Por Elwin Peña “El Súper Profe”
Anoche, Sal Frelick protagonizó una de las jugadas más impactantes y poco comunes en la historia de la postemporada: una doble matanza 8-6-2, la primera de este tipo registrada en los anales del béisbol de octubre. Su atrapada y posterior doble jugada capturaron la atención de fanáticos y especialistas, al combinar reflejos, coordinación y precisión en una sola acción.
El joven jardinero de los Cerveceros de Milwaukee no solo evitó un extrabase clave, sino que también ejecutó una secuencia perfecta que recordó a los amantes del béisbol que la defensa sigue siendo un arte capaz de cambiar el rumbo de un partido.

Una jugada para la historia
La conexión entre la defensa y la historia se hizo inevitable. La brillante acción de Frelick trajo a la memoria una de las jugadas más recordadas del béisbol moderno: la “doble matanza de Devon White” en la Serie Mundial de 1992.
Aquel momento, ocurrido en el Juego 3 entre los Toronto Blue Jays y los Atlanta Braves, es parte del legado defensivo del béisbol. Devon White, jardinero central de Toronto, corrió hacia la pared, saltó y atrapó con una mano una pelota que parecía destinada a ser cuadrangular. En un instante de reacción y precisión, devolvió la pelota al cuadro para completar una doble matanza, que incluso rozó el triple play.
Fue una jugada que definió la Serie Mundial y que ha sido calificada por los expertos como “milagrosa” por su grado de dificultad y su impacto en el juego.
El valor de la defensa en octubre
Frelick, al igual que Devon White hace más de tres décadas, demostró que las grandes jugadas defensivas no solo salvan carreras, sino que pueden ser tan decisivas como un jonrón o una hazaña monticular. Su doble matanza 8-6-2 quedará inscrita como una rareza digna de museo, un recordatorio de que el béisbol, más allá de la potencia ofensiva, también vive y se inmortaliza en el guante.
Momentos para la historia
Cada día el juego nos regala momentos que reavivan la memoria colectiva del béisbol. Entre atrapadas imposibles, jugadas enigmáticas y destellos de genialidad, Frelick revivió el espíritu de Devon White y reafirmó que el béisbol sigue siendo un deporte donde la historia y la emoción se escriben en cada lanzamiento.



