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Opinión

Mujeres: furia y gozo en el Olimpo

Esta joven, otrora capitana de la selección nacional femenina durante casi una década, nunca comprendió la lógica de los discípulos de interpretaciones patriarcales que violentaban los derechos humanos más elementales.

Por Yelena Rodríguez Velázquez (*)

La Habana, (Prensa Latina).- Cuando la tricampeona olímpica cubana Mireya Luis ganaba medallas, Hajar Abulfazl se escondía para jugar fútbol en Afganistán porque practicarlo era considerado una conducta que violentaba los principios de la sharía (ley islámica) y el Corán (sagrado libro del Islam).


Esta joven, otrora capitana de la selección nacional femenina durante casi una década, nunca comprendió la lógica de los discípulos de interpretaciones patriarcales que violentaban los derechos humanos más elementales.


Kiran Khan, nadadora de Pakistán en las Olimpiadas de Beijing (2008) y una de las primeras en representar a su país en aguas extranjeras, debió asumir un aspecto varonil durante su adolescencia para entrenar en un club local, sencillamente porque la legislación prohibía allí el acceso a las chicas.


A unos mil 500 kilómetros, la gimnasta iraní Nasim Hasampur tuvo que cambiar su pasión, el tiro deportivo, porque le fue prohibido llevar mallas en las competencias, mientras la futbolista afgana Khalida Popal debió soportar que le arrojaran basura y nombraran prostituta, por su amor al balompié.


Hassiba Boulmerka, ganadora de los mil 500 metros en la especialidad de atletismo en Barcelona (1992) y campeona mundial en Tokio (1991) y Gotemburgo (1995), no corrió con mejor suerte. La argelina sufrió amenazas de muerte de grupos fundamentalistas por correr en pantalón corto y no llevar hiyab (velo musulmán).


Estos relatos no conforman el guion para una película de ficción, aunque bien podrían serlo. Se trata del más soberbio y crudo escenario. Las mujeres enfrentan la discriminación en su senda a la gloria deportiva frente al designio acérrimo del machismo, que no fluctúa para sonar el silbato y cantarle su fuera de juego.


PROTAGONISMO EN CANCHA


Voluntad, arrojo y exigencias propias llevaron a la cubana Mireya Luis a la cumbre del voleibol mundial y, como premonición del destino, el número tres de su camiseta marcó los títulos olímpicos en su palmarés.


Luis, con solo 10 años y ningún prototipo para ese deporte, señaló a la maestra Cándida Rosa Jiménez con inocencia infantil: «profe yo toco el techo». Y entonces acarició la cubierta con las dos manos, con las mismas que ejecutaría luego sus remates poderosísimos de más de tres metros.


Con la frescura de una tarde invernal, sin impulso ni sobresalto alguno, accedió al diálogo con Escáner, recordando la ocasión en que logró colgarse al aro de básquet de 3.05 metros aún con 12 primaveras y, tiempo después, dar un toque de 3.40 metros de altura (uno de las mejores marcas en su carrera).


Semejantes aptitudes en una mujer siempre llevan a las comparaciones. En su caso, por su saltabilidad, la han medido frente al astro del atletismo mundial, El Hijo del Viento: Carl Lewis; ante Su Majestad, del baloncesto, Michael Jordan y con el Príncipe de las alturas, su connacional Javier Sotomayor.


Nunca sufrió ninguna agresión u ofensa por ser mujer deportista, aunque sí sabe de compañeras víctimas de la discriminación de género, tan solo por el tamaño de su bíceps.


La estrella del voly mundial bien supo liderar a un plantel de lujo desde los años ochenta del pasado siglo. Sin embargo, Alejandrina (su primer nombre) sabe también del dulce sacrificio de pertenecer al llamado sexo débil, en una profesión de exquisito entrenamiento físico para lo cual se requiere tiempo y trabajo constantes.


La mujer forma parte de un espectáculo. Creo que la demanda más importante que tenemos es la superación. Una mujer que se supera demostrará su importancia y valor, aseveró la actual líder de la Comisión de Atletas de Norte, Centroamérica y el Caribe.


El alegato viene de boca de alguien que afrontó la maternidad en plena carrera deportiva, pues luego del advenimiento de su hija, con solo nueve días de haber dado a luz, se preparó para el Campeonato Mundial de Voleibol Femenino en Praga, 1986, donde regaló a Cuba una medalla de plata.


Al tiempo, junto al grupo de mujeres estrellas y guiadas por el mejor entrenador del siglo XX, Eugenio George, se hizo de oro en las Copas del Mundo en 1989, 1991 y 1995, y asaltó el Olimpo de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000 con remates imperiosos que, tanto en la cancha como en la vida, ponen fin a jugadas ofensivas.


LA CARA OLÍMPICA


Desde la propia misión del Comité Olímpico Internacional (COI) queda registrado el propósito de «estimular y apoyar la promoción de las mujeres en el deporte, a todos los niveles y en todas las estructuras, con objeto de llevar a la práctica el principio de igualdad entre el hombre y la mujer».


En un andar cronológico desde Atenas (1896), cuando retomaron la fiesta helénica con evidentes sustentos de esquemas discriminatorios, es visible el protagonismo ganado por las mujeres. Su gloriosa travesía olímpica inició en París (1900) con el oro de la tenista inglesa Charlotte Cooper.


El nuevo milenio llevó los Juegos Olímpicos a Sídney (2000) y, según las estadísticas reveladas por el COI, contó con la participación de 10 mil 651 atletas, de los cuales cuatro mil 69 eran mujeres y seis mil 582 hombres (38,2 por ciento de representación femenina).


Cuatro años después, en Atenas (2004) la asistencia de 10 mil 568 atletas, dejó un saldo de cuatro mil 306 mujeres y seis mil 62 hombres (40,7 por ciento de representación femenina).


No fue hasta Londres (2012) que por primera vez todos los estados inscribieron a competidoras en sus delegaciones, incluso países como Arabia Sauidita, Qatar y Brunei. En este certamen, la diferencia se vio marcada en el boxeo femenino que abrió tres de los 10 pesos con 250 caballeros y solo 36 damas.


Tokio 2020 se planta, a todas luces, como un encuentro que romperá con esa horma. El presidente del COI, Thomas Bach, aseguró cambios en la ceremonia inaugural y en el tradicional desfile de países participantes donde, en lugar de un sólo abanderado o abanderada, podrá haber una pareja de cada sexo.


Por primera vez tendremos al menos una atleta y un atleta en cada uno de los 206 equipos, y en el equipo de refugiados, señaló Bach.


El titular pretende dejar un hito en la historia olímpica y aseguró la paridad absoluta de hombres y mujeres en cuanto a números de competidores y disciplinas en los Juegos de París (2024), donde debutarán además el breakdance, el skateboard, la escalada y el surf.


DIOSAS DEL DEPORTE EN EL NUEVO MILENIO


Heroínas del deporte en el nuevo milenio, las féminas derrumbaron estigmas, no tuvieron en cuenta doctrinas políticas y religiosas y, muchas veces, aparentaron ser hombres para acceder al Olimpo.


Cual sucesoras de la sacerdotisa Deméter, diosa del mundo helénico, pero no ya sentadas para obedecer y contemplar, han demostrado su virtud con un protagonismo egregio en un terreno altamente dominado por el sexo masculino que aún arguye estereotipos y prejuicios.


En el brío de Mireya, Kiran Khan, Hajar Abulfazl y otras muchas de igual estirpe, el deporte femenino ha lucido de oro, demostrando que aún con vestido ajustado, de corte bustier, talle bajo, estilo trapecio, pantalones ceñidos o burkini, ellas pueden ganar medallas y protagonismo.
ft/jdg/yrv

*Periodista de la redacción Cultura de Prensa Latina.

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