Por Grace Goulding
Tanto en el deporte como en la vida, un paso en falso puede cambiarlo todo.
Y por muy preparado que esté tu cuerpo, por muy cuidadoso que sea tu entrenamiento o por muy concentrada que esté tu mente, una lesión puede arruinarlo todo. Tanto si se trata de un esguince de tobillo como de una rotura de ligamentos, el dolor es real, y también lo es el desgaste mental. Sin embargo, lo que separa a los buenos de los grandes a veces se reduce a una sola cosa: cómo te recuperas.
Para averiguar lo que realmente se necesita para recuperarse (cuerpo, mente y alma) Olympics.com recurre a los expertos que lo han vivido: campeones olímpicos, iconos mundiales y atletas de clase mundial que se han roto huesos, desgarrado músculos y destrozado expectativas.
Esto es lo que creen que debes saber.
Superando el shock inicial
El momento en que se produce una lesión suele ser surrealista. En un abrir y cerrar de ojos pasas de tenerlo todo bajo control a quedarte completamente fuera de juego.
Los primeros días después de una lesión pueden ser abrumadores. Hay dolor físico, sí, pero también frustración, miedo, confusión y hasta a veces negación. En especial, si eres una persona que entrena con regularidad o que depende del movimiento para tener claridad mental, verte obligado a dejar de hacerlo puede ser como perder parte de tu identidad. Aceptar la nueva realidad es la primera montaña que hay que escalar.
“Es devastador”, afirma la leyenda del golf Tiger Woods, después de haberse sometido a varias operaciones de espalda que casi acaban con su carrera. “No sabía si volvería a jugar al golf. Sólo esperaba poder volver a caminar”.
Esta fase inicial de recuperación de una lesión no consiste en resolver el tema físico. Se trata simplemente de dejar atrás la negación. Y cuanto antes los deportistas dejen de fingir que están bien, antes podrán empezar a curarse realmente.
“Tómate tu tiempo e intenta que las cosas no te angustien”, afirma la estrella sueca del salto de longitud Khaddi Sagnia, en declaraciones a World Athletics. “Debes intentar apartarte de lo malo para ver lo bueno. Rodéate de gente positiva e intenta hacer cosas positivas que te hagan feliz”.
El jugador de rugby escocés Ollie Smith adopta un enfoque más práctico. “Simplemente sentía, y sigo sintiendo, que no tiene sentido estar disgustado por estar nueve meses de baja. Habrá ocasiones en las que sea [peor] que otras… pero no hay nada que pueda hacer al respecto”.
Curarse físicamente
Una vez asentado el polvo, comienza el verdadero trabajo. Las operaciones, las sesiones de rehabilitación, los movimientos lentos y los avances aún más lentos. Esta parte del viaje dista mucho de ser glamorosa, pero es donde suelen nacer las grandes recuperaciones y los campeones.
También se trata de algo que a muchos atletas de élite les resulta mucho más difícil: bajar el ritmo. Como explica Allyson Felix, siete veces campeona olímpica: “La recuperación fue muy importante. Fue una gran lección que tuve que aprender. Mi entrenador siempre decía que un día de descanso es tan importante como los días en los que realmente nos esforzamos”.
Para la patinadora de velocidad en pista corta canadiense Courtney Sarault, una conmoción cerebral se convirtió en una lección para abrazar el descanso, forzando la pausa que su cuerpo había estado pidiendo. “Era la primera vez que permitía a mi cuerpo y a mi mente descansar por completo sin sentirme culpable por eso”, declaró a Olympics.com a principios de este año. “Porque sabía que descansar era lo único que iba a ayudarme”.
La curación física no sólo tiene que ver con el movimiento [o la falta de él]. Lo que das a tu cuerpo también importa: alimentos ricos en nutrientes, mucha hidratación y, quizá lo más olvidado de todo: el sueño. Es entonces cuando el cuerpo realiza su trabajo de reparación más profundo, restaurando las células, equilibrando las hormonas y acercándote a la recuperación total.
Lo dice el hombre más rápido de la historia en correr 100 metros: “Dormir es muy importante para mí, necesito descansar y recuperarme para que mi cuerpo asimile el entrenamiento que hago”, afirma Usain Bolt.
Así y todo, el progreso requiere tiempo, y paciencia. “Estuve en silla de ruedas un par de meses”, recuerda el nadador y siete veces campeón olímpico Ryan Lochte, tras un devastador accidente de tráfico en 2023. «Tuve que aprender a caminar de nuevo. Fue un proceso largo».
“¡Roma no se construyó en un día!”, publicó después en las redes sociales. “Cada día intento mejorar. Todavía falta mucho. Si no intentas superarte cada día, ¡entonces qué sentido tiene!”.
Y aunque esforzarse por progresar es importante, presionar demasiado puede ser contraproducente. Tomarse su tiempo es igual de importante. “Es importante hacer la rehabilitación a tu propio ritmo y no volver a competir demasiado pronto”, dice Sagnia. “Si vuelves demasiado rápido, te engañas a ti mismo. Y quedarás en evidencia rápidamente”.
Para ayudar a mantener los pies en la tierra durante la recuperación, Sagnia recomienda fijarse pequeños objetivos realistas. “Puede ser algo tan simple como fijarse la meta de caminar sin la ayuda de muletas dentro de diez días”, dice. “Necesitas resetear tu cerebro de esa manera. Del mismo modo, otros objetivos podrían incluir la primera vez que puedas volver a correr o la primera vez que puedas saltar”.
Sea cual sea tu objetivo, ya sea levantar a tu hijo pequeño sin dolor o volver a correr por las mañanas, dividirlo en pasos pequeños y alcanzables ayuda a tomar impulso y a recuperar la confianza.
Lo más importante: Acepta el descanso, no te sientas culpable por bajar el ritmo, sé paciente y márcate pequeños objetivos.
Curarse mentalmente
Para muchos atletas, la batalla más dura es la que nadie ve: recuperarse mentalmente de lo que el cuerpo ha tenido que soportar.
“A menudo hablamos de curar el cuerpo, pero olvidamos que el cerebro también es una parte del cuerpo”, afirma a la CNN Alexi Pappas, fondista griega olímpica y firme defensora de la salud mental. “Tu cerebro puede lesionarse como cualquier otra parte del cuerpo, y puede curarse como cualquier otra parte del cuerpo”.
“Es realmente esperanzador pensarlo así: yo sabía que aunque no me iba a sentir mejor mañana, si me centraba en mis acciones, luego mis pensamientos y mis sentimientos cambiarían con el tiempo. Igual que con la fractura de un hueso, se cura con el tiempo, no de la noche a la mañana”.
Para Lindsey Vonn, que luchó durante años contra las lesiones y las dudas sobre sí misma durante su carrera como esquiadora, reconectar con su propósito le ayudó a alimentar su capacidad de recuperación.
“Cuando he estado en el hospital o en rehabilitación, sólo pensaba en por qué hacía que lo hacía: simplemente me encantaba esquiar. Y eso siempre me ayudaba… Lo que he aprendido de mis lesiones es que, aunque te caigas, siempre puedes volver a levantarte. A veces duele cuando caes, pero sólo tienes que volver a levantarte y seguir adelante”.
Durante la rehabilitación, Sagnia sugiere aprovechar al máximo este tiempo extra. “De repente te das cuenta de que tienes mucho más tiempo que cuando entrenas con regularidad”, explica. “Pero esto te da la oportunidad de trabajar quizás en otros pequeños problemas que han causado las lesiones, como fortalecer el tronco”.
O, según ella, también se puede apostar a cambiar por completo el enfoque. “Es bueno poder dedicarse a otra cosa, como estudiar o trabajar. A mí me encanta leer y viajar, así que utilicé el tiempo extra de recuperación de la lesión leyendo más libros, pasando más tiempo con la familia y amigos y visitando más lugares de Suecia. Puede ser duro mentalmente para los atletas que sólo se centran en el atletismo durante el proceso de rehabilitación”.
Conclusión clave: La curación emocional lleva su tiempo. Da prioridad a tu bienestar mental y no tengas miedo de cambiar de enfoque cuando sea necesario.
El retorno al deporte
Al final, surge la pregunta: ¿Puedo volver? Y si es así… ¿cómo lo haré?
La reincorporación al deporte no es un esprint a toda velocidad. Es más bien un trote prudente, paso a paso.
Cualquiera le puede preguntar a Bethany Hamilton, la surfista profesional que perdió un brazo a los 13 años por el ataque de un tiburón: “Sí, supongo que volver al agua me dio un poco de miedo. Tenía un poco de miedo a los tiburones; mentiría si dijera que no”, compartió en su blog, Getting Back on the Board.
La surfista profesional aconsejó que la clave para superar el miedo es empezar poco a poco, atenerse a los hechos y rodearse de apoyo. Su primer paso fue surfear cerca de la orilla, ganando confianza de a poco antes de volver a aguas más profundas. “Tenía miedo”, dice, “pero decidí no dejar que me definiera”.
También cambió su forma de pensar: estadísticamente, los ataques de tiburón son increíblemente raros, mucho menos probables que riesgos cotidianos como ir en auto a la playa. Y lo que es más importante, se apoyó en su círculo de amigos para que surfeen con ella hasta que recuperó la confianza.
“La gente que te rodea marca una gran diferencia cuando se trata de afrontar nuestros miedos”, escribió. “Pueden animarnos y darnos un impulso extra de confianza cuando las cosas parecen desalentadoras”.
Ahora bien, sería un error hablar de remontadas mentales sin mencionar a Simone Biles.
Para la gimnasta más condecorada de la historia, volver después de tomarse un tiempo para su salud mental en Tokio 2020 significó desconectar del ruido y volver a conectar consigo misma.
“Vamos a volver al gimnasio, ponernos en forma y ver qué pasa”, dijo sobre su regreso. Esa mentalidad se convirtió en la base de su retorno. “Me estoy asegurando de estar bien mentalmente y creo que eso se ve en la competición”.
No se apresuró a ser la Simone que todos recordaban. Se dio permiso para evolucionar: “No puedes volver atrás. Lo mejor que puedes hacer es perdonarte a ti misma, respirar hondo y ponerte a trabajar en el siguiente desafío”.
Biles también le recordó al mundo que los atletas son, ante todo, personas: “Al fin y al cabo, también somos humanos. Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo en lugar de salir ahí fuera y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”.
Recuperarse no es sólo volver a estar como antes. Se trata de descubrir quién eres ahora, más fuerte, más sabio y quizá incluso mejor.
“El primer invierno me di cuenta de que no volvería a ser la Jamie de antes del accidente”, explica a Forbes la esquiadora acrobática Jamie Crane-Mauzy. “Tardé años en descubrir cómo amar a ‘Jamie-dos’. Aprender a quererme de verdad y a creer en mí misma me ha abierto la puerta a muchísimas oportunidades”
Lo más importante: Empieza poco a poco. No tienes que volver como la antigua tú. Vuelve más fuerte, más sabia y puede que incluso mejor.
No hay dos regresos iguales. Pero todos tienen algo en común: la fe. Todavía no has terminado. Tienes más que dar. Tu historia, por muy interrumpida que esté, sigue desarrollándose.
Y, sobre todo, tu mejor actuación aún puede estar por llegar.
Via: olympics.como



