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Atletismo

Víctor Jaimez: El Niño Bala

Correr el kilómetro a 3.08 con sólo nueve años no es normal, pero Víctor Jaimez-Solorio, un joven prodigio estadounidense, lo está consiguiendo con frecuencia.

Por Roberto Palomar

Mientras los mejores atletas del mundo se batían el cobre en Tokio, en una pista californiana, en Apple Valley, un crío de nueve años y apenas 40 kilos de peso dejaba alucinada a la comunidad atlética estadounidense. Se esperaba un nuevo prodigio de Víctor Jaimez-Solorio, que así se llama el chaval. Pero no tan pronto y con una marca tan sideral como la exhibida en la pista. Aderezada además con una puesta en escena imponente: técnica depurada y capacidad para leer las carreras y rematarlas a lo grande, como gusta en la grada.

Ya el año pasado, en los Juegos Juveniles de Estados Unidos, que abarcan una edad desde los ocho hasta los 18 años, el pequeño Jaimez asombró ganando los 1.500 metros con una superioridad insultante. Pero es que este curso ha pulverizado el récord del mundo de su edad, que estaba en unos estratosféricos 4.57.47 minutos, parando el crono en 4.42.97. Casi 15 segundos menos. Eso supone correr el kilómetro a 3.08. Verdaderamente asombroso, teniendo en cuenta su edad. Basta con subirse un momento en la cinta de correr para poner en su contexto la velocidad del chico.

En España existe un precedente similar. Reyes Estevez, con sólo ocho años, se movía en tiempos similares a los del chaval americano. Y luego se pudo comprobar cual fue su progresión: campeón de Europa, bronce en los campeonatos del mundo, numerosas victorias en los grandes mítines y el reconocimiento de ser uno de los mejores atletas del mediofondo mundial de todos los tiempos. Hoy en día, retirado de la élite, sigue asombrando con sus récords y su estilo en las categorías de veteranos, con más de 40 años. Sigue entrenando con ilusión y se mantiene en un estado de forma envidiable.

Pero volvamos a Jaimez. No es que el chico, de origen mexicano, gane carreras. Es que aplasta a sus rivales. Porque si en el 1.500 es un espectáculo, en distancias menores también arrasa. En la misma edición de los Juegos, ganó el 800 el día anterior y quedó segundo en el 400. El año pasado ganó las tres. Su última vuelta, en las distancias de medio fondo, es verdaderamente prodigiosa, algo digno de verse y de disfrutarse en las plataformas donde están colgadas sus actuaciones en las carreras y sus entrenamientos. Corre con una goma atada a la cinta de correr, porque el motor del aparato no da de sí lo que le exige el pequeño atleta.

Todo hace pensar que estamos ante una figura en ciernes, si bien la progresión en atletismo no guarda siempre una relación directa con las marcas. Los estancamientos, la falta de continuidad en los entrenamientos de calidad, hacen que muchos atletas que en la cantera presentan marcas imbatibles se queden por el camino.

No parece ser el caso de Víctor, puesto que sus cronómetros están fuera de las tablas. Tampoco lo ha tenido fácil, ya que en su familia no hay antecedentes en el mundo del atletismo. Ni siquiera facilidades para acceder a una buena instalación o a un material decente. El padre de Víctor es un humilde vendedor de helados. Un hecho en su biografía que, probablemente, acreciente el mito del hijo si la explosión deportiva llegara a producirse. No tardarán mucho las marcas ni los guionistas estadounidenses en ver que ahí tienen un filón. El aspecto del chico, flaco como un junco, sus peinados cambiantes, su forma de correr y su frescura ante las cámaras harán el resto.

Jaimez tiene muy claro cuáles son sus objetivos en esta vida en una edad en la que lo normal es pensar en divertirse y lo demostró cuando fue entrevistado justo después de batir el récord del 1.500: «Quiero ir a los Juegos Olímpicos para tener amigos alrededor del mundo«.

Sus logros en la pista ya han provocado que la atención del público se desvíe hacia él. No hay carrera en la que sus rivales y los padres de éstos no quieran hacerse una foto con Víctor. Pero incluso esa faceta la tiene clara: «Me gusta. Es como si fuese famoso pero no quiero ser una gran celebridad, porque no quiero que un montón de gente me atosigue«.

Y luego, claro está, tuvo respuestas muy profesionales tras la consecución del récord. Un tipo de contestaciones que podría firmar tranquilamente un atleta de 30 años: «Sí, he tenido que correr más rápido, entrenar más… Hacer muchas más cosas para llegar a este nivel. He conseguido más de lo que tenía en mente y estoy muy contento».

Y, para ser perfecto, se lo dedicó a su abuela. El chico perfecto. El Niño Bala. El tiempo dirá hasta dónde llega. Todo hace pensar que será a lo más alto.

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