Tengo que comenzar esta columna haciendo una confesión.
Hace unos días me puse a ver en Netflix el documental “The Battered Bastards of Baseball”, y terminé sorprendido con una historia de béisbol que, aunque ocurrió hace más de 50 años, todavía tiene mucho que enseñarnos.
Se trata de los Portland Mavericks, un equipo independiente que comenzó a jugar en 1973 en la Northwest League.

Pero los Mavericks no fueron un equipo cualquiera.
Y ahí comienza lo bueno.
Su propietario fue Bing Russell, un conocido actor de Hollywood, especialmente recordado por sus trabajos en películas y series del Oeste.
Russell apareció en películas como “Rio Bravo”, junto a John Wayne, y “The Magnificent Seven”, además de tener una larga participación en la televisión estadounidense, incluyendo la popular serie “Bonanza”, donde interpretó a Clem Foster.
Pero detrás del actor había un hombre apasionado por el béisbol.
Y Bing Russell decidió llevar esa pasión mucho más lejos.
Creó una organización diferente, donde muchos jugadores que habían sido dejados de lado por otras organizaciones tuvieron la oportunidad de volver a demostrar su talento.

Eso me llamó mucho la atención.
Porque en el béisbol hay muchos jugadores que no fracasan por falta de talento. A veces simplemente no tuvieron la oportunidad correcta en el momento correcto.
Los Mavericks parecían entender perfectamente eso.
Pero la historia se pone todavía más interesante cuando aparece Kurt Russell.
Sí, el mismo Kurt Russell que todos conocemos como actor.
En el documental aparece hablando de su padre y de aquella época.
Pero lo que quizás mucha gente no sabe es que Kurt también estuvo vinculado al béisbol y llegó a jugar con los Portland Mavericks.
Su sueño era jugar profesionalmente, pero una lesión terminó cambiando el rumbo de su vida.
Y terminó convirtiéndose en una estrella de Hollywood.
Es decir, tenemos una historia bastante curiosa: un padre actor que se metió en el béisbol y un hijo que quería ser pelotero y terminó triunfando en Hollywood.
Eso parece una película.
Pero ocurrió de verdad.
Y todavía hay otra parte de esta historia que me llamó muchísimo la atención.
Big League Chew.
Sí, la famosa goma de mascar que muchos hemos visto y que tiene la apariencia del tabaco de mascar que utilizaban tantos peloteros.
La idea nació en el ambiente de los Portland Mavericks.
Rob Nelson, quien estuvo vinculado al equipo, desarrolló la idea junto con Jim Bouton, exjugador de Grandes Ligas.
En aquella época era muy común ver a los jugadores mascando tabaco.
La intención era crear una alternativa diferente, especialmente para los jóvenes.
Y aquella idea terminó convirtiéndose en Big League Chew, un producto que todavía hoy forma parte de la cultura del béisbol.
Cuando uno junta todas estas piezas, se da cuenta de que la historia de los Portland Mavericks es mucho más grande de lo que parece.
Tenemos béisbol.
Tenemos jugadores buscando una segunda oportunidad.
Tenemos un actor de Hollywood convertido en propietario de un equipo.
Tenemos a su hijo, Kurt Russell, que pasó del béisbol a Hollywood.
Y tenemos una goma de mascar que terminó siendo conocida por varias generaciones de aficionados.
Todo salió de una historia que comenzó con un equipo que decidió hacer las cosas de una manera diferente.
Y quizás ahí está la mayor enseñanza que me dejó el documental.
No siempre hay que ser el más grande para dejar una huella.
Los Portland Mavericks nunca fueron los Yankees ni los Dodgers.
No tenían el dinero ni la estructura de las grandes organizaciones.
Pero tenían personalidad.
Tenían gente que creía en ellos.
Y tenían jugadores que querían demostrar que todavía podían jugar.
Eso también es béisbol.
Después de ver “The Battered Bastards of Baseball” en Netflix, me quedé pensando en todas esas historias que existen alrededor de nuestro deporte y que muchas veces desconocemos.
Porque detrás de un uniforme hay un ser humano.
Detrás de un jugador hay una historia.
Y detrás de un equipo puede existir una aventura que termine siendo recordada durante generaciones.
Los Portland Mavericks fueron eso.
Una aventura de béisbol que comenzó en Portland y terminó dejando una huella que llegó hasta Hollywood y hasta una goma de mascar que todavía podemos encontrar en las tiendas.
A mí me tocó descubrir esta historia muchos años después, gracias a Netflix.
Y sinceramente, valió la pena sentarme a verla.
Porque como siempre digo: el béisbol nunca deja de sorprendernos.


