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Preolímpico de surf se tiñe con el añil de El Salvador

Entre las iniciativas de los Juegos Mundiales de Surf que transcurren en las playas El Tunco y El Sunzal, del circuito «Surf City», destacan un par de mini-obrajes para que los visitantes tiñan sus prendas de añil.

Fuente Externa.

Por Charly Morales Valido

San Salvador, 3 jun (Prensa Latina) El preolímpico de surf que prosigue hoy en El Salvador también sirve para mostrarle al mundo algunas tradiciones de este país, como el ancestral arte del añil.

Entre las iniciativas de los Juegos Mundiales de Surf que transcurren en las playas El Tunco y El Sunzal, del circuito «Surf City», destacan un par de mini-obrajes para que los visitantes tiñan sus prendas de añil.

Fuente Externa.

Surfistas llegados de medio centenar de países tienen la posibilidad de conocer la historia de esta práctica, e incluso meter sus manos en el caldo celeste para explorar las potencialidades del emblemático tinte.

Al final, este certamen fue también una oportunidad del gobierno de El Salvador para potenciar el turismo, y desde que comenzó a organizarlo lo preparó como una gran vitrina de lo cuscatleco.

Es imposible hablar de la cultura de esta nación centroamericana sin mencionar al que por años fue considerado su Oro Azul, sacado del xiquilite, término náhuatl que significa «hierba azul».

Fernández de Oviedo, el primer naturalista del Nuevo Mundo, referenció los tintes índigos de los aborígenes locales en 1526, y a mediados del siglo XVI ya El Salvador producía un 91 por ciento del añil en América Central.

Fuente Externa.

Los nativos tenían sus técnicas de extracción, pero los españoles introdujeron el sistema de obraje, que redujo el riesgo de enfermedad y muerte por la inmersión en el caldo de xiquilite fermentado.

El añil fue, junto al café, el producto líder en las exportaciones salvadoreñas en el siglo XIX, pero la irrupción de los tintes industriales provocó la decadencia de dicha industria, arruinó los obrajes de procesamiento y socavó la tradición.

También incidieron las plagas que asolaron las fincas de Chalatenango y Cabañas, un compendio de males que condujeron al colapso de la industria en 1945, y amenazó con extinguir esta tradición.

Existe un programa para revivir el añil en lugares donde quedaban vestigios de obrajes, desarrollado con el testimonios de los pocos maestros punteros que aún recordaban los secretos para extraer la tinta.

La demanda de tintes orgánicos propicia un resurgir del añil salvadoreño, un producto que comulga sin problemas con el espíritu libre y amigable con el medio ambiente que caracteriza al surf y su comunidad.
jcm/cmva

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