Por Kevin Cabral
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En medio de la expectativa por el inicio de los playoffs de MLB, nos llegó la noticia del fallecimiento por causas naturales de Pete Rose. Así se cerró un capítulo de una de las historias más tristes y trágicas desde que el béisbol surgió como deporte en el Siglo XIX.
Pero entendemos que el ánimo del momento debe ser celebrar la carrera de uno los jugadores más populares de todos los tiempos. Y es que nadie amó más el pasatiempo y lo jugó con más intensidad que este nativo de Cincinnati conocido como “Charlie Hustle”.
La carrera de Rose fue longeva y extraordinaria en sus logros. Novato del Año de la Liga Nacional en 1963, el bateador de ambas manos comenzó a coleccionar temporadas de 200 o más hits en esa década, obteniendo sus primeros títulos de bateo en 1968 y 1969.
En 1973 tuvo una de sus mejores temporadas, bateando .338 para obtener otro campeonato de promedio y logrando una marca personal de 230 hits. Su actuación le valió ser reconocido como Jugador Más Valioso de la LN.
En 1975, aceptó un cambio de posición a la tercera base, abriendo espacio en los jardines para George Foster y Ken Griffey. Fue cuando la “Gran Maquinaria Roja” alcanzó su cúspide, logrando campeonatos en 1975 y 1976. Rose fue figura central de esas coronas por su producción y juego agresivo y oportuno en la post-temporada.
Se despediría de Cincinnati en 1978 con una temporada en la que logró una cadena de 44 partidos seguidos pegando de hit.
Al concluir esa estación, se declaró agente libre y firmó con los Phillies de Philadelphia. No fue casualidad que en 1980 los Phillies dejaron atrás los fracasos en playoffs de 1976, 77 y 78 y se coronaron campeones por primera vez. En otro equipo cargado de talento, llegó la pieza que faltaba y se llamó Pete Rose.
Al regresar a Cincinnati, Rose vio premiada su longevidad y actitud de nunca regalar un turno el 11 de septiembre de 1985, cuando consiguió su hit 4192 para rebasar a Ty Cobb y convertirse en el Rey del Hit de MLB.
Lamentablemente, luego de retirarse cometió el pecado que nunca se ha perdonado en el béisbol. Al comprobarse sus vínculos con apuestas, Rose fue declarado “permanentemente inelegible” por MLB, viéndose obligado a alejarse del deporte que tanto amó y quedando fuera del Salón de la Fama, donde indudablemente debiera estar.



