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Panamericanos 1979: Unos juegos inolvidables

Hoy se cumplen 40 años de los Juegos Panamericanos de 1979 celebrados en San Juan, Los periódicos de Puerto Rico, lo reseñan en sus portadas deportivas como historia principal.

5d1986988e47d.imageEl expresidente de Copan, Arturo Carrión, recordó lo que fue para Puerto Rico los Juegos Panamericanos de 1979. 

Para las personas que nacieron para el último año de la década del setenta y después de este, quizá sepan poco o nada del mayor evento deportivo internacional y multidisciplinario de todo el continente de América que tuvo lugar en la ciudad capital de Puerto Rico durante 15 días.

Un evento que dejó huellas imborrables, que en su momento fue catalogado como el mejor de la historia y que hoy celebra 40 años: los Juegos Panamericanos de San Juan 1979.

“Precisamente ese es uno de nuestros propósitos de querer celebrar. Para que personas que no conocieron los Juegos, los conozcan. Que sepan que Puerto Rico hizo un trabajo extraordinario pese a las limitaciones y los muchísimos problemas que estas cosas traen. Pero quedaron muy buenos”, comentó Arturo L. Carrión, presidente en aquel entonces del Comité Organizador Panamericano (Copan), a EL VOCERO.

De hecho, cuenta Carrión que el fallecido presidente de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa) en aquel momento, el mexicano Mario Vázquez Raña, catalogó los Juegos Panamericanos de San Juan 1979 como “los mejores en la historia”. Sobre todo, por la capacidad organizativa que demostró la Isla.

“Demostramos que un país pequeño puede hacer unos Juegos tan buenos como un país grande”, destacó el hombre natural de Santurce.

Todo comenzó pocos años después de celebrar en San Juan los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1966. Era la fecha de mayo de 1973, cuando un grupo de 15 personas organizó un comité organizador para viajar a Chile con el objetivo de solicitar la sede para la octava edición de los Juegos Panamericanos de 1979.

Puerto Rico, liderado por José Enrique Arrarás —presidente en aquel entonces del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur)— y por Carrión —presidente del comité prosede— apenas encontró oposición porque era el único candidato tras el retiro de Bolivia. Así que la Odepa decidió otorgarle la sede a la ciudad capital y a partir de ahí el resto fue historia.

A un costo de $62 millones, con la participación de alrededor de 600 voluntarios y bajo el lema Compromiso de Todos, el pueblo puertorriqueño “hizo suyo los Juegos”, tal como lo señaló el excanastero Jimmy Thordsen.

“Fue un compromiso del pueblo. La gente estaba dispuesta a ayudar. A los que estaban identificados con el babero de la Copan les daban pon y los invitaban a la casa a almorzar. El resultado de los Juegos fue algo que la gente aceptó y lo disfrutó. Todo el mundo era Copan por 15 días. La gente estaba bien orgullosa”, recordó Thordsen, quien trabajó como coordinador en la Comisión Técnica de la Copan.

Puerto Rico se detuvo”, agregó Carrión.

Lluvia constante

Los Panamericanos subieron a escena del 1ro al 15 de julio con la participación de 3,700 atletas de 34 países en 22 deportes. Sin embargo, su fecha original era otra.

Los Juegos se supone que fueran del 15 al 30 de julio. Pero nosotros cambiamos la fecha porque hicimos un estudio de precipitación. Del 15 al 30 era la época donde más llovía y lo cambiamos del 1ro al 15 y creo que fue cuando más llovió. Llovió antes, durante y al final. Llovió bastante”, rememoró Carrión, quien se consideró “amigo” de los meteorólogos del Servicio Nacional de Meteorología.

De hecho, el otrora vicepresidente de la Asociación de Bancos de Puerto Rico recordó una anécdota bien cómica que sucedió durante la ceremonia de clausura.

“Para la ceremonia de clausura había unos fuegos artificiales que decían ‘NOS VEMOS EN CARACAS’. Y con la lluvia se quedó en ‘NOS VEMOS…’”, contó Carrión entre risas.

Pero ni la lluvia ni el abucheo que recibió el entonces gobernador Carlos Romero Barceló por las casi 38,000 almas que abarrotaron el estadio Hiram Bithorn en la ceremonia de inauguración empañaron el enorme legado que dejaron los Juegos Panamericanos de San Juan.

Copani y Sara Rosario

Un legado que dejó bien parado en aquel momento al Departamento de Educación —liderado por el entonces secretario Carlos Chardón— al reclutar  —de la mano de Iris D’Acosta— a cientos de estudiantes de las escuelas públicas que formaron parte de la colorida ceremonia de inauguración.

El grupo se conoció como Copani (Copan Instruction).

“Quedó demostrado la capacidad que tuvo el Departamento de Educación en organizar los mosaicos, murales y bailes. El Departamento de Educación se lució”, sostuvo Thordsen.

“Consiguieron coreógrafos que estuvieron meses trabajando con ellos. Al final, los tuvieron en (la base) Ramey (de Aguadilla) por dos semanas. Me acuerdo que en el último ensayo yo me asusté porque las líneas no estaban bien coordinadas y estábamos a cinco o seis días de la ceremonia de inauguración. Pero todo quedó estupendo”, mencionó, por su parte, Carrión.

De hecho, la actual presidenta del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur), Sara Rosario Vélez, formó parte de ese grupo de estudiantes.

“Yo fui Copani”, recordó con entusiasmo Rosario Vélez. “Yo estuve en los ‘bleachers’ del Hiram Bithorn en los murales y mosaicos cantando Pinocho. Tengo excelente recuerdo de lo que fueron esos Juegos Panamericanos desde el punto de vista de estudiante de escuela pública y el proceso que pasamos para poder participar en esa actividad”.

Lío de las banderas y los himnos

Al concluir la ceremonia de inauguración, el protocolo olímpico establecía que el gobernador de Puerto Rico declarara abierto los Juegos Panamericanos. Empero, este extrapoló la compleja situación política del país al ámbito deportivo creando un lío con el otrora presidente del Copur, Germán Rieckehoff Sampayo, por los himnos y las banderas.

“El issue de los himnos y las banderas —que causó el famoso abucheo— fue uno legal, político y deportivo”, explicó Carrión.

“La ley en Puerto Rico dice que cuando se va a celebrar un evento que requiera himnos en una instalación que pertenezca al pueblo de Puerto Rico se levantan las dos banderas y se tocan los dos himnos. En lo deportivo, eso va en contra de lo legal porque Puerto Rico participa en deportes internacionales como país; no como una jurisdicción donde hay dos banderas y dos himnos. A nivel político, eso se le advirtió al gobernador, a quien le pedimos que hiciera una dispensa.

Pero él entendió que eso no era lo correcto”, sostuvo el exdirectivo.

“Eso causó muchísima conmoción, especialmente por parte del Copur, y fue escalando a tal punto que cuando el gobernador —quien tenía que seguir un ‘script’ (guión) según el protocolo que le pide al gobernante que declare los juegos abiertos— se expandió (en su discurso) ahí empezó el abucheo”, agregó Carrión. “Volvió a pasar en la clausura. Ahí el abucheo fue más que en la ceremonia inaugural. Ni la lluvia lo opacó”.

Huellas inolvidables

Sin embargo, eso en realidad fue una incidencia extradeportiva “que no tenía razón de ser”, según Carrión. El legado que dejaron los Juegos Panamericanos de San Juan fue mucho mayor que eso.

En el aspecto financiero, por ejemplo, el comité organizador pasó todo tipo de auditoría que encontró a su paso tras recibir dinero del gobierno estatal y federal.

“Yo soy deportista por adopción, pero mi profesión es financiera. Yo me encargué que fueran unos Juegos transparentes. Solo hubo un requerimiento del Contralor que nosotros cumplimos. No aparecían unos equipos, pero yo tenía todos los recibos guardados en una caja de seguridad del Banco Popular. Pero realmente no hubo problema alguno. Yo me encargué que fuera de esa forma. Y eso para mí fue una de las huellas financieras y uno de los orgullos más grandes”, señaló Carrión.

En lo deportivo, los atletas brillaron y dejaron su huella en San Juan. Entre algunos de ellos figuraron las leyendas cubanas, Alberto “La Gacela” Juantorena (doble campeón olímpico en atletismo) y el boxeador Teófilo Stevenson; las nadadoras estadounidenses Cynthia Woodhead y Tracy Caulkins, el clavadista Greg Louganis, el corredor Carl Lewis y el nadador boricua Jesús “Chayanne” Vassallo, quien compitió por Estados Unidos pero se robó el corazón de los boricuas cuando al recibir su medalla de oro en los 200 metros combinado individual ondeó una bandera puertorriqueña mientras se entonaba el himno estadounidense.

El quinteto de Puerto Rico también tuvo su protagonismo al ganar la medalla de plata frente a Estados Unidos, que era dirigido por Bobby Knight.

“Y la gimnasia cogió un boom”, observó Thordsen. “Se mandaron a hacer de 7,000 a 8,000 boletos y el coliseo Roberto Clemente se llenó a capacidad. No se vaciaba pese a ser un deporte no tradicional”.

Estados Unidos encabezó el medallero con 266 medallas (126 de oro, 95 de plata y 45 de bronce), seguido de Cuba con 145 preseas (64, 47 y 34) y Canadá fue tercero con 24 de oro, 43 de plata y 71 de bronce para 138 medallas.

El país sede conquistó 21, con dos de oro, nueve de plata y 10 de bronce.

Además, fueron unos juegos que dejaron su huella en la infraestructura deportiva y en la comida. “El mejor comedor que ha habido en los Juegos Panamericanos”, aseguró Carrión.

En fin, que fueron unos juegos para la historia.

“Para mí fue un reto que yo no me imaginaba iba a ser así. A lo mejor si lo hubiese sabido no lo cojo. Pero yo aprendí muchísimo, sobre todo a escuchar, aglutinar y delegar. Todavía se comentan sobre los juegos porque esa huella sigue ahí”, concluyó Carrión.

Vía: El Vocero

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