
Por Bárbara Hernández
En el marco del Día Internacional de la Mujer, el Ministerio de la Mujer reconoce, a través de la Medalla al Mérito, a mujeres destacadas en distintas áreas, incluyendo el deporte.
Y esto, sin duda, es valioso.
“A un mes de esta conmemoración, más que una reacción inmediata, esta es una reflexión pausada que busca aportar a la evolución de un reconocimiento que tiene un valor profundo para nuestro país.”
Reconocer a la mujer es reconocer su esfuerzo, su lucha y su impacto en la construcción de una mejor sociedad. Sin embargo, cuando hablamos del ámbito deportivo, surge una reflexión necesaria:
¿qué estamos entendiendo por mérito?
En los últimos años, hemos visto cómo el reconocimiento suele centrarse en logros recientes, especialmente en atletas que han alcanzado medallas en escenarios internacionales. Y sí, esos triunfos nos llenan de orgullo como país.
Pero el deporte no se construye únicamente en el podio.
Detrás de cada medalla hay años de trabajo silencioso. Y más allá de cada medalla, hay mujeres que han dedicado su vida entera al deporte: formando atletas, abriendo caminos, liderando procesos, sosteniendo estructuras que hoy permiten que otras brillen.
Mujeres que ya no están en la palestra mediática, pero que siguen siendo fundamentales.
Entonces, la pregunta no es si debemos reconocer a quienes hoy ganan. La respuesta es sí.
La verdadera pregunta es:
¿estamos reconociendo también a quienes hicieron posible que hoy existan esas victorias?
El mérito no debería medirse únicamente por el resultado inmediato, sino por el impacto sostenido.
Porque hay trayectorias que no caben en una medalla, pero sostienen generaciones enteras.
Este no es un cuestionamiento al reconocimiento, es una invitación a fortalecerlo.
A ampliar la mirada.
A construir criterios que integren no solo el logro visible, sino también el legado.
Tal vez ha llegado el momento de pensar en categorías que permitan reconocer tanto a la atleta activa que hoy representa al país, como a la mujer que ha dedicado años a formar, dirigir y transformar el deporte desde otros espacios.
Porque cuando reconocemos con justicia, no solo celebramos el presente, también honramos la historia y aseguramos el futuro.
El deporte dominicano está lleno de mujeres que merecen ser vistas.
No solo cuando ganan, sino también cuando construyen.
Y reconocerlas correctamente no es un acto simbólico.
Es un acto de justicia.



