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Tres atletas boricuas comparten historias sobre retos de la isla

Pareciera que Puerto Rico no puede darse un respiro

Bernie William pronuncia algunas palabras. A su lado el artista Ricky Martin/ Fuente Exerma
Por Aishwarya Kumar | ESPN.com

 

Pareciera que Puerto Rico no puede darse un respiro.

Primero, en septiembre de 2017, la isla fue azotada por un huracán cuya fuerza rozaba los límites de la Categoría 5, siendo uno de los más poderosos en atacar a Puerto Rico y el territorio continental de Estados Unidos. El Huracán María provocó daños estimados en $90 mil millones y más de 2.900 fallecimientos en Puerto Rico. Justo cuando la isla comenzaba a recuperarse de la destrucción dejada por el poderoso huracán, un terremoto de magnitud 6.4 causó daños en aproximadamente 8,000 hogares en enero de 2020.

En el mes de marzo, mientras los puertorriqueños se encontraban ocupados con el proceso de reconstrucción, la pandemia del coronavirus llegó a la isla. La totalidad de la ínsula entró en confinamiento, imponiendo reglas que convirtieron a su cuarentena en una de las más estrictas del mundo. La isla (con una población de aproximadamente 2.8 millones de personas) ha registrado 7,465 casos de coronavirus y 153 fallecidos, según el diario The New York Times. (Y la miseria no acaba allí. La semana pasada, un sismo de magnitud 5.3 golpeó al territorio suroccidental de la isla).

Algunos atletas boricuas han vivido las tres experiencias. Durante el paso del Huracán María, la corredora olímpica Beverly Ramos se mantuvo en penumbras durante varios días, con la batería de su teléfono agotada luego de las primeras horas sin electricidad.

«No tenía idea de lo que ocurría. En ese momento, no podía ver las fotos e imágenes. No podíamos ver las noticias y por ello no sabíamos nada. En Estados Unidos [continentales] estaban mejor enterados de lo que sucedía en Puerto Rico que nosotros», indicó Ramos.

Varios deportistas puertorriqueños (algunos en gira, como fue el caso de la tenista profesional Mónica Puig; o que residen en el territorio continental de Estados Unidos, como el ex jardinero central de los New York Yankees Bernie Williams) vieron los sucesos desde la distancia.

La única diferencia sustancial con la pandemia de la COVID-19, según concuerdan los tres atletas, es la imposibilidad de hacer algo que se les enseña a los puertorriqueños desde temprano: Unificarse y trabajar juntos.

Hoy en día, con la pandemia galopando en el territorio continental de Estados Unidos, estos tres deportistas boricuas comparten detalles íntimos de la isla, cómo lograron imponerse sobre la destrucción causada por el huracán y el posterior sismo, junto con la firme convicción de que la resiliencia de los isleños les ayudará a superar la pandemia.


Beverly Ramos

Corredora olímpica

Pueblo natal: Carolina, Puerto Rico

«Wow. Aquí estamos otra vez».

Ramos, de 32 años, recuerda haber pensado esas palabras, sentada en la sala de su hogar durante el primer día de la cuarentena motivada por la COVID-19, en la segunda semana del mes de marzo de 2020. Hace dos años y medio, en septiembre de 2017, se encontraba en confinamiento cuando el Huracán María estaba a punto de tocar tierra. Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan (ciudad capital de Puerto Rico, que colinda con Carolina) había comparecido en una conferencia de prensa similar. Sus palabras resonaron en toda la isla: «Por su seguridad, manténganse en casa».

Durante las tres semanas posteriores al paso del Huracán María, Ramos salió de su residencia en pocas ocasiones, en su mayoría para comprar víveres. En esos primeros días, pudo ver escenas no muy distintas a las vividas en el territorio continental de Estados Unidos durante la llegada del coronavirus, con multitud de personas haciendo fila a las afueras de abastos y supermercados. Una vez adentro, acapararon papel sanitario, toallas de papel y arroz.

Tan pronto cómo el virus hizo acto de presencia en Puerto Rico, toda la isla quedó paralizada. La gobernadora Wanda Vázquez impuso una serie de reglas que se encuentran entre las más estrictas en toda la jurisdicción de Estados Unidos: Las reuniones al aire libre quedaron prohibidas, al igual que las caminatas o trotes en los parques. No se podía salir de casa (incluso para adquirir productos o servicios esenciales) después de las 7 p.m. Igual que en 2017.

Tres semanas después de la llegada del Huracán María, cuando los residentes boricuas comenzaron lentamente a salir en sus autos, Ramos empezó a transitar por la isla, asimilando toda la destrucción que había dejado el huracán en su paso. Actualmente, cuando sale a comprar víveres, sólo puede ver el vacío. No existen señales físicas de destrucción, pero tampoco se divisan signos de alguna de esas características que hacen de la isla un lugar único.

«Las cosas que nos convierten en lo que somos (las cenas en familia, la música latina sonando en cada calle, los niños jugando en parques o jardines), todas habían desaparecido», expresó Ramos.

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