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Reflexiones; valoración en el tiempo

Familia, amigos, amistades cercanas y compañeros en distintos ámbitos, permanecen con gran vigencia y aprecio en nuestra   memoria.

 

Por Jesús Alberto Rubio

¡Lo Mejor para Usted este 2023!

Todo diciembre y en especial Navidad, Fin e Inicio de Año, se caracteriza por la motivación sensible hacia la reflexión y valoración de vida personal, familiar y el entorno social y humano.

Los recuerdos, vivencias y experiencias se acumulan al estar preservados en el tiempo.

Familia, amigos, amistades cercanas y compañeros en distintos ámbitos, permanecen con gran vigencia y aprecio en nuestra   memoria.

Un amanecer y atardecer que no termina.

Hacer un recuento de este gratificante horizonte, distante y a la vez cercano, nos enriquece.

Y compartirlo, todavía más.

Sí, tomado también como un enaltecedor legado.

Por qué no hacerlo.

Diversidad de escenarios

Hoy, al paso del tiempo, ya en plena madurez, por ejemplo, he reflexionado cómo llevé a cabo mis estudios de enseñanza primaria en cuatro planteles educativos ubicados en Guaymas, Hermosillo, Luis B. Sánchez y Hermosillo.

Reflexiono en torno a esos capítulos de la niñez y la adolescencia a través de   múltiples escenarios y condiciones de vida, considerando que al final de cuentas moldearon mi carácter y forma de ser con el paso de los años.

El acompañar a mis abuelos Zeferino y Guadalupe fue la causa de tanto cambio de ciudad y con ello darle continuidad a mis estudios en mis escuelas primarias de Sonora y Baja California.

Por fortuna me gustó desde mi niñez el aprendizaje escolarizado, lo cual afianzó mi estabilidad emocional ante los diferentes cambios de entornos a los que me incorporé, siempre con gran gusto y dedicación.

Ser jefe   de grupo en tercero y cuarto grados; participar como cantante en festivales de los planteles y comenzar a jugar beisbol organizado, fueron factores que de alguna forma me ayudaron en mi formación educativa.

También contribuyó en gran forma el ser el abanderado de la Escolta de la primaria Gabino Barreda, en el sexto grado en Tijuana.

A mis profesores de tercer año de la escuela Heriberto R. Silva de Luis B. Sánchez, Jesús Delgado; de cuarto en la Vicente Mora, de Hermosillo, Manolo Nevárez; de quinto y sexto en la Gabino Barreda, Gabriel Rolón y Alejandro Martínez, respectivamente, mi agradecimiento por sus enseñanzas y orientaciones.

Lo más formidable en mi relación y recuerdo perenne con Delgado y Rolón, ha sido que reciente hablé con ellos vía telefónica después de no contactarlos desde los principios de los años 60.

Al profesor Nevárez me lo he encontré aquí en Hermosillo hará unos 15 años.

Jugar beisbol desde la categoría infantil, fue sin duda otro factor protector del todo favorable.

En igual forma, teniendo siempre la atención y acompañamiento de mis abuelos, mi madre Rosa, tío José (Limber), así como mis hermanos Martín, Guillermo y Francisco.

Con mi hermano Fernando López.

De toda esa inolvidable etapa de la niñez, cuántos recuerdos-nostalgia por compañeros condiscípulos y amigos que nunca más he encontrado por los constantes cambios de domicilio de ciudad.

Ya en la Escuela Secundaria de la Universidad de Sonora, fui presidente de la Sociedad de Alumnos, además de seguir jugando beisbol, como factores importantes que reforzaron mi madurez en el paso de la adolescencia a la juventud.

Otros deportes que practiqué en aquella etapa –desde la educación primaria– fueron el atletismo (saltos de altura, longitud, lanzamientos de disco y bala, así como competencias pedestres de al menos 800 metros.

Actitud abierta

Debo decir que mi formación de cuna, humilde, y las aulas universitarias, me orientaron a tener una actitud abierta, crítica, muy propositiva en torno a las circunstancias y tiempos que me han tocado vivir.

Desde adolescente, además de combinar el estudio con mi pasión por el juego de béisbol, también me inspiraron las ideas de grandes protagonistas de la historia y otros personajes más cercanos a mi época y del antaño histórico.

Puedo citar a Martín Luther King, Mathama Gandhi, Simón Bolívar, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, José María Morelos, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Felipe Ángeles, José Vasconcelos…

Como joven preparatoriano de la Universidad de Sonora entre 1970 y 1973, e incluso un semestre en Letras y Lingüística, simpaticé con todos los movimientos sociales, siempre tratando de asumir una posición de liderazgo como presidente de asociaciones de estudiantes (en la Secundaria Unison), mesas directivas, consejero estudiantil (Universidad Veracruzana), ¡y sin dejar de jugar béisbol.

Para 1972-1973 comenzaba a trabajar como reportero deportivo en El Imparcial, lo cual me permitió adquirir una formación más madura, con mayor visión de las cosas en el entorno y las relaciones con la gente.

Por cinco décadas…

En el transcurso de casi cinco décadas he dedicado mi tiempo en el campo laboral entre la Comunicación/periodismo y la docencia (25 años), en este último renglón, formando en las aulas en ese tiempo académica y culturalmente a estudiantes de preparatoria y universidad.

Me recreo en el béisbol, combinando mi trabajo periodístico con mis columnas y la asociación de cronistas, siempre fomentando relaciones sanas tratando de hacer bien las cosas, con honestidad, en familia, en mi trabajo, cuidando lo valioso que uno tiene, influyendo de mejor manera con los hijos y nuevas generaciones, con la familia. Y esperando mejores cosas para México

Más reciente, me he dedicado con más ímpetu a otra pasión: escribir, investigar, hurgar aquí y allá y publicar, pensando ahora en la otra etapa: difundir-divulgar.

Me da por abordar y compartir de manera especial en mis redes sociales temáticas, obviamente de béisbol, historia, cultura, ciencia, educación, entre otras.

Durante mi trayectoria más allá del campus universitario y de la actividad periodística diaria en algún medio informativo, tuve oportunidad de realizar mi servicio social en el ayuntamiento de Veracruz cuando el gobierno de Roberto “Beto” Ávila -en Difusión y Relaciones Públicas-.

Como antecedente en el ámbito educativo, debo recordar que mi primera experiencia docente en el aula se dio entre 1975-1976 en el Instituto Kennedy –nivel de enseñanza secundaria—al momento en que realizaba mis estudios de licenciatura en la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana.

En mi retorno a Hermosillo, fui docente en la Universidad del Noroeste (UNO) entre 1981 y 1987; luego en la Universidad Kino y el Cobach, en este subsistema, primero como docente en el plantel Reforma y luego en el área de Difusión (incluyendo la Gaceta) de la misma institución a nivel estatal.

Más tarde, director del plantel I del Conalep y, a partir de 1998, en la Dirección de Comunicación de la Universidad de Sonora y meses después académico en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la misma querida alma mater sonorense donde ya espero con gusto la resolución de jubilación.

Esta narrativa/historia, sencilla, no termina; sí… no se acaba hasta que se acaba, ¡como decía Yogi Berra!

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