Por Danny García
El dirigente del equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol, Albert Pujols, quien goza del respeto de jugadores y fanáticos, demostró que aún es novato a la hora de tomar decisiones claves.
En jugadas elementales, de esas que cualquiera que haya visto béisbol toda su vida no deja pasar, no hace falta haber bateado .296, conectar 703 cuadrangulares, remolcar 2,218 carreras o robarse 117 bases en Grandes Ligas para saber qué hacer.
Todos vimos una buena dirección del equipo desde los partidos de exhibición en Santo Domingo, donde la República Dominicana ganó el primero con amplio margen y empató el segundo. Hasta ahí, excelente.
Luego arrancó el Clásico Mundial y el equipo dominicano mostró su poderío y versatilidad, respaldado por el enorme talento de sus jugadores. Pujols hizo movimientos, sí, pero en su mayoría cuando las ventajas eran amplias, dando oportunidad a los demás para ver acción.
Durante todo ese tiempo, vimos a un Pujols con semblante frío y serio, reiterando que sus jugadores eran profesionales y que no había que decirles mucho. En esa parte, quizás tenía razón.
Pero el béisbol cambia cuando el juego se aprieta.
Ahí, en un escenario cerrado y de muerte súbita, esa misma frialdad le jugó una mala pasada. Y si a eso le sumamos decisiones cuestionables del árbitro principal en contra de su equipo, el margen de error se reduce a cero.
Es en esos momentos donde se mide un dirigente. Donde se demuestra el estratega.
Sabemos que tuvo un buen año con los Leones del Escogido, atravesando incluso momentos difíciles sin ser despedido , algo poco común en la liga dominicana. Su condición de leyenda le dio al gerente ese compás de espera en un torneo largo, muy distinto a la intensidad y presión del Clásico Mundial.
Se aprende en el camino, sí. Pero también estudiando y ajustando.
Cuando el equipo no responde igual, el juego pequeño se vuelve necesario para hacer grande a tu equipo.
Le deseamos suerte. Pero también entendimiento.
Porque las preguntas, después de un juego como este, siempre van a estar. De periodistas y fanáticos. Y ahí también se dirige: con calma, con claridad… y con respuestas.
El respeto que se ganó como jugador es intocable.
!Ojalá no empiece a perderse como dirigente!



