Por Nelson de la Rosa
Prensa CBPC
SANTO DOMINGO, RD – Víctor Gárate no necesitó buscar demasiadas explicaciones para identificar qué dejó a los Tigres de Aragua fuera del Round Robin la pasada temporada. El equipo podía colocar corredores en circulación, tenía pitcheo y defendía bien, pero le faltó lo que finalmente decide los juegos: llevar hombres al plato.
«Nos envasábamos mucho, pero no anotábamos carreras», reconoció el gerente deportivo de los Tigres durante su participación en Camino a la temporada 2026-2027 de la CBPC, conducido por Nelson de la Rosa y José Cáceres.

Ahora, después de completar su primer año en el cargo, Gárate asegura llegar mejor preparado. La experiencia le permitió reconocer errores, identificar las debilidades y realizar movimientos con la intención de construir un equipo capaz de regresar a la pelea.
«Cada año se aprende de los errores cometidos, de las cosas que no funcionaron en la temporada anterior. Este año venimos más preparados», explicó.
Una de las prioridades ha sido el pitcheo, especialmente para proteger la parte final de los encuentros en una liga donde la ofensiva suele imponer condiciones. La importación incluye brazos como Ronnie Williams, Tyler Jeans y Junior Ceda, dentro de un grupo con el que Gárate considera que los Tigres pueden presentar un cuerpo de lanzadores mucho más sólido.
Williams tendrá además una función diferente. Después de trabajar como cerrador la pasada temporada, el plan es utilizarlo como abridor, mientras la organización intenta encontrar un mejor balance entre sus lanzadores importados y el talento venezolano disponible.

La construcción del equipo, sin embargo, no termina con el roster que comenzará la campaña. Gárate sabe que en el béisbol invernal las piezas cambian constantemente y que el conjunto de octubre difícilmente será el mismo de noviembre o diciembre. Los permisos de las organizaciones de Grandes Ligas y las fechas de incorporación obligan a planificar prácticamente mes por mes.
Entre los jóvenes que podrían asumir mayor protagonismo mencionó a Keiver Rodríguez, campocorto que estuvo durante la temporada con la organización de los Rangers de Texas y pasó por Doble A y Triple A.
«Creo que va a ser una pieza fundamental para nosotros esta temporada», señaló Gárate, quien también adelantó que Tigres espera observar a jóvenes lanzadores de Ligas Menores con rectas entre 98 y 100 millas por hora.
Su pasado como lanzador también aparece inevitablemente en su nueva responsabilidad. Gárate admite que haber estado del otro lado le permite detectar situaciones que no siempre aparecen en una hoja de estadísticas. Sabe, por experiencia propia, que un pitcher puede competir con alguna molestia o atravesar una situación personal sin que el público conozca lo que ocurre.
«Uno ve cosas que pasan en el terreno que puede entender más fácil. Uno sabe que no está en su día, que puede tener molestias, que está guerreando en el montículo porque muchos no se quieren salir del juego», explicó.

Esa experiencia forma parte ahora de un desafío mayor. Tigres de Aragua carga con una historia de campeonatos y con una afición acostumbrada a ver al equipo compitiendo por títulos. Gárate no intenta escapar de esa exigencia.
El camino, entiende, tiene que recorrerse en orden: primero clasificar a la postemporada, después llegar a la final y entonces conquistar el campeonato que permita regresar a la Serie del Caribe.
«En Maracay esta organización está acostumbrada a ganar, se acostumbraron a quedar campeones. Ya tenemos años que no se ha dado un campeonato y estamos trabajando fuerte para lograrlo, para darles alegría a los fanáticos y que sigan creyendo en sus Tigres de Aragua», afirmó.
Los Nueve Innings, segmento de respuestas rápidas con el que terminó la entrevista, permitieron regresar por unos minutos al Víctor Gárate pelotero. Escogió a Luis Jiménez como el bateador más difícil que enfrentó, a Gregorio Petit como el compañero que siempre habría querido tener a su lado y confesó que, si necesitara sacar el último out de un partido, todavía confiaría en la recta.
También recordó una rutina que lo acompañaba antes de los juegos: limpiar personalmente el guante y el calzado que utilizaría ese día. Cuando tuvo que escoger una sola palabra para definir lo que más valora en una persona, respondió «fidelidad». Y colocado imaginariamente otra vez sobre el montículo, con dos outs, bases llenas y un campeonato en juego, eligió a Miguel Cabrera como el bateador al que le habría gustado enfrentar.
Para el último inning quedó una mirada hacia atrás. Si pudiera regresar a un solo día de su carrera como jugador, Gárate no escogería una victoria ni un ponche importante.
Escogería el día en que llegó a las Grandes Ligas.


