Héctor García
Hará más o menos un mes me referí con satisfacción a las declaraciones del presidente Luis Abinader, durante una supervisión
a los avances en la construcción y remodelación de las instalaciones deportivas del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, escenario
principal de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
Dije entonces que existía una evidente muestra del interés del mandatario en evitar que a estos Juegos les ocurriera lo mismo que a
los de Santiago 1986 y Santo Domingo 2003, inaugurados con varias obras inconclusas y marcados por la ineficiencia de los
entonces ministros de Obras Públicas, los ingenieros Pedro Delgado Malagón y Miguel Vargas Maldonado, respectivamente.
En aquella visita, al presidente Abinader le hicieron afirmar que “las obras en el Centro Olímpico y el Parque del Este alcanzaban un 90 % de ejecución general”.
Hoy queda claro que la realidad no es esa y, peor aún, parece que nadie se atreve a informarle la verdad al mandatario.
Lo más reciente ha sido el rechazo de la Federación Internacional de Taekwondo al tipo de instalación que se construye para esa
disciplina en República Dominicana.
Los ejecutivos de ese organismo se negaron a avalar la obra y no permitirán que el campeonato de taekwondo de los Juegos
Centroamericanos y del Caribe se celebre en esa cancha, sobre la cual además existen dudas de que pueda estar lista para la fecha
prevista.
La Federación Dominicana de Taekwondo, según los datos que poseo, ha solicitado al Comité Organizador de los Juegos que las
competencias sean trasladadas al Pabellón de Esgrima o llevadas a Punta Cana, descartando incluso la posibilidad de una subsede
internacional, porque nadie quiere asumir la responsabilidad de improvisar un montaje a pocos días del evento.
Pienso que esta delicada situación debe ser informada con transparencia al presidente Luis Abinader, aunque algunos
funcionarios no encuentren dónde esconder la cabeza después de haber presentado un panorama distinto.
Y lo más preocupante es que el problema no parece limitarse al taekwondo. Hay otras instalaciones que corren la misma suerte,
mientras algunos responsables siguen apostando al tiempo y evadiendo sus compromisos.
La situación ya no admite maquillajes ni discursos optimistas. Cada día de retraso aumenta el riesgo de improvisaciones, sobre costos, cambios de sedes y un golpe innecesario a la imagen internacional del país.
República Dominicana no puede exponerse a repetir errores del pasado ni a quedar mal ante atletas, federaciones y visitantes
internacionales por falta de planificación o exceso de complacencia administrativa.
Todavía hay tiempo para corregir, pero no para seguir ocultando la realidad.
La verdad debe llegar al presidente Abinader y al país, antes de que los Juegos Santo Domingo 2026 terminen convertidos en otro ejemplo de promesas incumplidas.



