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Sammy Sosa, Casi Casi Entre los Más Grandes

MÉXICO — Abran las puertas del Salón de la Fama. Hagan un espacio grande, en una vitrina especial, sin sospechas, ni dudas y reserven el lugar para uno de los más grandes peloteros latinoamericanos de la historia.

Si la referencia de todos los tiempos tiene que ver con las obras de Roberto Clemente, Juan Marichal o Luis Aparicio, Fernando Valenzuela o Martin Dihigo… ¿en qué sitio del «templo latinoamericano» habrá de colocarse a Sammy Sosa?

El toletero dominicano está muy cerca de convertirse en apenas el quinto jugador con 600 ó más jonrones. Sosa pondrá pronto su nombre en el mismo nivel que bateadores como Hank Aaron, Barry Bonds, Babe Ruth y Willie Mays.

Más allá de la polémica donde su nombre se mezcló con sustancias prohibidas -como el de la mayor parte de los peloteros de esta época- Sosa demostró ser uno de los mejores de este deporte en la feroz lucha que sostuvo en 1998 con Mark McGwire por la marca de más jonrones en una temporada que poseía Roger Maris desde 1961.

Sosa terminó ese año con 66, cuatro detrás de McGwire, pero fue nombrado el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y todavía recuerdo aquel gran desfile que se le organizó por el «Cañón de los Héroes» en Nueva York.

A pesar de subsistir en una época de grandes bateadores, Sammy es el único jugador que ha bateado 60 cuadrangulares o más en tres temporadas, aunque siempre en esas oportunidades fue superado por el propio McGwire (1998 y 1999) y por Barry Bonds (2001).

La única mancha bochornosa en la carrera de Sosa se refiere al corcho que los umpires descubrieron en su bate durante un partido. Sosa dijo que fue un error honesto. «Utilice el bate para la práctica de bateo», dijo. Se analizaron los otros setenta y siete bates de Sammy y los cinco bates que están en el Salón de la Fama de Copperstown, sin encontrar corcho u otras substancias que no cumplieran los reglamentos.

Entiendo y respeto lo que el puertorriqueño Clemente significó para el béisbol latinoamericano. Comprendo también la aportación del dominicano Juan Marichal o la del venezolano Luis Aparicio y la del mexicano Fernando Valenzuela y o la del cubano Martin Dihigo. No estoy tratando de menospreciar la historia ni meterme en un callejón sin salida para tratar de defender la carrera de uno de los grandes jonrones de la historia.

A sus 38 años de edad y tras una temporada de descanso, Sosa aceptó un contrato de Ligas Menores por «apenas» 500 mil dólares para tratar de extender sus cifras hacia la inmortalidad. No hubiera sido justo para él ni para el béisbol que su carrera hubiese concluido en la penumbra de la sospecha.

Hay más días buenos que malos en su carrera. Hay jornadas inolvidables, llenas de gloria, heroísmo y talento. No es justo recordarlo por aquel bate partido por la mitad y lleno de vergüenza. Prefiero cerrar los ojos y soñar con aquel Sammy que echaba el bate hacia atrás, enviaba la pelota a la cuarta fila del jardín derecho y salía corriendo, llevándose la mano derecha a la boca y luego al corazón.

A mi no me cabe la menor de la dudas. Sosa, un futuro e inobjetable miembro del Salón de la Fama, tiene todos los fundamentos para «pelear» cabalmente entre los mejores beisbolistas latinos de todos los tiempos. Vayan haciendo un espacio, decoroso, especial, único y sin sospechas, ni dudas, para Sammy Sosa.

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