
Por Rubén García B.
Presidente de la Federación Dominicana de Boxeo Olímpico (FEDOBOXA)
La República Dominicana, una pequeña nación caribeña de apenas 48,442 kilómetros cuadrados, acaba de protagonizar otra extraordinaria hazaña deportiva, esta vez en Puebla, México, durante el Campeonato Continental de Boxeo, clasificatorio para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, justa donde participaron 26 países de toda América .
Frente a potencias como Canadá, Estados Unidos y Brasil, nuestros boxeadores masculinos conquistaron dos medallas de oro, una de plata y dos de bronce, igualando en preseas doradas a esas tres naciones y superando a algunas en el número total de medallas.
Una actuación que evoca la emblemática historia bíblica de David y Goliat: el pequeño que, con determinación y valentía, logra imponerse ante adversarios de mayores recursos.
Y no se trata de una casualidad.
El boxeo dominicano lleva más de ocho décadas escribiendo páginas gloriosas para nuestra patria. Desde las tres medallas de oro conquistadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946, pasando por la primera medalla olímpica dominicana, obtenida por Pedro Julio Nolasco en 1984; el primer oro panamericano de Joan Guzmán en 1995; el título olímpico de Félix Díaz en 2008 y las dos medallas olímpicas de París 2024.
Apenas hace unos meses, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, nuestros doce representantes conquistaron ocho medallas, siete de oro y una de bronce, proclamándose campeones de la disciplina en una jornada histórica.
Puebla confirma que aquellos resultados no fueron fruto de la casualidad, sino expresión de una tradición de excelencia.
Tuve el privilegio de acompañar personalmente a nuestros jóvenes durante toda la competencia en México. Escuchar las notas de nuestro himno nacional y recibir las felicitaciones de presidentes de federaciones hermanas de América constituyó una experiencia profundamente conmovedora.
Sin embargo, esa satisfacción contrasta con una realidad que merece la reflexión nacional y que he señalado en reiteradas ocasiones: después de más de ochenta años de triunfos internacionales, el boxeo dominicano todavía carece de un pabellón propio y adecuado para la preparación integral de sus selecciones nacionales.
No reclamamos privilegios ni cuestionamos las inversiones realizadas en otras disciplinas, cuyos avances celebramos sinceramente. Aspiramos únicamente a condiciones dignas para nuestros atletas. No buscamos culpables del pasado. Deseamos construir oportunidades para el futuro.
Valoramos el compromiso asumido por el ministro de Deportes, ingeniero Kelvin Cruz, y confiamos en que, con el respaldo del presidente Luis Abinader, pueda materializarse finalmente esta obra de justicia deportiva.
El boxeo dominicano continúa cumpliendo con la patria. Después de más de ochenta años de gloria, ha llegado la hora de que la patria le construya su casa.


