Investigado por resistirse con violencia a un control antidopaje, el primer campeón olímpico chino de la historia gana el 400 libre y provoca protestas en los nadadores

Mack Horton, MADDIE MEYER GETTY IMAGES
«Una locura», dijo Lily King.
La campeona olímpica estadounidense respondió con un gruñido cuando le pidieron su opinión respecto de la permisividad de la federación internacional de natación, la FINA, al dejar competir en el Mundial de Gwangju al chino Sun Yang, cuyas repetidas infracciones del código antidopaje le han sometido a la apertura de una investigación ante el Tribunal de Arbitraje del Deporte que puede poner fin a su carrera en septiembre.
El enredo trasciende la natación y deja malparadas a la federachión de China, a la FINA y a la WADA.
Hace décadas que China diseñó un plan para potenciar la natación como instrumento de proyección internacional del país.
Entendido como una ramificación del gran juego geopolítico, las pruebas de natación en línea concentraron los mayores esfuerzos del aparato administrativo del deporte con la vista puesta en lograr reputación internacional a través de un campeón en los Juegos de Pekín.
Con cuatro años de retraso pero con todo el apoyo institucional imaginable, el producto de la gran empresa nacional destiló en los Juegos de Londres en la figura de Sun Yang, primer oro olímpico de la historia de la natación china.
Sun Yang brilló en la final olímpica de 400 metros libre de Londres y se superó a sí mismo un año después en los Mundiales de Barcelona en 2013, con exhibiciones de patriotismo y sentimentalismo repartidas por igual. Nunca un deportista chino lloró tanto, tantas veces, ante tanta gente. Conseguido el sueño, sin embargo, se sucedió el desatino.
En 2013, cuando circulaba por su localidad natal de Hangzhou, estrelló su Porsche contra un autobús y debió hacer acto de contrición pública. Resulta que no tenía carné de conducir y el juez le condenó a pasar por prisión. El castigo no corrigió su trayectoria accidentada.
Expedientado por doparse con trimetazidina en 2014, sancionado con una multa de 650 euros y rehabilitado, el problemático Sun nunca interrumpió su andadura al límite. En su vida privada como en su quehacer profesional, quemó los años y los campeonatos entre escandaleras.
En el Mundial de 2015 se peleó con una nadadora brasileña y renunció a última hora a nadar los 1.500 alegando misteriosas dolencias cardíacas.
Este fin de semana se presentó en el Mundial de Gwangju envuelto en su habitual parafernalia de aclamación propagandística oficial china hasta que el Daily Telegraph, en su edición australiana, reveló que le habían vuelto a investigar por negarse a someterse a un control sanguíneo en septiembre de 2018. A punto de comenzar la competición, se desató la tormenta.
Según parece, Sun no solo se resistió entre amenazas a los analistas enviados por la WADA, la asociación mundial contra el dopaje, sino que luego rompió a martillazos el frasco con la muestra de sangre que le habían extraído.
Resultó asombroso que la FINA, la federación internacional, le permitiera nadar sin apresurarse a cerrar el caso. No solo compitió. Este domingo se tiró a la final de 400 libre y celebró el triunfo lanzando puñetazos al aire y mostrando cuatro dedos a las cámaras, señal de su cuarto título consecutivo en la distancia. Se colgó la medalla en pleno revuelo.
Mack Horton, medalla de plata, se niega a subirse al podio con Sun Yang. MADDIE MEYER GETTY IMAGES
En las gradas, una delegación de funcionarios chinos blandía una pancarta gigante aclamándole con una leyenda en inglés y un juego de palabras: Sun Rises. Los nadadores han comenzado a manifestarse contra lo que consideran un atropello. El australiano Mack Horton, que fue plata, se negó a subirse al podio en señal de protesta.
La FINA abrió un expediente pero lo cerró en enero tras dar por buenas las alegaciones de la federación de China, que defendió que su nadador no había sido informado en tiempo y forma del control al que sería sometido.
La WADA ha forzado la reapertura de una investigación ante el TAD en medio de las quejas de varios países que no comprenden que el caso no se resolviera antes de los Mundiales. La falta de presión de la FINA, según ha explicado el presidente del TAD, Matthieu Reeb a la revista Swimming World, ha ralentizado el proceso.
«Un caso como este no ayuda a rehabilitar la confianza en el sistema», declaró el jefe de entrenadores de Australia, Jacco Verhaeren, en declaraciones al Sydney’s Daily. «Creo que la WADA, la FINA y el Comité Olímpico Internacional deben ponerse a trabajar juntos para proporcionar más claridad y transparencia.
Vía: El País




