Por Nelson de la Rosa
Prensa CBPC
SANTO DOMINGO, RD .– Roberto Alomar ya había conquistado dos Series Mundiales con los Azulejos de Toronto cuando llegó a la Serie del Caribe de 1995, pero todavía tenía espacio para escribir otra página extraordinaria de su carrera.
En San Juan conectó siete imparables consecutivos, terminó con promedio de .560 y fue elegido Jugador Más Valioso de un equipo puertorriqueño que conquistó invicto el campeonato.

Dos años antes, un 19 de octubre, había protagonizado otra noche memorable, con cuatro hits frente a Filadelfia en el Clásico de Otoño.
Aquella actuación ocurrió el 19 de octubre de 1993, durante el tercer encuentro de la Serie Mundial entre Toronto y los Filis de Filadelfia.
Alomar conectó cuatro imparables en cinco turnos, anotó dos carreras y remolcó otras dos, contribuyendo a la victoria 10-3 de los Azulejos en el Veterans Stadium, un resultado que colocó al conjunto con franquicia canadiense delante 2-1 en la serie.
Los Azulejos conquistarían posteriormente el campeonato en seis encuentros, completando su segundo título consecutivo, mientras Alomar consolidaba su posición entre los mejores intermedistas de las Grandes Ligas.
Pero el puertorriqueño, que había comenzado su trayectoria profesional en la organización de San Diego y alcanzado la consagración con Toronto, también encontró en el béisbol invernal un escenario para demostrar su talento.

Participó en cuatro Series del Caribe, representando a distintos equipos de Puerto Rico, y en una de ellas protagonizó una actuación que todavía ocupa un lugar especial en la historia del torneo.
Siete imparables consecutivos y un campeonato invicto
La Serie del Caribe de San Juan 1995 reunió a uno de los conjuntos más recordados del béisbol puertorriqueño. Los Senadores de San Juan, conocidos como el Dream Team, contaron con figuras como Carlos Baerga, Juan González, Bernie Williams y Edgar Martínez, además del propio Alomar, y ganaron sus seis compromisos para conquistar el título sin conocer la derrota.
Alomar fue uno de los principales responsables de aquella actuación. Terminó con 14 imparables en 25 turnos, promedio de .560, nueve carreras anotadas y diez impulsadas, números que le permitieron conquistar el premio de Jugador Más Valioso y formar parte del equipo Todos Estrellas.
Sin embargo, hubo una secuencia de turnos que convirtió su participación en una historia todavía más especial. El 6 de febrero, frente a los Azucareros del Este de República Dominicana, falló en su primera oportunidad, pero después comenzó una cadena de cinco imparables consecutivos, el primero de ellos frente a Pedro Martínez.
Al día siguiente agregó otros dos hits en sus primeras apariciones contra los Naranjeros de Hermosillo y completó una racha de siete imparables seguidos.
Aquella actuación aparece en nuestros registros históricos de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe como una marca extraordinaria. Además, Alomar igualó el registro de seis hits en un partido y terminó con 14 imparables en la edición, cifra que comparte entre las mejores actuaciones ofensivas de una Serie del Caribe.

El significado de aquella actuación fue más allá de los números. Puerto Rico celebró en su propio territorio el campeonato de un equipo integrado por varias estrellas de Grandes Ligas, en una edición que se mantiene entre las más recordadas del certamen. Alomar, que ya conocía la emoción de ganar una Serie Mundial, encontraba otra oportunidad para celebrar frente a su gente.
Pero la historia de Roberto Alomar en el clásico regional no se limitó a San Juan 1995. Había debutado en 1987 con los Criollos de Caguas y regresó en 1996 con los Lobos de Arecibo y en 1997 con los Indios de Mayagüez, completando cuatro participaciones en representación del béisbol puertorriqueño.
Al momento de su elección al Pabellón de la Fama de la Serie del Caribe, en 2011, ostentó un promedio de .337, con 33 imparables en 98 turnos, cuatro cuadrangulares y 19 carreras impulsadas.
En Grandes Ligas, Alomar completó 17 temporadas, acumuló 2,724 imparables, 210 cuadrangulares y promedio de .300. Participó en doce Juegos de Estrellas, conquistó diez Guantes de Oro y cuatro Bates de Plata, además de las Series Mundiales de 1992 y 1993 con Toronto.
En 2011 recibió dos reconocimientos que reflejan las dimensiones de su carrera: su ingreso al Salón de la Fama de Cooperstown y su exaltación al Pabellón de la Fama de la Serie del Caribe, donde compartió la promoción puertorriqueña con Carlos Baerga, Luis de León y Cándido Maldonado.
El 19 de octubre de 1993 quedó registrado como una de las grandes noches de Roberto Alomar en la Serie Mundial, pero su historia también pertenece al Caribe. Desde aquellos cuatro imparables frente a Filadelfia hasta su extraordinaria actuación en San Juan 1995, el puertorriqueño demostró que su talento podía brillar en los escenarios más exigentes del béisbol, dejando una huella que hoy forma parte del patrimonio histórico de la Serie del Caribe.


