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Pítcher lucha por una vida mejor para sus compañeros ligas menores

Kieran Lovegrove este año hizo públicas sus quejas sobre cómo los Angels estaban tratando a sus jugadores de ligas menores. Desde entonces, ha visto algunas señales alentadoras.

La novena temporada de liga menor de Kieran Lovegrove comenzó este verano como tantas otras antes.

El lanzador llegó a la filial de doble A de los Angels, cerca de Huntsville, Alabama, luchando por encontrar un lugar para vivir, algo común en el béisbol de ligas menores, donde los jugadores normalmente tienen que encontrar su propio alojamiento durante la temporada.

Vio a sus compañeros de equipo luchando por conseguir una dieta nutritiva, o a veces incluso por llegar a fin de mes, un síntoma de la estructura salarial de las ligas menores que, según los críticos, deja a los jugadores muy mal pagados.

Y sintió el peso de esas condiciones en el clubhouse, un estrés e incertidumbre que parecía estar presente en casi todas las demás etapas de su carrera en las ligas menores.

Lovegrove, de 27 años, nunca ha aparecido en las ligas mayores desde que fue reclutado en la tercera ronda en 2012 de la escuela secundaria de Mission Viejo. Pero durante su carrera de casi una década en las ligas menores, que lo ha llevado a nueve filiales en cuatro organizaciones, una cosa ha quedado cada vez más clara.

“Tal vez hay algo sistemáticamente mal”, dijo Lovegrove recientemente, hablando por teléfono desde su apartamento de tres habitaciones que ha compartido con hasta seis compañeros de equipo. “Tal vez hay algo que está causando esta especie de nube ominosa que existe sobre el béisbol de las ligas menores, esta tristeza profunda y omnipresente”.

Así que, después de que una organización sin fines de lucro llamada Advocates for Minor Leaguers (Defensores de los jugadores de las ligas menores) publicara un informe a finales de julio que detallaba problemas alarmantes en todo el sistema de granjas de los Angels, Lovegrove decidió hablar.

En un reportaje publicado por ESPN, hizo una serie de críticas públicas muy raras para un jugador activo contra su equipo y el sistema de ligas menores.

“La forma en que lo hice fue agresiva y controvertida, al menos desde la perspectiva interna del béisbol”, dijo Lovegrove. “Sin embargo… si hubiéramos tratado de manejarlo internamente, se habría silenciado como siempre se ha hecho”.

Salvo que lo que siempre ha sido podría no serlo por mucho tiempo más. Porque, aunque esta temporada haya empezado como las demás, Lovegrove dijo que está temporada está terminando con señales de cambio.

Comenzó con una declaración en julio del gerente general de los Angels, Perry Minasian, en la que prometía que el club abordaría los problemas. Poco después, la primera mejora tangible se materializó: una comida extra antes del partido para los jugadores de todo el sistema de granjas de los Angels que Lovegrove describió como una adición pequeña pero impactante.

Y luego, este fin de semana pasado, llegó otro avance alentador: una reunión entre Lovegrove, Minasian y el director de personal de jugadores de los Angels, Ray Montgomery, que el lanzador describió como “un diálogo muy positivo”.

Lovegrove y otros defensores de las ligas menores sostienen que estos pasos son solo el comienzo, que los Angels -como muchos otros clubes- todavía tienen un largo camino que recorrer para rectificar lo que creen que han sido años de trato inadecuado a las ligas menores.

Kieran Lovegrove, de los Trash Pandas de Rocket City, lanza contra los Barons de Birmingham el 30 de mayo.

Se ha pedido a los Angels que emitan más actualizaciones públicas, aunque a través de un portavoz el equipo declinó hacer comentarios para esta historia. Todavía están esperando que el equipo atienda muchas otras demandas, incluyendo una estructura salarial mejorada durante todo el año y alojamiento proporcionado por el equipo durante la temporada.

“Que los jugadores reciban una comida adicional es un buen avance”, dijo Harry Marino, director ejecutivo de Advocates for Minor Leaguers. “Pero está lejos de abordar la gran mayoría de las preocupaciones que hemos planteado”.

Sin embargo, mientras Lovegrove se prepara para retirarse del béisbol esta temporada baja, siente un nuevo optimismo; que finalmente, “nos sentimos vistos, nos sentimos escuchados”, dijo. “Y creo que eso es lo que muchos jugadores, y yo mismo, habíamos querido”.

Aunque Lovegrove nunca planeó convertirse en un activista del béisbol, este deporte ha estado arraigado en su vida desde que él y su familia se mudaron de Sudáfrica al sur de California cuando tenía 5 años.

Lovegrove creció asistiendo a los partidos de los Dodgers, y en una ocasión incluso pudo ponerse al lado de Paul Lo Duca para escuchar el himno nacional. Además de ser una estrella en el montículo de la escuela secundaria de Mission Viejo, también participó activamente fuera del campo, creando una organización benéfica con sus compañeros de equipo que donaba equipos de béisbol a niños necesitados.

Y después de ser elegido por los Indios de Cleveland en la tercera ronda del draft de 2012 a la edad de 17 años, se embarcó en una carrera profesional con los ojos bien abiertos y con el sueño de llegar a las grandes ligas.

“Cuando te dicen: ‘Eres genial, te tomaremos en la tercera ronda’, te montas en esta ola de confianza”, dijo Lovegrove. “Luego, la realidad del béisbol te abofetea en la cara muy rápidamente”.

Para Lovegrove, la presión de una carrera profesional aumentó rápidamente. Tuvo problemas durante dos temporadas en la pelota de novato, y luego sufrió dos lesiones de cadera que descarrilaron dos temporadas en la liga A.

Entre bastidores, su vida personal también ha tenido sus altas y sus bajas. Dijo que había desarrollado un problema con la bebida y, en su cuarta temporada, había gastado casi toda su bonificación de 400.000 dólares, en gran parte por gastar unos 1.000 dólares a la semana en alcohol.

Mientras se rehabilitaba tras su segunda operación de cadera en Arizona durante el invierno de 2015, a los 21 años, tocó fondo. Una noche, tras consumir lo que ahora supone que fueron unas 10 copas, se puso una pistola en la cabeza y apretó el gatillo.

No ocurrió nada.

Se dio cuenta de que el seguro del arma estaba puesto.

“Si el seguro no hubiera estado puesto, no estaría aquí», dijo Lovegrove. “Desde ese momento no recuerdo nada de lo que pasó esa noche. Creo que simplemente me derrumbé y me quedé dormido en el suelo”.

Desde entonces, Lovegrove ha pasado los años centrándose en el crecimiento personal, reparando lo que en algún momento sintió como piezas rotas de su vida.

Después de un proceso de dos años para lograr la sobriedad, tuvo su mejor temporada en 2018, con un promedio de carreras ganadas de 2.73 en 41 apariciones y su primera aparición en triple A en su carrera. También conoció a su pareja, Celina Felton, ese verano mientras jugaba en Akron, Ohio.

“Sin su apoyo incondicional, no sé dónde estaría”, dijo.

Aunque Lovegrove nunca ha llegado a las grandes ligas -su campaña de 2019 se vio descarrilada tras enterarse que había desarrollado lupus, y la temporada de ligas menores de 2020 se canceló en medio de la pandemia-, seguía sintiéndose atraído por el juego, con ganas de jugar un año más antes de dar por terminada su carrera.

Así que, esta primavera, firmó un contrato de liga menor con los Angels, fue asignado a su filial de doble A, los Trash Pandas de Rocket City, y ha disfrutado de ser una presencia veterana en lo que se ha convertido en uno de sus equipos favoritos.

“Tuve mucha suerte de acabar en este equipo”, dijo Lovegrove, que tiene un ERA de 7.20 en 25 apariciones. “No creo que pudiera haber pedido una mejor manera de terminar mi carrera”.

Por eso, cuando vio que sus compañeros de equipo pasaban apuros con la vivienda, se quedaban sin dinero y escatimaban en la comida, males familiares que resurgían de nuevo, llegó a un punto de ruptura, e hizo públicas sus preocupaciones.

“Probablemente sea un poco idealista pensar que puedo prevenir la depresión en el béisbol asegurándome de que los jugadores se alimenten y vivan bien, pero sin duda creo que puede ayudar”, dijo Lovegrove, añadiendo: “Cambios muy pequeños pueden marcar una gran diferencia. Y creo que eso frecuentemente se pasa por alto”.

Lovegrove no ha sido el único que ha sufrido los problemas endémicos del béisbol. Durante años, este deporte se ha enfrentado a importantes discrepancias entre el estilo de vida de las grandes ligas y la experiencia de las ligas menores. El hacinamiento de los espacios de vida, las opciones nutricionales mediocres y los trabajos secundarios en la temporada baja no son nada nuevo.

Kieran Lovegrove pitches for the Rocket City Trash Pandas.
Kieran Lovegrove fue reclutado en 2012 pero nunca llegó a las grandes ligas. Planea retirarse del béisbol después de esta temporada. (Cristina Byrne/Rocket City Trash Pandas)

“Durante mucho tiempo, el enfoque de las ligas menores ha sido: ‘No importa lo mal que tratemos a estos muchachos, vamos a terminar con 26 jugadores de calibre de Grandes Ligas’. Y eso es todo lo que realmente importa”, dijo Marino, cuyo grupo Defensores de las Ligas Menores se formó antes de la temporada pasada, cuando la pandemia creó circunstancias especialmente extremas.

“Eso, en este momento, es una forma muy anticuada de ver el mundo”.

Desde su fundación, el grupo de defensa ha pedido a la MLB que haga reformas radicales para los jugadores de las ligas menores, que no cuentan con sindicato y tienen poca fuerza para lograr cambios. También ha destacado las condiciones preocupantes de muchas de las 30 franquicias. Y Marino comentó que las historias que escucharon de los jugadores de los Angels estaban entre las peores.

Tras el informe de julio y la respuesta de Minasian, Marino dijo que consultó con un puñado de jugadores de ligas menores de los Angels en cada nivel para crear una lista de siete propuestas a fin de que el club mejore la experiencia de las ligas menores, incluyendo una estructura de pago durante todo el año, alojamiento proporcionado por el equipo y mejor transporte en los viajes por carretera.

Sin embargo, desde que se publicaron esas propuestas y se enviaron a los ejecutivos del club, Marino dijo que los Angels no han entablado nuevas conversaciones con su organización.

“Hay otros equipos que se han comprometido a cooperar con nosotros, para al menos hablar de algunos de estos problemas que se han publicado y de las posibles soluciones”, dijo Marino. “Los Angels no fueron uno de ellos”.

Marino, que ha trabajado con Lovegrove para conocer el sentir de los jugadores en Rocket City, dijo que su organización sigue abierta a discutir ideas con los Angels en el futuro, y se sintió alentado al escuchar los avances que el club ha comenzado a hacer tras bambalinas.

Para Lovegrove y los Trash Pandas, la comida adicional ha sido una mejora significativa pero modesta, a veces tan simple como una comida en el restaurante Chipotle. Mientras que los jugadores solían recibir lo que Lovegrove describió como un bocadillo antes y una comida después del partido todos los días, ahora también se les sirve un almuerzo completo al llegar al estadio.

Aunque no parezca mucho, sobre todo para un club que, según Forbes, tiene un valor de más de 2.000 millones de dólares, “tener esa comida extra al llegar, realmente ayuda a muchos jugadores, ya que no tienen que salir y gastar entre 18 y 20 dólares en una comida antes de llegar al campo”, expuso Lovegrove.

La visita de Minasian también fue importante, una experiencia diferente a todo con lo que Lovegrove se había topado.

Antes de eso, Lovegrove no había tenido noticias de los ejecutivos del equipo sobre sus comentarios y no estaba seguro de la seriedad con la que abordaban sus preocupaciones.

Eso cambió el domingo cuando Minasian y Montgomery -en el último de varios viajes que el GM de primer año y otros ejecutivos del club han hecho a las filiales en las últimas semanas para escuchar a los jugadores sobre los cambios que les gustaría ver- tuvieron una amplia charla con Lovegrove antes de dirigirse a todo el equipo.

“Hay entusiasmo entre los jugadores porque las cosas están empezando a cambiar”, dijo Lovegrove. “Quiero asegurarme de que, de cara al futuro, estamos fomentando una relación positiva entre los jugadores, las oficinas administrativas y, eventualmente, los propietarios también. No creo que necesariamente debamos ser nosotros contra ellos. Pienso que son todos contra los problemas. Y ahí es hacia donde nos estamos dirigiendo”.

La velocidad a la que los clubes se mueven para abordar las preocupaciones, y la escala de los cambios a los que se comprometen, son los siguientes pasos en un proceso que Lovegrove espera que resulte en una transformación que ha esperado toda su carrera.

“Creo que es la primera vez, al menos en mi vida, que he visto una respuesta positiva abrumadora de casi todo el mundo”, dijo.

Via: latimes. com

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