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Efemerides Rafael Baldayac

Jim Thorpe entre los mejores deportistas de la historia

Como una forma de limpiar su conciencia, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió 71 años después de que le quitaran las medallas olímpicas, restaurarle la dignidad al atleta indio, considerado entre los tres mejores atleta de todos los tiempos.

EFEMERIDES ESPECIAL 18 DE ENERO 1983:

Por Rafael Baldayac

Quizás por lo único que se recuerdan los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en Suecia,  es por la descalificación del indio norteamericano James Francis Thorpe, seis meses después de lucir con merecido orgullo las medallas de oro de pentatlón y decatlón.

Setenta y un años después de que le quitaran las medallas olímpicas y como una forma de limpiar su conciencia, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió restaurarle la dignidad al atleta indígena, considerado entre los tres mejores atletas del mundo.

Lo que a Thorpe le fue negado en vida lo recibió en la posteridad, dado que el martes 18 de enero de 1983, el COI, presidido por el español Juan Antonio Samaranch, devolvió los títulos olímpicos a la familia del atleta polivalente, a quien la prensa estadounidense ubica en el podio de los mejores deportistas de todos los tiempos, detrás de Babe Ruth y Michael Jordan.

Jim Thorpe quien tras los juegos de Estocolmo, el rey Gustavo V de Suecia declaró que era «el mejor atleta del mundo», brilló como atleta, pero también se destacó en otras disciplinas.

La injusta sanción, aplicada por supuestamente cobrar 25 dólares en una liga profesional, le fue levantada con las devueltas de las medallas cuando ya era demasiado tarde, porque habían transcurrido 30 años de su fallecimiento.

Ya sexagenario, enfermo de cáncer y en el advenimiento de su propia muerte, ocurrida el 28 de marzo de 1953, sólo repetía: «Mis medallas, devuélvanme mis medallas».

Es que el legendario Jim Thorpe, atleta de ascendencia indígena estadounidense, siempre será recordado por su valiosa performance en los Juegos de Estocolmo de 1912, donde obtuvo el oro en decatlón y pentatlón.

Sin embargo, en plena época de celoso amateurismo, dichas medallas le fueron arrebatadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) tras descubrir que el amerindio se había dedicado profesionalmente al béisbol un par de años antes de su participación en la cita de Suecia.

Cuatro décadas después, al cumplirse el 30° aniversario de su fallecimiento, la máxima entidad del olimpismo devolvió las distinciones a los hijos del atleta, que se destacó tanto por su disciplina como por su versatilidad.

En esa época algo llamaba la atención sobre su vida y la prensa deportiva estadounidense, que hurgó en los archivos de su carrera y descubrió que poco antes el joven Thorpe había jugado béisbol por dinero.

Todo recodaran que  en los albores del olimpismo existían estrictas reglas que impedían a los atletas profesionales participar en los Juegos Olímpicos, por lo que un año después el COI -acaso por presión de la Unión Atlética Amateur de los Estados Unidos (UAA)- le retiró sus medallas y el récord obtenido.

EL INICIO DE LA TRISTE HISTORIA

FOTO: El Rey Gustavo de Suecia entrega la medalla de oro a Jim Thorpe

Todo comenzó a principios de 1913 cuando se reveló que Thorpe había jugado béisbol profesional en ligas menores en los Estados Unidos. Por este motivo fue declarado con carácter retroactivo profesional por la AAU Amateur Athletic Union y el COI.

Ante esta situación que iba en contra de las normas del amateurismo vigentes sus registros en los Juegos Olímpicos de 1912 fueron declarados nulos y se vio en la obligación de devolver sus dos medallas de oro.

Hasta su muerte en 1953, en una situación de precariedad económica, Jim Thorpe y posteriormente sus hijos hicieron numerosos intentos para obtener del COI la revisión de su decisión y la devolución de las medallas.

De manera que hubo que esperar hasta 1982 para que la familia Thorpe, ayudada por Bob Wheeler, uno de los biógrafos de Thorpe, y su esposa, Florencia Ridlon, obtuvieran el éxito en su larga lucha para restaurar las medallas de Jim Thorpe por parte del COI.

Se puso de manifiesto en la revista Sports Illustrated que un factor clave en esta decisión fue un descubrimiento de Ridlon, que encontró un folleto en la Biblioteca del Congreso que dio las reglas y regulaciones para los Juegos Olímpicos de 1912.

En este documento se establecían las limitaciones para la elegibilidad de cualquier atleta para los Juegos Olímpicos de 1912 tenían que ser denunciadas 30 días después de la adjudicación de las medallas.

El anuncio de la carrera profesional de béisbol de Thorpe fue hecha en enero de 1913 casi seis meses después de la competición de decatlón de Estocolmo del 13 al 15 de julio de 1912 por lo que su inhabilitación estaba totalmente injustificada.

El 27 de febrero de 1982, Wheeler y Ridlon crearon la Fundación Jim Thorpe expresamente con el fin de recuperar las medallas y honores del atleta indio americano.

El 13 de octubre de 1982, sólo ocho meses después de la formación de la Fundación Jim Thorpe, pero 70 años después de sus triunfos en Estocolmo, la comisión ejecutiva del COI aprobó la restauración de las medallas de Jim Thorpe, declarándolo co-ganador con el sueco Hugo Wieslander (decatlón) y el noruego Ferdinand Bie (pentatlón).

En una reunión de la comisión ejecutiva del COI, el 18 de enero 1983 en Los Ángeles las medallas fueron entregadas por Juan Antonio Samaranch, Presidente del COI a dos de los hijos de Thorpe.

FOTO: El 18 de enero de 1983 las medallas de Jim Thorpe fueron devueltas por el COI a su familia 71 años después de Estocolmo 1912.

MIEMBRO DE LOS MÍTICOS YANKEES DE NUEVA YORK

Después de su paso por Estocolmo, Thorpe fue parte de los míticos Yankees de Nueva York y posteriormente pasó a jugar y a entrenar a varios equipos de fútbol americano. Incluso presidió la APFA (Asociación Profesional de Fútbol Americano) entre 1920 y 1921, antes de convertirse en la National Football League (NFL) en 1922.

Dicen que Jacobus Franciscus «Jim» Thorpe, bautizado en lengua indígena Wa-Tho-Huk, que significa «Sendero Brillante», nació el 28 de mayo de 1888 en el llamado «territorio indio» de Oklahoma. Por línea paterna era descendiente de europeos, y por la materna, de los pobladores autóctonos de Estados Unidos.

La carrera de Thorpe se inició en 1907 cuando pasó ante una pista de atletismo y superó a todos los saltadores de altura vestido de calle. No obstante, fue un deportista completo, capaz de destacar en hockey sobre hielo, boxeo, tenis, arquería, lacrosse, baloncesto, béisbol y fútbol americano.

A pesar de que este último era su deporte favorito, y por el que se dio a conocer a nivel nacional, fue con el atletismo -al que se dedicaba «sólo ocasionalmente»- que consiguió fama mundial.

De hecho, el atletismo le abrió las puertas del Olimpo al vencer a todos sus rivales en las clasificatorias estadounidenses para Estocolmo 1912, donde finalmente obtuvo un puntaje en el decatlón de 8.413 puntos (marca que no sería superada en casi dos décadas) con el consecuente oro, que también lograría en pentatlón.

En Suecia además participó en la final de salto en alto (quedó 4°), en la de salto en largo (7°) y terminó 5º en lanzamiento de jabalina, disciplina que nunca había practicado hasta aquel año.

LA INCOMPARABLE HISTORIA DE ESTOCOLMO 1912

Además del caso de Thorpe los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en Suecia,  dejaron huellas imborrables en la historia del deporte mundial, con la presencia por primera vez de atletas procedente de los cinco continentes y  los artistas formando parte del programa de competencias en diferentes categorías durante el magno evento deportivo universal.

Serán recordados sobre todo por su brillantez, la calidez de un pueblo sueco, las innovaciones, las notables actuaciones deportivas.

 Estos fueron los primeros juegos en que se utilizó equipo electrónico para cronometrar las competencias, las cuales curiosamente se iniciaron un mes antes de la ceremonia oficial de inauguración el sábado 6 de julio de 1912.

Durante la ceremonia de apertura  llevada a cabo ese sábado 6 de julio de 1912, la Familia Real Sueca abandonó el Palacio de Estocolmo  para ser recibida por miembros del COI en el estadio olímpico Östermalm, donde comenzaron a entrar los países en orden alfabético según el idioma sueco. El conjunto local fue el último​ y, en contra de la tradición, el griego no fue el primero.​

JIM THORPE LA FULGURANTE ESTRELLA DE ESTOCOLMO

De toda manera la figura que acaparó la atención de los juegos fue el norteamericano  Jim Thorpe, un indígena de Oklahoma, que ganó el pentatlón y el decatlón con un enorme margen, y fue descrito por el rey Gustavo V de Suecia como «el mejor atleta del mundo».

Venció indiscutiblemente en las pruebas de decatlón y pentatlón, dejando tras cada salida al estadio una estela de admiración que llegó hasta el propio Rey Gustavo, quien le expresó: «usted es el más maravilloso atleta que han visto los siglos».

Indagó sobre él y encontró que había jugado béisbol por 70 dólares en Carolina del Norte entre 1909 y 1910.

Lo vetaron por ser un atleta profesional, y tuvo que entregar sus medallas, devueltas después al entrar profesionales millonarios a los Juegos. Al indio le fueron devuelta sus preseas en 1984.

Sus familiares la recibieron, pero Thorpe se fue de este mundo en 1953 sin ellas.

Un monumento levantado por los pieles rojas deja leer en su base la sentencia: A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente le negaron las glorias de sus triunfo.

Jim Thorpe fue la rutilante estrella de los V Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Empezó con un triunfo y record mundial en pentatlón.

Thorpe  finalizó con una espectacular victoria en el decatlón, al superar el récord mundial de Agustín Menaul por casi 1.000 puntos, mientras su escolta, el sueco Hugo Wieslander quedaba a 692 de diferencia de su notable registro: 8.412 puntos.

La penosa decisión. Thorpe posteriormente fue descalificado cuando se descubrió que había aceptado una modesta suma para jugar al béisbol antes de los Juegos.

En 1982, el Consejo Ejecutivo del Comité Olímpico Internacional decidió readmitir a Jim Thorpe y devolver a su hija las medallas que le correspondían por derecho.

 Su hazaña fue inmortalizada en la película ‘El hombre de bronce’, de Michael Curtiz, con Burt Lancaster en el papel de Thorpe.

EL ATLETA MÁS GRANDE DEL MUNDO


Bisnieto de Halcón Negro, el jefe de la tribu Sac, el formidable Jim Thorpe, llamado entre los suyos Wa-Tho-Huck (Sendero luminoso), poseía un musculoso físico a los 24 años de edad. Pesaba 84 kilos y medía 1m88 de estatura.

Su actuación impactó tanto al rey Gustavo de Suecia que le expresó al entregarle la medalla de oro: «Señor, usted es el atleta más grande del mundo».

Y no se equivocaba. Analizando las marcas de las diez pruebas en relación a su época, teniendo en cuenta la evolución de los métodos de entrenamientos y la tecnología puesta al servicio del deporte, un congreso de 400 periodistas especializados en atletismo lo consideró capaz de hacer maravillas en la actualidad y lo proclamó «el atleta del siglo XX».

LA RAZÓN DE LA DESCALIFICACIÓN

La causa se inició con una denuncia: «Thorpe jugó profesionalmente al béisbol en la temporada 1909/1910». ¿Quién la realizó? No existen datos precisos. Algunos sostienen que se trató de un ex compañero de la escuela, celoso por su enorme fama.

Otros aseguran que fue por el odio racista de un ciudadano al ver a un indio casado con una blanca.

Lo cierto, es que Wa-To-Huck jugó en un equipo de una intrascendente liga, por el ínfimo salario de 15 dólares semanales, y también es cierto que en la Unión Athletic Amateur o en el Comité Olímpico de los Estados Unidos no existen antecedentes del denunciante.

En cambio, sí figuran la comprobación de la denuncia., la declaración de profesional y el pedido de descalificación al COI.

El Comité Olímpico Internacional le ordena a Thorpe devolver sus medallas de oro. Con enorme sufrimiento, se desprende de ellas. El COI proclama al noruego Ferdinand Bie y al sueco Hugo Wieslander ganadores de pentatlón y decatlón, respectivamente.

Los cita para entregarles las medallas de oro, pero los dos se niegan a recibirlas y dan a conocer su opinión: «Sería injusto tenerlas en nuestro poder.

Thorpe nos superó limpiamente y estamos felices de nuestras medallas de plata. Las de oro pertenecen al más grande atleta del mundo». Un noble gesto que los dirigentes no fueron capaces de tener en su momento.

Cuando el Rey Gustavo V de Suecia le entregó la segunda medalla de oro, no le quedó otro remedio que confesarle «Señor, es usted el más grande atleta de todo el mundo».

Thorpe, tímido como siempre, sólo acertó a decir «gracias». No eran unas palabras cualquiera las del monarca.

Bill Malon, cofundador de la Sociedad Internacional de Historiadores Olímpicos, confirmaría años más tarde, en base a los resultados y estadísticas, que la actuación de Jim Thorpe en Estocolmo fue «la del mejor atleta de todos los tiempos».

A su regreso a Estados Unidos, Thorpe fue recibido como una estrella. Todos le felicitaban. Todos le querían recibir. Era festejado en todos lados.

Era el sueño americano. Un nativo que vivía una mala infancia, se refugiaba en el deporte, conseguía acudir a unos Juegos Olímpicos, y se convertía en héroe, en uno de los mejores deportistas de la historia.

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