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Infraestructura Deportiva

Wiche García Saleta, el alma noble de un olímpico

Juan Ulises García Saleta, (Wiche) hubiese cumplido este recién pasado 25 de octubre noventa y nueve años, nació en 1925.

Pedro Almonte

  Del precursor del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte y padre del olimpismo dominicano, se han Publicado miles de páginas dedicadas a sus hazanas, sobre todo de la intrepidez que tuvo al conseguir en la Ciudad de Panamá, un 1ro de marzo De 1970, la sede para que en Santo Domingo RD, se celebraran Los históricos XII Juegos.

Juan Ulises García Saleta, (Wiche) hubiese cumplido este recién pasado 25 de octubre noventa y nueve años, nació en 1925.

Esta entrega la voy a dedicar a contar algunas cosas que me pasaron siendo yo uno de los técnicos que conformaron el departamento de infraestructura deportiva de SEDEFIR, desde su formación y mi interrelación con el Secretario de Deportes, Juan Ulises García Saleta, que retratan a ese hombre de bien, con bondades más allá del simple ser humano. 

Su nombramiento como Secretario de Deportes:

El nombramiento como secretario de Deportes- el segundo- él sustituyo al periodista Justo Castellano, se produjo mediante decreto 2602 del Presidente Balaguer, en fecha 3 de abril de 1977.

La primera reunión que realizó como Secretario, fue con los ingenieros de la SEDEFIR, llevando tan solo un nuevo director, el ing. Bienvenido Tabaré Carrón Estévez, siendo sus primeras palabras: “En este departamento, nadie se va, todo el personal queda ratificado en su cargo y comenzaré a realizar las diligencias de lugar para que sean nombrados todos” y así posteriormente lo hizo, acompañando el nombramiento subiéndole sustancialmente el sueldo a todos. Antes de Wiche como Secretario existía una nómina informal en La SEDEFIR.

En ese mismo año llegaron a través del Comité Olímpico Dominicano, unas becas para estudiar un curso de especialización de infraestructura deportiva, en una escuela de Roma, Italia, Adscrita Al Comité Olímpico Internacional (COI), cuando le heblamos sobre la beca su respuesta fue: “Yo busco los recursos, hasta pidiendo muchachos, para que ustedes vayan a prepararse, cuenten con todo lo que necesiten”. Nos compró trajes y ropas de invierno y nos dio mil dólares a cada uno, éramos tres, lamentablemente, mis otros dos compañeros ya no están con nosotros. Mientras duró el curso, por ocho meses, mandó a entregarle nuestros cheques de sueldos a nuestras madres y ese curso luego, le valió al país a no tener que buscar extranjeros para construir y diseñar obras deportivas jamás y ha sido nuestra fuente de mantenernos productivos hasta hoy día.  

La construcción del Club Parque Hostos en La Vega. (Anécdota)

Luego de regresar del curso, a mi me mandó a La Vega, mi ciudad natal, para construir el Club Parque Hostos, que estuvo en pie hasta estos días, para dar paso a un moderno polideportivo inaugurado por el presidente Abinader. Durante la construcción él se me apareció un día y me dijo, Almonte.., esta verja esta torcida, fuera de línea, como yo sabia que era un excelente constructor de obras deportivas, me asuste y le dije ingeniero, cual es el punto que esta fuera, y muerto de la risa, me contesto, es que yo se que en toda construcción hay cosas que quedan mal y yo quería que usted mismo me dijera donde había problemas, de inmediato me dijo, le voy a decir a Carrón que le ponga 20 pesos de dieta, esto va bien, eran 10 pesos diarios que me daban. 

El campesino de Semana y el Secretario (anécdota):

El me escogió por ser el más joven y mi comportamiento y disciplina, etc. Para realizar los viajes al interior, una vez íbamos por la antigua carretera de San Francisco a Samaná y vio a un campesino en un burro vendiendo víveres y le dijo: Cepillo, así le decían al chofer, parate con ese viejito, Cepillo se para junto al hombre por la puerta trasera, del Secretario y le pregunto, mi señor ¿cuánto has vendido?, no señor mío, no he vendido ni un chele contesto, pues mire estos cien pesos y váyase a descansar para su casa, un plátano valía para la época, cinco centavos, el hombre cayó literalmente de rodillas exclamando. santísimo, santísimo, se me apareció Dios, se me apareció Dios. Ese era el Wiche a quien le serví técnicamente con orgullo, cuanta falta le hace al deporte y a La República Dominicana. PAZ ETERNA INMORTAL.

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