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Judo

Ronaldo Veitía pone rumbo hacia la eternidad divina

La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, dijo el apóstol José Martí.

Ronaldo Beitía. Fuente Externa

Por Yasiel Cancio Vilar

La Habana, 6 dic (Prensa Latina).- El judo de Cuba y el mundo están de luto, Ronaldo Veitía puso rumbo hacia la inmortalidad, ese lugar divino donde descansan los íconos de la historia de la humanidad, los gestores del universo.

Veitía falleció, me dijeron. Cerré los ojos, suspiré. No por esperada la noticia dejaba de ser en extremo dolorosa, punzante. El Dios cubano del judo había luchado por mucho tiempo contra la muerte, y muchos nos aferrábamos a cualquier hálito de esperanza. Pero, desgraciadamente, se apagó el candil.

La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, dijo el apóstol José Martí.

Era muy joven yo cuando veía aquel personaje singular, excéntrico, robusto como él solo, un buda de alma y corazón, descomunalmente cubano, apasionado hasta la médula, dedicado a crear.    Sí, Veitía era un mago de la creación, era un hechicero capaz de convertir el barro en oro, de levantar mitos del tamaño de un templo, de moldearlos a la perfección.

Idolatrado, ser amado y reverenciado, respetado, Veitía, con sus manos de orfebre erigió de la nada una de las escuelas de judo femenino más veneradas y prolíferas del planeta, sacó del ostracismo al deporte, confeccionó esencias y ejemplos, sobrevoló por encima de las mezquindades humanas, resistió, en vida subió al cielo y bajó al infierno, se esmeró en cada momento, en cada detalle.

Hacer una lista de sus campeonas sería hipócrita. Mencionar a decenas y decenas de jerarcas nacidas bajo su halo tendría poca relevancia al lado de su gigantesca obra. Sin embargo, créanme, nada lo haría más feliz porque su orgullo máximo -familia aparte- eran, son, sus discípulas, sus «niñas», sus monarcas del tatami, sus mujeres de hierro.

Idalys Ortiz, Estela Rodríguez, Legna Verdecia, Amarilis Savón, Daima Beltrán, Driulis González, Odalys Revé y Yurisleidis Lupetey y muchas, muchas más. Generaciones. Son demasiadas medallas y títulos olímpicos y mundiales bajo su manto. Es una barbaridad. No por gusto pertenece al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Judo.

Hace ya seis años, en el momento de su retiro oficial como entrenador principal del equipo nacional, Veitía dijo -y es algo que quedó plasmado de manera permanente en la historia de la Patria- que se iba a casa, entre lágrimas, «coronando una vida por y para el judo».

Veitía vivió para el deporte. A eso pónganle el cuño. Desde que tomó las riendas de la selección nacional de Cuba a finales de los 80′, comenzó una nueva era en los tatamis cubanos, matizada por cascadas frondosas de títulos y leyendas, de rigor, pero sobre todo de respeto y apasionamiento.

Hoy llora Cuba toda. Hoy el mundo es un mar de lágrimas. El judo, con un velo irreverente, está de luto, uno de sus pilares magníficos dijo adiós a la vida terrenal y sacó pasaje al más allá, a la tierra de los inmortales.
mem/yas

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