Por Jeff Passan/ Escritor de ESPN
MÁS DE UN MES DESPUÉS de iniciado el paro patronal del Béisbol de Grandes Ligas, plenamente conscientes de que la liga y los peloteros no han sostenido una sola sesión de negociaciones significativa desde el comienzo del conflicto laboral, y ante unos entrenamientos primaverales que se acercan rápidamente, sin una iota de avances con miras a un nuevo contrato colectivo, un veterano hombre de béisbol esta semana dijo en una llamada telefónica, en tono muy calmado: «¿Qué ca—- hacemos?»
Este hombre no es un alarmista. Tiene íntimo conocimiento de cómo se desarrolla (mejor dicho, cómo no se desarrolla) la relación entre la liga y el sindicato de peloteros, y se ha hecho cada vez más escéptico con respecto a la posibilidad de que ambas partes lleguen en poco tiempo a un acuerdo. Aún no se siente dispuesto a afirmar si el béisbol perderá partidos debido a su guerra laboral; sin embargo, tampoco se siente dispuesto a afirmar que el béisbol noperderá partidos.
El ejecutivo percibe que volverá a ocurrir lo mismo que en 2020, cuando se cayó un intento de concretar un pacto antes del inicio de temporada. En aquél entonces, al igual que ahora, los peloteros y la liga no negocian. Mejor dicho, hablan sin tomar en cuenta a la otra parte. A pesar de que toda la retórica y animosidad entre las partes no importa tanto como la sustancia de los temas que discuten, ni siquiera pueden acercarse a discutir la sustancia de los temas, porque su relación es muy tóxica.
«Como industria, nos encontramos en una situación similar a la política», dijo el hombre. «Todos están tan obsesionados con ganar este juego reñido que nos hemos impuesto a nosotros mismos. No hay practicidad. No hay moderación».
Aún no tiene la sensación de encontrarse en punto en el que afirme que no hay esperanzas; aunque en algunos días, ciertamente se siente así. El béisbol, en estos momentos, es espantosamente irrelevante. En un invierno normal, los peloteros firmarían contratos, los equipos harían canjes, y la promesa del reporte de lanzadores y receptores a los campamentos primaverales aportaría suficiente combustible para mantener encendida la estufa caliente. Hoy no tenemos nada. La página web oficial de MLB se asemeja a una antigua página de GeoCities, mientras que su cadena de televisión se encuentra en modo permanente de repeticiones. La probabilidad de que lanzadores y receptores se reporten a mediados de febrero se hace cada vez menor con cada minuto que corre, y después de 36 días de silencio desde el inicio del paro patronal, aún no tenemos planes para que ambas partes discutan los principales temas económicos que los separan.
Este veterano hombre de béisbol es muy real, aunque también nos sirve como un representante. Él es usted, sus amigos, sus familiares. Es todos nuestros conocidos que aman al béisbol, que se preguntan si dueños de equipo y peloteros permitirán que lo que hasta ahora ha sido una disputa sin bajas escale en espiral, hasta convertirse en algo que podría causar profundas cicatrices a este deporte. También siente frustración. Está molesto. Está harto de todo esto.
Y quizás esto sea lo que más agravia al hombre: no es el único que sabe que existe un camino para llegar a un acuerdo. Todos dentro del béisbol lo saben muy bien. Sin embargo, hasta ahora, todos pasan de largo.
QUIZÁS NO EXISTE NADA MEJOR para ilustrar la distancia que separa a Major League Baseball y la Asociación de Peloteros del Béisbol de Grandes Ligas que su última sesión de negociaciones, sostenida el pasado 1º de diciembre. Durante los meses previos, ambos creían que habían ofrecido distintas concesiones. Ambos se burlaban de las propuestas del otro. Esta sesión, celebrada en un hotel de lujo de Dallas, ofrecía una última oportunidad. Quizás se requería de un milagro, pero al menos lo intentarían.
Esa tarde, ambas partes dialogaron por siete minutos hasta romper la reunión. A la medianoche, los dueños de equipo decretaron el cierre patronal, dejando a los peloteros sin actividad oficial.
Las consecuencias de dicha decisión siguen resonando. Ese mismo día, Major League Baseball había afirmado que quería discutir los temas económicos centrales, aunque sólo bajo la condición de que dichas conversaciones no incluyeran cambio alguno al periodo de seis años de reserva para convertirse en agente libre, el sistema de arbitrajes o la distribución de ingresos. El sindicato no aceptó dicha condición. Siete minutos después, no había nada por discutir. Los representantes de Major League Baseball salieron del hotel y no regresaron.
Y ahora, cinco semanas después, las consecuencias del fracaso en las conversaciones siguen sin resolverse, según indican fuentes. El sindicato cree que es el turno de la liga para hacer una oferta, y según afirma una fuente, Major League Baseball se encuentra trabajando en distintas propuestas para llevar a la mesa de discusiones. Cinco días después de iniciado el Año Nuevo, aún no se ha programado una nueva sesión de negociaciones.
Esta falta de urgencia (particularmente considerando la historia de negociaciones fallidas que han plagado este deporte) es la causa de mayor preocupación entre las 27 personas con quienes ESPN ha conversado en semanas recientes, incluyendo ejecutivos de liga y sindicato, peloteros, dueños de equipos, ejecutivos de clubes y otros personeros familiarizados con la situación actual. El hecho de que ambas partes hayan caído en los mismos hábitos exhibidos durante el desastroso «estira y encoge» que terminó con la implementación por parte del comisionado Rob Manfred de una temporada de 60 juegos en 2020 ha hecho muy poco para fomentar el optimismo.
En noviembre pasado, Manfred restó importancia a esas negociaciones para evitar el cese de actividades sostenidas durante el inicio de la pandemia del coronavirus catalogándolas de «anómalas»; y ciertamente, ocurrieron bajo circunstancias distintas. Sin embargo, es simplemente un error sugerir que no sirven de indicio. El abismo que actualmente separa a ambas partes no es muy distinto al que motivó a Manfred a implementar una temporada reducida, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Dicha declaración se produjo después de 27 días de negociaciones. Y casi todas las personas con las que conversó ESPN creen que lo más pronto que se iniciarán las negociaciones en esta ocasión será a finales de enero.
Asimismo, estas discusiones son significativamente más complicadas que aquellas que condujeron a la reducida temporada a causa del COVID-19, y con implicaciones de mucho mayor alcance. El contrato colectivo es la fascia del béisbol, que conecta todos los elementos dentro de este deporte y que cohesiona sistemas dispares como partes de un todo. Es donde se producen los cambios y en esta ocasión, los peloteros quieren cambios en prácticamente todos los aspectos.
Piden poder declararse agentes libres con menos tiempo, un periodo menor para someterse al arbitraje, un sistema de draft reajustado, más dinero para los peloteros más jóvenes, un aumento del salario mínimo y un límite más alto de impuesto al lujo, entre otras cosas. Hablamos de cambios importantes, pero que no necesariamente cambian paradigmas; a pesar de que Manfred, en una carta a los aficionados publicada inmediatamente después de que decretara el inicio del paro patronal, afirmó en tono dramático que dichas peticiones «amenazarían la capacidad de competitividad de la mayoría de los equipos». (Manfred no aportó ninguna evidencia que soporta la idea de que los peloteros puedan convertirse en agentes libres luego de cinco años de firmar un contrato, o someterse al arbitraje después de dos años, arruinaría al deporte… porque no existen. Todo es justo en la guerra laboral, hasta decir que viene el coco).
Major League Baseball, que evita implementar cambios sustanciales y siente conformidad con la situación actual, busca expandir los playoffs. Sin embargo, realmente está más interesada en profundizar su reducción de gastos.
Los salarios pagados a los peloteros disminuyeron hasta alcanzar $4.050 millones en 2021; o sea, $200 millones menos que la cifra récord de 2017. Fue la menor masa salarial desde 2015, cuando la liga aún no había superado la marca de los $4.000 millones. El gasto total no fue lo único que enfadó a los peloteros. Mientras dos equipos superaron el límite del impuesto de equilibrio competitivo, los Phillies ($209.4 millones), Yankees ($208.4 millones), Mets ($207.7 millones), Red Sox ($207.6 millones) y Astros ($206.6 millones) se acercaron al límite sin excederlo.
El béisbol no tiene un tope salarial, aunque tener cinco equipos que se acercan de puntillas a los $210 millones ciertamente se asemeja a un tope salarial «flexible». Entonces no sorprende ver que, según indican fuentes, el limite para imponer impuestos se ha convertido cada vez más en un tentativo tema crucial dentro de cualquier negociación. Entre 2011 y 2019 (la última temporada con plenos ingresos en el Circo Grande) el límite ascendió de $178 millones a $206 millones. En aquel entonces, los ingresos de la industria se catapultaron, pasando de la cifra estimada de $6.300 millones a $10.700 millones, según la revista Forbes. Hablamos de un incremento aproximado del 70% en ingresos, comparado con un límite para cobrar impuesto por equilibrio competitivo que apenas subió un 15.7%.
Una de las ofertas más recientes hechas por Major League Baseball incluía aumentar el límite para el impuesto por equilibrio competitivo de los actuales $210 millones a $214 millones en 2022, terminando en $220 millones. La oferta más reciente hecha por el sindicato para el primer año del límite: $245 millones. Major League Baseball argumenta que un incremento al límite para pechar impuestos por equilibrio competitivo aumentaría sustancialmente la disparidad entre equipos con nóminas grandes y pequeñas. Por su parte, el sindicato simplemente quiere que los equipos acaudalados tengan mayor margen para gastar.
Podría ser demasiado prematuro para considerar que las discusiones sobre el impuesto por equilibrio competitivo serán el barómetro para conseguir un acuerdo; sin embargo, hasta los miembros más vocales del sindicato reconocen que no obtendrán la totalidad de peticiones hechas por el gremio de peloteros. Por eso, es más probable que las discusiones avancen una vez que los jugadores hayan establecido su orden de prioridades. Ese era, según indican fuentes a nivel de dueños de equipo, el objetivo de intentar reducir los puntos de discusión durante la reunión del 1º de diciembre. ¿Es realmente la «integridad competitiva» (frase repetida por peloteros que indican que perder a propósito, práctica conocida como ‘tanking’, es una amenaza a la existencia de este deporte) su mayor preocupación? ¿Es lograr que los peloteros sean mejor compensados al inicio de sus carreras? ¿O lo es elevar el límite para cobrar el impuesto por equilibrio competitivo, quitándole así el disfraz de tope salarial?
Eventualmente, la respuesta se revelará por sí sola, y el tiempo que se demore en hacerlo será vital para que la temporada comience en el momento previsto. Dos peloteros afirman que se preparan para perder juegos, no simplemente ante la posibilidad de que ello ocurra, sino porque están seguros de que así será. Otros se sienten más optimistas, creyendo que la posibilidad de dejar de cobrar sueldos y recibir ingresos por la celebración de partidos hará que ambas partes se acerquen hasta llegar a un acuerdo. Un ejecutivo que ha participado en múltiples negociaciones percibe la situación con mayor cinismo… y practicidad.
«Lo único que moverá a alguna de las partes», afirma, «es la certeza de destrucción mutua».
CON LA INTENCIÓN de evitar un invierno más nuclear que el que ya padecemos, ESPN preguntó a más de doce fuentes distintas vinculadas a las Grandes Ligas cuál creen que sería el camino más seguro para llegar a un acuerdo. La mayor parte del grupo (conformado por un dueño de equipo, dos ejecutivos de la liga, dos gerentes generales, un asistente del gerente, un ejecutivo del sindicato y dos agentes) ofrecieron una versión de acuerdo parecida a lo siguiente:
1. Aumento de los sueldos mínimos a una cifra cercana a $650.000; o sea, un incremento del 14%.
2. Implementación de un ‘pool’ de bonificaciones por rendimiento previo a la fase de arbitraje.
3. Implementación del bateador designado universal.
4. Expansión de la postemporada, de 10 a 14 equipos.
5. Eliminación de compensaciones indirectas con puestos de selección del draft por peloteros que se declaran agentes libres.
6. Implementación de cambios significativos al draft, desmotivando el ‘tanking’ y recompensando a los equipos de mercados pequeños.
7. Aumento del límite para cobrar impuestos por equilibrio competitivo a un rango superior a $230 millones; aparte de eliminar otras restricciones, incluyendo penalizaciones no económicas y por reincidencias.
Si todo lo anterior parece inclinar la balanza a favor de los peloteros, es porque es así. Luego de sufrir pérdidas económicas durante la pandemia en 2020, los dueños de equipo no quieren volver a sufrir esos daños, y si un ligero cambio al sistema actual (y los cambios anteriores seguirían siendo poco, considerando lo que se mantendría en pie) es el precio que pagar, pues es fácilmente mejor que la alternativa.
La cual, obviamente, es que se dejen de jugar partidos y con ellos, la caída sustancial de ingresos, contratos de apuestas perdidos; mientras que los peloteros que sólo querían obtener unas cuantas victorias se sentirían cada vez más enfadados y dispuestos a dejar de jugar por más tiempo. Llegar a un acuerdo permitiría a la liga evitar asumir la culpa de los juegos perdidos, gran parte de la cual recaería sobre Manfred, quien ha demostrado amplia capacidad para convertirse en chivo expiatorio de los extremistas de internet. Y lo más crucial, un nuevo contrato por cinco años también le daría a Major League Baseball y los peloteros suficiente tiempo para soñar mutuamente con cambios aceptables y sostenibles en el largo plazo; suponiendo que logren entender, de aquí a entonces, cómo conversar entre ellos.
El acuerdo propuesto por la mayoría de las fuentes implicaría que los peloteros dejarían de buscar periodos más cortos para declararse agentes libres y someterse al arbitraje, lo que ciertamente molestaría a varios grupos dentro del gremio. Y si existe una verdadera preocupación de que un playoff conformado por 14 equipos tendría consecuencias desastrosas, si los equipos decidieran no invertir en agentes libres e intentan llegar a la postemporada incluso con un roster promedio, aunque también podría incentivar a más equipos por debajo de .500 a invertir, buscando hacerse con un boleto de la lotería de los playoffs. Según la mayoría de las personas que intentaron armar un camino hacia el final del túnel, esos posibles escollos bien valdrían la ganancia de los peloteros.
Por muy bien que lo tengan los peloteros (y esos sustanciosos contratos garantizados y $1,700 millones ya invertidos en lo que va de invierno son indudablemente buenos), eso no debería impedirles avanzar en algunas de esas áreas. Querer un aumento del límite para cobrar impuestos por equilibrio competitivo y pedir integridad competitiva no son actos de hipocresía. Los acuerdos anteriores no han elevado lo suficiente el límite. Los acuerdos anteriores han permitido que el ‘tanking’ se propague por toda la liga. Permitir que un sistema prospere mientras los equipos pierden juegos activamente porque les conviene es una amenaza mucho mayor a este deporte, comparado con permitir que los equipos de grandes mercados gasten más. Y si lo último es, de hecho, algo existencial para el béisbol de Grandes Ligas, quizás introduzca más elementos beneficiosos para los equipos de mercados pequeños que siguen subsistiendo con nóminas de $50 millones.
A los dueños de equipo les molestará la idea de un acuerdo que garantice mayores ganancias a los peloteros mediante salarios mínimos y bonificaciones, aparte de que enriquecerlos ostensiblemente con un límite más alto para cobrar impuestos y menores restricciones. Sin embargo, he aquí una verdad, la misma que frustra a los peloteros porque es el mayor defecto del sistema de mercado libre que tanto defienden: no hay nada dentro de esta clase de acuerdos que impida a los dueños de equipo gastar menos en agentes libres para compensar lo primero. Hay límites a los gastos dentro del draft, y se mantendrán en pie. Hay límites a los gastos en contrataciones de agentes libres internacionales amateur. Los gastos en arbitraje son predecibles. El único aspecto en el cual los dueños de equipo pueden cambiar su filosofía siempre ha sido la agencia libre, y una razón importante tras la disminución de sueldos en años recientes es porque efectivamente la han cambiado.
Son muchas cosas para tomar en cuenta, ante la inminencia (en teoría) de los entrenamientos primaverales. Y cuando una fuente de alto nivel indica que «nadie lo tomará en serio hasta finales de enero y principios de febrero», pues bien, eso no precisamente inspira muchas esperanzas de llegar a tiempo a un desenlace. Sin embargo, hay ciertas fechas que mantienen su importancia; y a pesar de que algunos consideran que todo va en la dirección equivocada, es imprescindible no jugar a ser prisionero del momento.
Por eso, sí, el 1º de febrero sigue siendo la primera prueba de fuego. Si no logran avanzar en esa fecha, existen grandes probabilidades de que se aplacen el inicio de los entrenamientos primaverales. Lo que no es gran cosa. El 1º de marzo será la fecha que haga sonar las alarmas. Si entonces no hay progresos, solo un acuerdo acelerado salvará la celebración de partidos… e incluso, quizás eso no baste. Aún habrá que terminar el mercado de agentes libres, adjudicar procesos de arbitraje y que los equipos reajusten sus algoritmos basados en todos los nuevos elementos de un acuerdo. Los peloteros, a quienes no se les ha permitido sostener conversaciones con los equipos, deberán hacer preparativos de viaje. Los jugadores que se encuentren en el extranjero necesitarán ayuda en la obtención de visas para volver a Estados Unidos. Meter todo ello con calzador junto con tres semanas de entrenamientos primaverales no es la idea de un momento divertido para nadie.
Para quienes desean ver béisbol, lo único en lo que pueden confiar es en el tiempo y que se encuentre un camino. Las personalidades de Dan Halem y Bruce Meyer en la mesa de negociaciones, la firmeza de las manos de Manfred y Tony Clark liderando sus respectivos bandos, la volatilidad de peloteros y dueños de equipo: todas son variables con un historial conocido, obviamente; pero éstas no siempre pueden predecir el futuro.
El béisbol tiene la oportunidad de demostrar que no estamos en 2020 y que ambas partes pueden llegar a un acuerdo, que las palabras dichas por Manfred una semana antes del paro patronal («un paro patronal en temporada baja que ayude a avanzar el proceso es distinto a una disputa laboral que cueste partidos») no cayeron en saco roto. Porque, por ahora, el proceso no avanza. Durante las últimas cinco semanas, sigue estancado en el mismo sitio.
Via: espn.com



