Arthur Ashe/ Fuente Externa

Por Rafael Baldayac
EFEMERIDES ESPECIAL 8 DE SEPTIEMBRE 1968:
Hace medio siglo el mundo se vio envuelto en transformaciones políticas, sociales y científicas significativas. El tenis mundial también experimentó un cambio importante.
“El éxito es un viaje, no un destino”. La frase es de Arthur Ashe, el primer tenista afroamericano en ganar un Grand Slam, el campeón del primer US Open abierto a profesionales y amateurs (1968), y el primer amateur en vencer en uno de los cuatro grandes torneos del mundo.
En 1968 los jugadores amateurs que llenaron los principales sorteos del torneo comenzaron a compartir el foco de atención con los profesionales, marcando el comienzo de la era «abierta» del tenis.
También fue el año en que Arthur Ashe conquista el primer título de la era del Abierto de Estados Unidos; venciendo el 8 de septiembre de 1968 al holandés Tom Okker 14-12, 5-7, 6-3, 3-6, 6-3 en el Forest Hills, New York.
Ashe queda marcado en la historia como campeón del primer US Open abierto a amateurs y profesionales, fue también el primer afroamericano en ganar un Grand Slam.
Este primer US Open (anteriormente conocido como el Campeonato Nacional de los EE. UU.) tuvo lugar en el Westside Tennis Club en Forest Hills, Nueva York, donde se produjo el primer gran triunfo de Arthur Ashe, la leyenda que trascendió más allá de las pistas.
A pesar de no ser profesional, Arthur Ashe era conocido por ser uno de los grandes talentos norteamericanos, habiendo sido campeón ese mismo año del correspondiente campeonato nacional en categoría amateur.
Siendo el primer jugador negro en alzarse con el trofeo, Ashe sumó un total de 26 saques directos ante el holandés Tom Okker para hacerse con el torneo que posteriormente se disputaría en Flushing Meadows.
Campeón del primer US Open
52 años después de su victoria en Forest Hills, y 27 después de su muerte por el sida,
Ashe es una leyenda que ha trascendido más allá de las pistas. Apenas tiene tres títulos de Grand Slam en su palmarés, pero nadie discute que es uno de los grandes del deporte de la raqueta.

La edición del US Open de 1968 fue bastante caótica en su organización, porque al unirse amateurs y profesionales, no había un mando claro. También hubo muchas ausencias de jugadores de relieve.
Parte de los problemas fueron consecuencia de que el torneo lo organizaron tres entidades: la federación estadounidense (USLTA), el West Side Tennis Club de Forest Hills, y la compañía Madison Square Garden Attractions Inc., que ese año había inaugurado en febrero su cuarta sede, la que aún mantiene en la Pennsylvania Plaza, entre la séptima y octava avenida.
Apenas tiene tres títulos de Grand Slam en su palmarés, pero nadie discute que es uno de los grandes del deporte de la raqueta. La Copa Davis fue fundamental para que Arthur Ashe pudiera disputar aquel US Open de 1968.
En el mes de junio, Ashe había ganado sus partidos ante Ecuador y, dos semanas antes del inicio del US Open, en eliminatoria disputada en Cleveland ante España, Ashe derrotó a Juan Gisbert y Manolo Santana.
Tras la Copa Davis, Ashe debía reintegrarse a sus obligaciones militares como lugarteniente en West Point, y por lo tanto quedaba fuera de la posibilidad de jugar en Forest Hills.
Donald Dell, capitán del equipo estadounidense de Copa Davis, y con amplios contactos, fue quien convenció a la US Army de la necesidad de que Ashe siguiera compitiendo, para llegar bien preparado a la semifinal ante la India.
Arthur Ashe (Archivo)
Donald Dell sabía que Ashe estaba en su mejor momento y ‘necesitaba’ seguir jugando. Ashe llegó al US Open tras dos meses de éxitos, ganando los US Amateur Championships en Longwood superando a Bob Lutz en la final, los Grass Courts Championships de Pennsylvania ante Marty Riessen, y el Campeonato de la US Army.
Conflicto porque no existía un ranking
Uno de los grandes problemas antes del inicio del torneo, fue la designación de cabezas de serie, ya que no existía un ranking conjunto.

Finalmente, la organización tomó la decisión de otorgar las cuatro primeras plazas a profesionales, curiosamente todos ellos australianos: Rod Laver (1), Tony Roche (2), Ken Rosewall (3) y John Newcombe (4).
Arthur Ashe, que había debutado en el torneo en 1959 ante Rod Laver, y que alcanzó las semifinales en 1965, fue designado como quinto cabeza de serie.
Ashe disputó ese torneo gracias Donald Dell, capitán de la Copa Davis. Con un cuadro de 96 jugadores, con sólo un español (Andrés Gimeno), y con 100,000 dólares en premios, el torneo contó con más de la mitad de jugadores estadounidenses (50 sobre 96), y con uno muy especial: Ricardo Pancho Gonzales.
Pancho Gonzales, campeón del torneo en 1958 y 1959, se enroló con los profesionales tras su segundo éxito en Forest Hills, y regresaba a ese escenario 19 temporadas después, con 40 años, y llenando las pistas.
Campeones de leyenda como Donadl Budge, Frank Parker, Bobby Riggs y Pancho Segura no quisieron perderse sus partidos. Llegó a los cuartos de final donde cedió ante Tom Okker.
Gonzales jugó su último Open en 1973, con 45 años, y perdió en primera ronda, cosas del destino, también ante Okker.
Ashe jugó con la vestimenta de Copa Davis
Arthur Ashe jugó todo el torneo con la vestimenta de Copa Davis, y ganó sus tres primeros partidos sin ceder un set. Se plantó en los cuartos de final tras eliminar a Frank Parker, Paul Hutchins y Roy Emerson.
En cuartos de final superó en cuatro sets a Cliff Drysdale, que había dado la gran sorpresa eliminando a Rod Laver. En semifinales se midió con Clark Graebner, verdugo de John Newcombe, al que superó también en cuatro sets.

FOTO: Se cumplen 52 años de un triunfo a todas luces histórico. Arthur Ashe levantaba un trofeo rodeado de connotaciones únicas.
Tras eliminar en semifinales a Ken Rosewall, el holandés Tom Okker se convirtió en el rival de Ashe en la final.
El encuentro fue una gran reivindicación de los amateurs ante los profesionales, ya que tanto Ashe como Okker eran amateurs. Durante el torneo, se contabilizaron 13 victorias de jugadores amateurs sobre los profesionales.
La final se tuvo que posponer un día debido a la lluvia, lo que en parte repercutió en que sólo 7.000 espectadores presenciaron en directo el encuentro.
Fue un partido de ataque. Ashe se impuso por 14-15, 5-7, 6-3, 3-6 y 6-3 en dos horas y 40 minutos. En el último parcial, Ashe logró 15 aces. Su padre fue invitado a la ceremonia de entrega de trofeos en la que ambos se abrazaron.
La final entre Ashe y Okker fue una gran reivindicación de los amateurs ante los profesionales
Otra de las curiosidades de la final fue que Ashe, por su condición de amateur y militar, no pudo cobrar el cheque de 14.000 dólares del campeón y sólo recibió 20 dólares diarios en concepto de dieta.
Okker, pese a ser también amateur, había alcanzado un acuerdo con su federación para poder recibir premios en metálico, y se llevó los 14.000 dólares a casa.
Poco después de la final individual, Ashe volvió a pista para jugar la final de dobles formando pareja con Andrés Gimeno, con quien mantenía una gran amistad. Perdieron por 11-9, 6-1 y 7-5 ante los estadounidenses Bob Lutz y Stan Smith.
Una vez finalizado el torneo, Ashe atendió a los medios de comunicación y habló de racismo, política y del Black Power.
Al día siguiente, se fue al Caesar’s Palace de las Vegas para ver la actuación de Harry Belafonte, con quien años después fundó la asociación Artists and Athletes Againts Apartheid.
US Open 1968, 52 años de un triunfo para la historia

FOTO: En la foto se ve un corte de pelo a lo afro y se adivina la montura de una pesada gafa de pasta.
Hace exactamente 52 años el tenis había entrado en la dimensión por la que es hoy conocido. A finales de abril de 1968 amateurs y profesionales dejaron de competir en circuitos diferentes y unificaron sus carreras para formar la Era Open, una fecha especialmente señalada por el significado de lo que quedaba atrás y lo que el futuro depararía.
Tras cumplirse hoy 52 años del US Open de 1968 en categoría masculina, el primero de la Era Open, ganado por Arthur Ashe, multitud de datos curiosos se recuerdan con asombro.
Disputado sobre hierba hasta 1974, siendo el único grande jugado en tres superficies (hierba hasta 1974, en arcilla, en Forest Hills, desde 1975 a 1977, y en pista dura desde 1976), el torneo iba a tener un protagonista no tan inesperado.
Una de las curiosidades de la final fue que Ashe, por su condición de amateur y militar, no pudo cobrar el cheque de 14.000 dólares del campeón y sólo recibió 20 dólares diarios en concepto de dieta
27 años sin Arthur Ashe
El pasado día 6 de febrero, se cumplieron 27 años de la muerte del gran Arthur Ashe, uno de los grandes iconos del tenis estadounidense.
Aquella edición, que repartió 100.000 dólares, la cifra más alta conocida hasta la época, no entregaría el premio en metálico a su ganador, 14.000 dólares, al no ser aún Ashe profesional, yendo a parar a manos del finalista Okker.
Al ser ‘aficionado’, Arthur Ashe, quien después daría nombre a la pista central y estadio más grande del mundo en el que se disputan partidos profesionales de tenis, sumó un total de 280 dólares, veinte al día, cantidad que le correspondían a los amateurs. Sin ir más lejos, su habitación era pagada por la propia Federación Estadounidense (USTA).
Fue una edición que, de alguna manera y aunque sabido por el entorno de los jugadores y los medios de comunicación, no todos los mejores tenistas se encontraban entre los profesionales.
Ashe, amateur, fue quinto cabeza de serie de aquella edición, por detrás de la aristocracia australiana -Rod Laver, Tony Roche, Ken Rosewall y John Newcombe-. Y es que el supuesto dominio de los ‘pros’ predominio quedó en entredicho.

FOTO: Arthur Ashe, en la cancha de tenis junto a su padre (Archivo)
Diecisiete profesionales fueron derrotados por aficionados en individuales; 13 en categoría masculina, cuatro en la femenina. Sumando así su victoria consecutiva número 25, Ashe se convertía en el único tenista amateur que esa temporada levantaba uno de los seis eventos abiertos que se disputaron en 1968.
Fue así, en circunstancias muy especiales como se sucedió el US Open de 1968, el primero de la Era Open, el primero ganado por un afroamericano y el primero ganado por una amateur que jugaba con profesionales.
Ashe, posteriormente, se haría con los títulos del Open de Australia y Wimbledon, miembro del Hall of Fame, uno de los tenistas más activos con los derechos sociales y, en definitiva, una auténtica leyenda del tenis mundial.
Tampoco puede sorprenderle, él es Arthur Ashe y su vida es el relato de un negro conviviendo -y luchando- en un mundo de blancos, el del tenis. Una historia que se repite en su tiempo, porque nacer con su raza en los años 40 es sinónimo de aguantar desigualdad, escarnio y racismo institucionalizado.
También de convertirse en observador de una pelea por la igualdad como pocas hubo en la historia del deporte.
En su caso, de hecho, convertirse en un actor privilegiado dentro de esa batalla, entre otras cosas por ser el primer negro en ganar un grand slam, el US Open, victoria de la que se cumplen 52 años este verano.
Arthur Ashe jugaba al tenis y lo hacía tan bien que hoy en día sigue siendo el único negro en ganar Wimbledon. También se hizo con el US Open y el Abierto de Australia, cerrando así un palmarés que, sin más añadidos, ya le convertiría en un personaje notable en la historia de su deporte.
Constreñir su peripecia en unos cuantos torneos es, en todo caso, minimizar una vida ejemplar. Porque Ashe fue un gran tenista, pero eso solo un dato más en una ilustre biografía.

FOTOS: Dos fotografías del nuevo libro ‘Crossing de line’. Pero con una raqueta, en la soledad que tiene el tenis, se defendía bastante bien. Enfrente del protagonista, tomando notas, una pléyade de periodistas encorbatados, atentos a lo que escuchan desde el otro lado de la mesa. Todos blancos.
Ashe nació y eso le costó la vida a su madre, que murió en el parto para poner aún más difícil lo que estaba por venir. Su padre era el severo encargado de mantenimiento de uno de los parques públicos de la ciudad, con residencia incluida en el mismo.
Esa pequeña casualidad marcaría para siempre la vida del joven Arthur, que terminó jugando a un deporte que nadie de su raza pensaba como una opción. Las pistas en las que empezó estaban en esos jardines. A él le gustaba el fútbol americano, pero la fisionomía no ayudaba.
Demasiado enjuto, demasiado frágil, no lo suficientemente fuerte. Que en la familia le llamasen ‘Bones’, es decir, huesos, apunta a que el físico de aquel chico de gafas no era el de un gran atleta.
Entrenaba a hurtadillas, porque las canchas eran terreno segregado, pero un jugador local que peloteaba con él vio potencial en su juego.
Y le recomendó a otro, que también observó lo mismo. Así hasta que alguien, con poder y visión, determinó que Arthur Ashe era un jugador digno para una beca en UCLA, la universidad californiana de Los Ángeles que destaca, entre otras muchas cosas, por tener unos potentísimos programas deportivos.
Ashe hizo de la raqueta el medio de vida perfecto, pero no resumió su vida en el tenis. En 1968, y de eso hace ya 50 años, se impuso en el US Open. Por ello hoy se desvelan fotografías que antes no habían visto la luz, y se hará en su honor una exposición que se mostrará en el torneo neoyorquino.
Además, un libro, ‘Crossing the line’ tratará de acercar su figura a las nuevas generaciones. La imagen del tenista es de esas que se quedan siempre en la memoria, la ropa blanca, las gafas de montura ligera, el pelo ensortijado.
Pero, más allá de su inconfundible figura, era su voz lo que destacaba, la que le hizo no conformarse y le llevo siempre a tratar de mejorar las condiciones de vida de la gente.
Los derechos civiles
Antes de llegar a eso, su primera final, a los 12 años. Los niños juegan en la confusión entre lo que es competitivo y lo que es puramente recreativo. Él, que era muy bueno, fue poco a poco pasando rondas hasta plantarse en la final.
La perdió sin dar un raquetazo, sin lesionarse, sin ningún problema de agenda. La perdió porque era negro y no querían darle un título a una persona de su raza. Caería muchas veces más, porque el deporte implica la derrota, pero fue la única vez que la causa fue el color de su piel.

Ashe iba ganando y, en paralelo, reinvirtiendo. En derechos humanos, en políticas contra el racismo, en hacer todo un poco más igualitario. En sus días como tenista la situación en Estados Unidos no se había arreglado, pero ya habían pasado los duros 60, con Martin Luther King o Malcolm X.
Pero quedaba por hacer, porque la igualdad no es solo una cuestión de leyes, muchas veces la clave es el dinero. Ashe invirtió en becas universitarias, también en instalaciones deportivas, siempre con la idea en la cabeza de borrar los escalones que separaban a los privilegiados.
Su objetivo, al principio, era jugar la Copa Davis, una victoria completa para el teniente, pues Ashe también pasó por el ejército. Representar al país siendo negro. Lo consiguió muy rápido, al poco salir de UCLA. Ashe, de hablar pausado, nunca gritaba en la pista porque creía que, de hacerlo, iban a decir que era por su raza y le iban a tachar de poco educado. Hasta esos límites llegaba.
Y en la Davis, en 1969, llegó el momento de ir a Sudáfrica. Pidió la visa deportiva, como era de recibo, y se la denegaron. Por aquel entonces el Apartheid estaba en plenitud y el gobierno del país, estrictamente racista, se veía con fuerza para determinar que uno de los mejores jugadores del tenis del momento no podía disputar partidos por el color de su piel.
Ashe no pidió un boicot a los jugadores sudafricanos, pero emprendió una dura campaña contra el país. Reclamó el visado una y otra vez, siempre sin éxito y terminó consiguiendo que su país sancionase a Sudáfrica por sus conductas racistas así como que fuesen expulsados de la federación internacional.
Esta fue una de las primeras sanciones importantes que se encontró el Apartheid y el deporte, en lfs siguientes años, sería importante para internacionalizar y juzgar un régimen tan vil.
La pandemia del sida
Sudáfrica nunca desaparecería del todo de su vida. Por protestar ante la Casa Blanca contra el régimen sudafricano fue detenido en 1985. Por aquel entonces ya se había retirado del tenis, había sido capitán de la Copa Davis y se le detectaron importantes problemas cardíacos que marcarían su vida.

No le quitaron, eso sí, las ganas de guerrear, ya que años después sería detenido de nuevo por protestar en la crisis de refugiados Haitianos. Además, pronto se vio que Ashe tenía dotes intelectuales elevadas, le fue concedida una columna en el Washington Post y su voz resonó mucho más allá del deporte.
La segunda operación de corazón tendría que haber sido menos problemática que el triple by-pass, pero a la larga se sabría que fue fatídica. En ella recibió una transfusión de sangre. Y esa sangre estaba contaminada con el VIH.
Con ello le tocó vivir una pandemia que se llevaría por delante a cientos de miles de personas. También volver al escarnio, al miedo y al dolor, porque en aquel momento el sida era una enfermedad desconocida, temida y que causaba una importante alarma social.
Ashe trató durante años de esconder su dolencia, pero un artículo del USA Today desveló lo que ocurría. «Estoy enfadado porque se me ha puesto en una posición en la que he tenido que mentir para proteger mi privacidad. No he cometido ningún crimen», dijo poco antes de romper a llorar al nombrar a su hija de cinco años.
No le quedaba demasiado por delante, pero le dio tiempo para crear una Fundación y explicar lo que significaba realmente tener la letal enfermedad.
El 6 de febrero de 1993, con solo 49 años, fallecía Ashe. Todavía hoy el único negro en ganar Wimbledon, la pista central del US Open se renombró para homenajearle, porque había muerto mucho más que un tenista.
Torneo individual masculino del Abierto de EE.UU. disputado como amateur desde 1881. La nueva era a nivel profesional desde 1968.
* No se disputó la rueda clasificatoria + Rueda clasificatoria cancelada
La cancha principal lleva el nombre de Arthur Ashe. Muchas canchas de tenis de Estados Unidos se llaman como él, que tanto ayudó a financiarlas. La barrera del racismo, siempre tan dura, un muro de contención fue superada en este deporte gracias a él. Hoy se cumplen 52 años de su primer Grand Slam y 27 de su muerte. Aquel día, marchó una leyenda. ///



