A Stanley Javier lo conocí casi de casualidad. Se acercaba el verano de 2006 en Cuba, y mientras trabajaba en mi San José de las Lajas natal, el fraterno Rolando “Chicho” Flores me avisó que en unos minutos el ex jugador estaría llegando al estadio “Nelson Fernández”. ¿En serio? fue mi pregunta. ¡Seguro!, fue la respuesta.
Ya en el “play” no perdí la oportunidad de presentarme y él reaccionó amigablemente. Entonces se me acercó uno de los federativos del Beisbol cubano que lo acompañaba. Me vio joven y, a solas, me dice:
- “¿Sabes quién es ese?”
- “¡Pues claro que sí! Stanley Javier, un center fielder dominicano que jugó 17 temporadas en Grandes Ligas.” Fue mi respuesta.
Y luego de decirme que era una “visita de bajo perfil”, alejada de los medios oficiales, salí nuevamente en busca del exjugador y le pedí unas palabras para la Revista Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana, a lo que respondió:
- Tenemos poco tiempo, pero mientras recorro el play, podemos hacerlo.
Y así, recorriendo el terreno, me habló de su carrera: “Comencé en el béisbol en mi ciudad natal, San Francisco de Macorís, República Dominicana, un país donde se juega mucho al béisbol. En aquella época estuve muy motivado por el ejemplo de mi padre Julián Javier, ex segunda base de los Cardenales de San Luis, quien fue una estrella en Grandes Ligas y por el mismo hecho de ser dominicano, pues nosotros, al igual que ustedes los cubanos llevamos la pelota en la sangre y como cada niño soñaba con llegar a triunfar.”
Luego de recordarle su primer hit en Grandes Ligas frente a George Frazier de los Indios de Cleveland, el ex jugador comentó: “A partir de ese momento vinieron muchos acontecimientos importantes en mi vida como deportista. Participé en tres Series Mundiales, jugué con muy buenos equipos, yo creo que lo importante es el nivel. La experiencia de jugar en Grandes Ligas es fantástica, el béisbol es un deporte muy difícil de jugar y quedarse tanto tiempo en el máximo nivel es un honor y un placer para mí. No puedo olvidar el hecho de compartir en Series Mundiales con jugadores Super estrellas como Barry Bonds, José Canseco, Mark McGwire, Alex Rodríguez y toda esa gente. Hice muy buena amistad con todos ellos y es una experiencia muy bonita porque uno está haciendo lo que le gusta. Eso es, sin dudas, una gran bendición.”
Mientras me decía que estaba Cuba como representante del Sindicato de Jugadores, en la antesala al Torneo Clasificatorio a los Juegos Olímpicos de Beijing, en La Habana 2006, el jugador que se caracterizó por su juego alegre y una excelente disciplina dentro y fuera del terreno, detectó algunas irregularidades.
“Hemos encontrado un terreno donde la almohadilla de primera estaba unas pulgadas más cerca del home plate y en otros casos el montículo del lanzador más elevado que de lo reglamentado y todo eso, de alguna manera, tiene gran incidencia en el desarrollo del juego. aunque en sentido general vimos terrenos muy buenos aquí en Cuba, aunque eso sí, necesitados de un buen trabajo de mantenimiento. Por cierto, con la almohadilla a esa distancia yo hubiera bateado 300 en MLB pues me sacaron muchos outs muy cerrados, jjj”
Stanley Javier, que participó en 1763 partidos de Grandes Ligas y terminó con average de .269, con 1358 hits, 225 dobles, 40 triples y 57 jonrones, ganó con los Atléticos de Oakland en la temporada de 1989, también se refirió a los peloteros cubanos.
“En mi época de jugador me relacioné con muchos de ellos, especialmente con Rafael Palmeiro y José Canceco. Sin embargo, he seguido siempre el béisbol cubano a través de la prensa, las Olimpiadas y yo he oído de sus peloteros desde el tiempo de Martín Dihigo. La historia de los jugadores de aquí, siempre me ha encantado y soy fanático de Omar Linares y Orestes Kindelán, quien conectaba muchos jonrones.”
La entrevista, un poco más extensa se puede leer en palabra-nueva-155-2006-09, a nivel de terreno terminó con un gran apretón de manos y el agradecimiento mutuo.
Para mí fue la primera con un “Big Leaguer” ganador de un anillo de Serie Mundial y ganador de cuatro coronas como miembro prominente de las Águilas Cibaeñas, en los campeonatos de 1986, 1987, 1993 y 1996 de la Liga Dominicana.
Esta vez no me referí a un momento de gloria en lo puramente deportivo, pero sí a un momento muy peculiar desde lo profesional. Por cierto, espere pronto uno especial del propio Stanley Javier, quien aquella vez me confesó que en



