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“Yao Ming” y Vikingo fueron mortales en la victoria del GUG

Yao Ming, como lo llaman los fanáticos del basket de Santiago para “compararlo” con la superestrella de Houston, quien era un monstruo debajo de los tableros.

Por Leo Corporán

La recompensa de una vida eterna requiere esfuerzo.”
Thomas S. Monson
“Pon tu corazón, mente, intelecto y alma incluso en tus actos más pequeños. Ese es el secreto del éxito.”
Swami Sivananda

Adris Rodríguez (Yao Ming) y Rigoberto Mendoza (Vikingo) fueron piezas indispensables y letales para que el club Gregorio Urbano Gilbert (GUG) se proclamara campeón del Torneo de Baloncesto Superior de Santiago, que concluyó con rotundo éxito el pasado domingo.

Yao Ming, como lo llaman los fanáticos del basket de Santiago para “compararlo” con la superestrella de Houston, quien era un monstruo debajo de los tableros.

Adris (Yao Ming) dominó a su antojo a los reboteros del Pueblo Nuevo, capturó 11 rebotes y coló 9 puntos en el partido decisivo por la Copa Banreservas, para ser un puntal determinante, para que el GUG se quedara con el título del campeonato que estuvo dedicado al fenecido Salvador Estrella Sadhalá.
Vikingo
Rigoberto Mendoza (Vikingo) hizo de todo en las dos puntas del tabloncillo.

Defendió, bloqueó, rebotó, corrió, motivó a sus compañeros y fue clave en la ofensiva a la hora de la verdad.

Vikingo fue la bujía inspiradora en el primer encuentro con 30 puntos.
Rigoberto es un gladiador. No tiene miedo para penetrar y realizar lances de tres puntos.

Juega con mucha agresividad y siempre motiva a sus compañeros.
Al inicio del tercer juego, que era el decisivo para llevarse la Copa Banreservas, se percibió que podría tener chance para ser el Más Valioso, si el GUG triunfaba.

Sin embargo, la extraordinaria actuación de Juan Guerero en los dos triunfos del Gregorio Urbano Gilbert, lo hicieron merecedor de ser escogido como el Más Valioso.

Yao Ming, Vikingo, Guerrero y Solano fueron cuatro caballos que cuando salieron a la pista nadie pudo domarlos y supieron combinarse con sus compañeros para llevar felicidad a una ardiente fanaticada que tuvo que esperar cinco años para disfrutar de la anhelada corona. La espera valió la pena.
¡Salve campeones!

Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.

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