranza con la que se pagaba el salario a los peloteros.

Palau, tomaba las imágenes de estos juegos y días despues se presentaban en la sala principal del Teatro Capitolio, “haciendo un comentario según su muy personal apreciación”.

La construcción de la edificación del Teatro Capitolio, inaugurado el 9 de julio de 1925, constituyó el primer paso de avance en la oferta del entretenimiento cinematográfico, debido a  su céntrica ubicación frente al parque Colón y la Basílica Menor de Santa María de la Encarnación en Santo Domingo.

Todo eso se produjo luego de  la primera ocupación estadounidense, que se extiende desde 1916 hasta 1924, producto de la inestabilidad política y económica y el atraso en los pagos de los empréstitos realizados durante el siglo XIX, en el gobierno de Ulises Heureaux (1845-1899).

Durante el período 1924-1930, la economía dominicana vive un período que se denomina la “Danza de los Millones”, motivado principalmente por el aumento en los precios internacionales de la caña de azúcar, tabaco, café y cacao dominicanos.

Antes del Teatro Capitolio la capital contaba con cinco salas de cine (Teatro Colón, Independencia, Duarte, Capotillo y Rialto), mientras que los infantes de marina norteamericanos en el buque “Dorothy” (primer cine flotante) continúan exhibiendo películas.

Exhibían películas de ficción, dos veces por semana para los niños de Ciudad Nueva, de producciones italianas, francesas y españolas de las casas Gelabert e Hispano Films, al igual que algunos reportajes y noticieros de la casa Pathè y Zecca.

La dinámica del entretenimiento se expande por los distintos puntos de la ciudad capital ofertando, además de las habituales compañías de teatro, las exhibiciones cinematográficas.

Es en este contexto que el pionero de los realizadores dominicanos, Francisco Arturo Palau (1879-1937), muestra su primer ensayo cinematográfico, “La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia” que se estrena en el teatro Colón la noche del 16 de febrero de 1923.

Luego propone un proyecto más ambicioso con la comedia de cinco actos titulada “Las emboscadas de Cupido” que se exhibe, de manera simultánea, en los teatros Colón e Independencia, el 19 de marzo de 1924 (cuatro días después de las elecciones que llevan a la presidencia de la República al general Horacio Vásquez), junto a su documental, “La República Dominicana”.

Esta efervescencia económica vivida en especial entre 1918 y 1921 produce un incremento de la demanda de artículos manufacturados importados, e incide en el incipiente proceso de urbanización y modernización que experimentan la ciudad de Santo Domingo, pueblos como Santiago, La Vega, San Pedro de Macorís y Puerto Plata.

LAS SALAS DE CINE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

No obstante, antes que Palau presentara sus trabajos en los teatros Colón e Independencia, estas mismas salas son testigos de la proyección, el 31 de enero de 1920, del reportaje “Excursiones de José de Diego a Santo Domingo”, la primera película rodada en territorio dominicano.

Se trata de un trabajo del camarógrafo español Rafael J. Colorado (1869-1959), fundador de la Sociedad Industrial Cine-Puerto Rico quien en 1915 llega a Santo Domingo acompañando al patriota puertorriqueño José de Diego (1866-1918) para filmar un documental sobre los distintos aspectos de su visita al país.

Es por esto que las edificaciones de estos recintos que se construyen desde mediados de los años 20 hasta los años 50, cada vez se utilizan para importantes acontecimientos relacionados con la exhibición cinematográfica puesto que también responden a la funcionalidad arquitectónica que supone la modernidad técnica que estos espacios empiezan a ofrecer.

El Primer Censo Nacional que se realiza desde el 19 de enero hasta el 24 de diciembre de 1920, arroja el dato de una ciudad de Santo Domingo con una población de 45,007 habitantes.

Esto refleja, además, la proyección de una ciudad que busca ampliarse en lo referente a las actividades lúdicas donde el cine cada vez más es tomado en cuenta iniciando un proceso de construcción de edificaciones más propicias para las exhibiciones cinematográficas.

Una muestra de estos lo constituye el Teatro Capitolio, significa un paso de avance en edificación y en la oferta del entretenimiento cinematográfico en  la que presentaba una cartelera atractiva de los mejores filmes de la época, películas mudas y en blanco y negro.

El responsable de su diseño es el arquitecto Juan Bautista del Toro. El primer censo se realiza durante la administración del general Thomas Snowden, gobernador estadounidense de Santo Domingo tras la ocupación estadounidense de la República Dominicana.

LA HISTORIA DEL CINE DOMINICANO

El cine en la República Dominicana fue introducido al país en agosto de 1900 por Francesco Grecco, un comerciante que se estableció en Puerto Plata, en donde eligió el Teatro Curiel para mostrarle a los dominicanos el cinematógrafo de los hermanos Lumiere y las posibilidades que tenía este séptimo arte.

Esas primeras exposiciones del industrial Francesco Grecco, llegaron para quedarse tras haber hecho un recorrido por el Caribe para mostrar la invención del cinematógrafo, un aparato capaz de filmar y proyectar imágenes en movimiento inventado por los hermanos Lumiére con apenas cinco años de patentado, había sido traído a República Dominicana.

A pesar de que se había dado inicio al desarrollo cinematográfico en el país a través de este filme, no hubo una continuidad en la producción y en la exploración documental, quedando esta como una manifestación artística del momento, sin ningún tipo de incentivo industrial.

Después de estas primeras manifestaciones cinematográficas se detecta en la prehistoria fílmica del cine dominicano, los trabajos del fotógrafo y editor Francisco Palau, que en 1922 al lado del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca hacen la primera película de ficción del cine dominicano

Se titulaba “La leyenda de la virgen de la Altagracia”, con la colaboración en los textos del historiador Bernardo Pichardo. Palau la estrena en la noche del 16 de febrero de 1923, convirtiendo esta producción de cortometraje en la primera película dominicana.

El entusiasmo de este equipo motiva más adelante la realización de una comedia con tintes ingenuos con el título de “Las emboscadas de cupido” (1924).

Esta película, contada en cinco actos, narra la historia de un par de enamorados que, al no tener el consentimiento del padre de la novia, obliga al novio a realizar una divertida trama para que el padre pueda aceptarlo. Fue exhibida al público el 19 de marzo de 1924.

Se tiene conocimiento de que antes de los trabajos de Francisco Palau, el camarógrafo puertorriqueño Rafael Colorado hace en 1915 la primera película realizada en la República Dominicana, por un extranjero, titulada “Excursión de José de Diego en Santo Domingo”.

Pero ninguno de estos primeros intentos produce una línea de producción continua y la exploración cinematográfica queda dentro de una pura manifestación artística del momento y no un incentivo industrial.

Los años venideros marcan un limbo total en la producción cinematográfica de ficción.

DOCUMENTALES EN LA HISTORIA FÍLMICA R.D.

La instalación del régimen del presidente Rafael Leónidas Trujillo en 1930, marcado desde sus inicios como un régimen dictatorial, impone un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello que se entiende como beneficioso para sus propósitos.

Por esa razón, en los treinta largos años de la tiranía se realizaron solamente trabajos documentales del país con la exaltación del tirano, sus obras y sus parientes.

Los primeros pasos del documentalismo dominicano Independiente del poco aprovechamiento para el desarrollo de las producciones de ficción, un área que se despliega más allá de las posibilidades es el documental.

Y en este género existen trabajos pioneros como los de Adam Sánchez Reyes, Salvador Arquímedes Sturla y Tuto Báez, quienes realizan algunas de las más importantes fílmicas históricas, como la llegada del aviador norteamericano Charles Lindbergh al país (4 de febrero de 1928).

Los destrozos del ciclón San Zenón (3 de septiembre de 1930) o la primera toma de posesión de Rafael Leónidas Trujillo y Estrella Ureña en el Parque Colón (16 de agosto de 1930). Además, las ceremonias del 27 de febrero en la Catedral (1927) y las fiestas del 400 aniversario de la fundación de Santo Domingo (1946).

Este oficio de reportaje noticioso también empieza a expandirse dentro de un grupo de aficionados encontrándose entre estos el desempeño de María Electa Stéfani Espaillat (1884-1962), considerada la primera cineasta dominicana, colaboradora del equipo Palau-Alfonseca, en los primeros años de la década del veinte y quien colaboró en las “Revistas cinematográficas” de los años veinte.

Hija de Sofía Espaillat (1857-1895) y del ingeniero italiano Pílades Stefani Viegani (1854-1928), cuyos abuelos maternos fueron el presidente de la República Dominicana, Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823-1878) y Eloísa Espaillat Rodríguez (1818-1919).

María Stéfani, como refiere el investigador José Luís Sáez en su libro “Historia de un sueño importado” (Ediciones Siboney, 1982), se dedicaba a la filmación de reportajes o las llamadas “Revistas cinematográficas” en las que captó el recibimiento hecho en 1929, por los habitantes de Santo Domingo, al famoso boxeador vasco Paulino Uzcudun al igual que el desembarco de la Misión Dawes.

Ya en los años treinta, aunque no se manifiesta un avance de las producciones de ficción, el documental continuó desarrollándose, sin embargo, sólo apuntando a crónicas fílmicas de exaltación al tirano y sus familiares, así como noticieros dirigidos a afianzar su poder dentro de un marco de absoluta vigilancia hacia los intereses particulares de la familia.

Bajo este contexto, el documentalista Rafael Augusto Sánchez Sanlley (Pupito), quien produce en 1953, con la empresa Cinema Dominicana, trece documentales por encargo para las Secretarías de Estado del régimen, con la dirección del cubano Pepe Prieto, vive en carne propia la rigidez de la estructura política imperante.

Al ser fiel a la realidad, sus documentales muestran algunos aspectos de la miseria que se vivía en los años 50 en la República Dominicana, mostrando una realidad contrastante entre la carencia material del pueblo dominicano y la opulencia que exhibía la familia Trujillo.

Ante esta situación se ordena desmantelar la productora Cinema Dominicana y el apresamiento de Pupito Sánchez Sanlley, quien es llevado a las cárceles de tortura del régimen, de donde no sale jamás.

Clauco Duquela, contable de la compañía, es sacado de su casa, en la calle San Martín, personalmente por Federico Fiallo, jefe de la policía de entonces, y tampoco se vuelve a saber de él. Ya antes, los colaboradores extranjeros del proyecto se escapan por diferentes vías del país.

Lo interesante de este hecho fue que a tan sólo dos semanas de producirse el ajusticiamiento de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, Hugo Mateo, quien había colaborado con Pupito Sánchez Sanlley y su equipo en los trece fatídicos documentales, inicia la realización de “30 de mayo: gesta libertadora”, utilizando material de archivo.

Otros como Manuel Báez (hijo de Tuto Báez) y Eugenio Fontana también se dedican a la realización de documentales y noticieros en el país. A Manuel Báez se le debe el primer documental dominicano en 35mm y en color realizado en 1958 titulado “Ganadería: riqueza nacional”.

La labor continúa en los años siguientes con profesionales que han hecho una tarea más o menos en progresión y con diferentes notas estilísticas que han dado muchas razones para hacer de este género una viable muestra dentro del cine dominicano a pesar de que la exhibición de largometrajes documentales en las salas de cine del país es limitada.

Un acontecimiento importante en el área del documental en la República Dominicana ocurrió el 12 de octubre de 1978 cuando fueron presentados, en el Teatro Olimpia, los cortos documentales “Siete días con el pueblo” de Jimmy Sierra.

Este era un documental acerca del más significativo evento popular artístico acontecido en la época del gobierno del doctor Joaquín Balaguer celebrado en 1974.

Otro era del periodista José Bujosa Mieses titulado “Rumbo al poder”, un documental de la campaña política de 1978 que llevó el triunfo al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Más tarde, Onofre de la Rosa, a través del Grupo Cine Militante realiza el corto documental “Crisis” en 1977, donde expone la agresión económica y militar contra la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) durante el gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

De acuerdo con una información publicada en la revista Fotómetro, órgano oficial del Instituto Dominicano de Arte y Cine (IDAC), este trabajo fue el primero en participar en un festival latinoamericano y el primero en participar en el Festival de Oberhausen, Alemania Federal.

Otros realizadores como Winston Vargas, Pericles Mejía, Camilo Carrau, Claudio Chea, Peyi Guzmán, Agliberto Meléndez, Félix Germán y José Luis Sáez también marcaron el medio con interesantes propuestas documentales.

Es importante destacar la labor en esta área del documentalista Max Pou, quien ha desarrollado una carrera con cierto sentido de disciplina y dominio técnico. Se recuerda el trabajo que realizó junto a Eduardo Palmer titulado “El esfuerzo de un pueblo” (1968).

Luego en 1969 realiza, esta vez junto al también camarógrafo Ricardo Thorman, “Carnaval”, un documental turístico hecho en 35mm y un año más tarde produce otro documental con las mismas características titulado “Santo Domingo: Cuna de América” (1970).

También otros trabajos importantes de Pou son “Lengua azul” (1976) y “Fondo negro” o “Los dueños del sol” (1976), este último, presentado en la conferencia sobre el hábitat, auspiciada por las Naciones Unidas, en Vancouver, Canadá.

 

LA PRIMERA PELÍCULA POS TRUJILLISTA

 

No es hasta 1963 que el dramaturgo Franklin Domínguez lanza su largometraje “La silla”, donde denuncia los horrores del régimen de Trujillo, convirtiéndose en la primera producción dominicana que se realiza después de la caída del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

El filme cuenta con un solo actor, Camilo Carrau, y a través de este carácter la película va relatando los hechos históricos que marcaron la dictadura trujillista.

Luego, en 1967, Max Pou y Eduardo Palmer elaboran dos trabajos documentales: ‘El Esfuerzo de un pueblo’ y ‘Nuestra historia’.

El actor se enfrenta a una secuencia de escenas diversas que abarcan desde el contenido filosófico de su escena, hasta aquellas desesperantes de la silla eléctrica y las cámaras de torturas de la tiranía.

A partir de ese entonces, de acuerdo al periodista y crítico de cine Félix Manuel Lora, surge en los 70 la denominada ‘fiebre de cine amateur’ que respondió a una “curiosa necesidad de tener respuesta local frente a los demás movimientos latinoamericanos que entendían que el arte puede ser usado como un medio para rescatar ideas, asumir posiciones sociales y dar la cara a la problemática social de los países”.///

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