Por Andrés Aragón
Laura Martínez se abrazaba llorando a su entrenador Quino Ruiz después de ganar la medalla de bronce en -48 kg del Mundial de Judo 2025. Y en esas lágrimas, las de ella y las de él, se mezclaba la felicidad con la liberación.
La felicidad de conseguir el mayor éxito de su carrera deportiva, y la liberación de haber derribado por fin un techo contra el que tanto había chocado.
Solo en el último año, Laura Martínez había sido quinta en los Juegos Olímpicos de París 2024; quinta en el Grand Slam de París; quinta en el Grand Slam de Tiflis; quinta en el reciente Europeo.
Quinta, quinta, quinta.
“Me siento superfeliz porque llevábamos muchos quintos puestos y Laura es supertrabajadora, se lo merece. Se merece esta medalla. Tendría que haber estado ahí hace mucho tiempo, pero bueno, tan feliz. Muy feliz por ella. Muy”, repetía entre lágrimas Quino Ruiz, un entrenador con el que Niko Shera y Fran Garrigós fueron campeones del mundo.
Laura Martínez había sido plata y bronce mundiales en categoría júnior, pero el podio en la absoluta se le resistía, hasta que en este Mundial de Budapest 2025 derribó al fin esa barrera.
La judoca madrileña derrotó en cuartos de final a la sueca Tara Babulfath, bronce olímpico, bronce mundial y actual campeona de Europa sub 23. Y aunque en semifinales no pudo ante la kazaja Abiba Abuzhakynova, se desquitó en el combate por el bronce ante Sabina Giliazova.
“Laura ha demostrado una enorme madurez y fortaleza mental tras una semifinal muy exigente. Este bronce es fruto de un trabajo constante y de su carácter competitivo”, recalcó el cuerpo técnico en declaraciones a la Federación Española de Judo.
Un trabajo constante que al fin dio su premio en bronce. Una medalla que, ya antes del saludo final, le hacía saltar las lágrimas de felicidad y liberación.
Via: olympics.com



