Los trayectos nacen y mueren en el MPC (Centro Principal de Prensa) y el IBC (para radios y televisoras), pero los horarios casi nunca se cumplen a la hora del regreso, con casos particularmente dramáticos para los colegas en la gimnasia artística y el boxeo.
Por Fausto Triana, Enviado especial
LIMA.- (Prensa Latina) La espléndida ceremonia inaugural y la calidad de las instalaciones, destacan en la organización de los XVIII Juegos Panamericanos, en contraste con el transporte y voluntarios, grises como los cielos de Lima.
Los trayectos nacen y mueren en el MPC (Centro Principal de Prensa) y el IBC (para radios y televisoras), pero los horarios casi nunca se cumplen a la hora del regreso, con casos particularmente dramáticos para los colegas en la gimnasia artística y el boxeo.
En aras de racionalizar los autobuses, en muchas ocasiones se incumplen los horarios previamente establecidos, y se obliga a esperar a periodistas dos y tres horas en las instalaciones deportivas en detrimento de su trabajo y descanso.
El tráfico en la urbe de más de ocho millones de habitantes es infernal, literalmente y crece el temor de que se agrave el transporte de los Panamericanos, cuando terminan varios días feriados en Lima.
Para hacer más crítico el problema, el vocero de los Juegos, Carlos Lazarte, promete en los briefings matinales que todo mejorará, mientras el enorme grupo de voluntarios que debería atender las demandas de los reporteros, permanece desinformado y ajeno.
Educados y con una sonrisa a flor de labios, los voluntarios, sin embargo, parecen tomarse literalmente las lides como fiestas panamericanas que les permiten las selfies, cierto protagonismo y una tremenda ineficacia para afrontar los problemas que surgen a diario.
Todo está bien, todo es correcto, es la primera respuesta que ofrecen ante diversas situaciones que surgen. Luego asumen posturas policiacas persiguiendo a los periodistas que se atreven a tomar pequeños videos en las sedes deportes, para preservar los derechos de las televisores, dicen.
Cuesta que entreguen las alineaciones o rosters de los equipos en las diferentes disciplinas deportivas, y no tienen ni la menor cortesía de entregar agua a los enviados especiales, quienes no pueden moverse de sus mesas de trabajo.




