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Motivación para el deporte: ¿cómo doblegar al ‘perezoso interior’?

De acuerdo con el psicólogo deportivo alemán Thomas Ritthaler, cuando a las personas les cuesta entrenar suele deberse a que nunca incorporaron el entrenamiento a su día a día como una costumbre.

Una vez que se lleva puesta la ropa deportiva, ya no es tan fácil que gane la partida el «perezoso interior». (Christin Klose/Christin Klose/dpa)

Está claro que a una persona esbelta y en buen estado físico le costará menos subir una caja tres pisos por escalera o mover un mueble, por ejemplo, que a otra que está excedida en peso.

Sin embargo, no siempre es tan fácil encontrar motivación para ponerse la ropa deportiva y salir a entrenar. Por lo general, hay un “perezoso interior” que encuentra rápidamente al menos 20 motivos para quedarse tirado en el sofá en vez de salir a hacer deporte. La pregunta es: ¿cómo doblegarlo?

Hacer que el entrenamiento se vuelva costumbre

De acuerdo con el psicólogo deportivo alemán Thomas Ritthaler, cuando a las personas les cuesta entrenar suele deberse a que nunca incorporaron el entrenamiento a su día a día como una costumbre.

En su opinión, generar este tipo de costumbres es muy ventajoso ya que se las suele seguir sin ponerlas en duda. “Por la noche nos lavamos los dientes sin pensar mucho acerca de si tenemos ganas o no”, ejemplifica.

La buena noticia es, entonces, que una vez que se logra incorporar el deporte a la rutina, es menos probable que se encuentren las mil y una excusas para no practicarlo. La mala noticia es que para llegar a ese punto se requiere de un largo aliento y una cuota alta de autodisciplina.

De acuerdo con Ritthaler, cuando se comienza a practicar deportes se suelen ver más los costos que los beneficios, ya que en primer lugar hay que encontrar un momento para ejercitar en el medio de la ajetreada rutina diaria.

Si uno comienza proponiéndose cumplir un programa breve, de apenas cinco minutos, se hace más fácil iniciar el ejercicio.
Si uno comienza proponiéndose cumplir un programa breve, de apenas cinco minutos, se hace más fácil iniciar el ejercicio. (Christin Klose/Christin Klose/dpa)

Añade que, lógicamente, la primera unidad de pilates o la primera vuelta corriendo representan un desafío. Aclara que a veces puede ser incluso frustrante cuando el estado físico no acompaña y uno siente que se queda rezagado frente a los demás.

Por eso, cree que es muy importante que el ejercicio se practique con alegría. “La motivación más fuerte aparece cuando uno encuentra un deporte que le da ganas hacer”, dice Ritthaler. “Cuando lo más importante es que uno se divierte más que estar delgado”, completa.

La psicología habla en estos casos de motivación intrínseca. Se trata de un motor que no tiene que ver solo con el reconocimiento que se espera obtener del exterior, sino que parte de uno mismo.

“La semana que viene” no es lo suficientemente concreto

Pero, ¿cómo lograr acostumbrarse? “Al principio hay que fijar objetivos concretos, haciéndose preguntas como: ¿qué quiero lograr?”, dice la científica deportiva Laura Blanz de la Universidad Alemana de Prevención y Gestión Sanitaria (DHfPG).

Como próximo paso, es necesario crear un plan concreto a partir de los objetivos establecidos. “La semana que viene empiezo a correr” es demasiado poco específico, según Blanz. Si esta premisa es reemplazada por “el jueves saldré a caminar después de las 17 horas”, es más posible que el ejercicio se lleve a cabo.

Añade que más aún si hay un plan B listo en caso de que haya mal tiempo, como salir a ejercitar con un abrigo con capucha o correr en la cinta en el gimnasio.

Cinco minutos también son algo

¿Cuanto más grande mejor? En el caso de los deportes, esto no es necesariamente así. “Aunque suene ridículo, lo mejor es fijarse objetivos pequeños”, aconseja Ritthaler. En su opinión, un minuto de deporte es mejor que ninguno.

Según la psicóloga, moverse diez minutos al día puede ser un objetivo válido, ya que de esta forma, la típica excusa de “¡no tengo tiempo!” comienza lentamente a desmontarse.

Afirma que incluso en un día muy estresante y cargado es posible caminar al menos cuatro manzanas o hacer algunos abdominales. Añade que quien hace 10 minutos de ejercicios al día, habrá hecho una hora de deporte al terminar la semana, lo cual no es poco.

Otra forma de encontrar motivación es quedar con otras personas para entrenar, ya que según Blanz esto vuelve más difícil no cumplir con el entrenamiento. Afirma que también pueden ser de ayuda los relojes inteligentes de pulsera o las apps para ejercitar, ya que permiten visibilizar los logros. “Pero no hay que sentirse presionado por ellos”, dice Ritthaler.

¿Y si, así y todo, uno sigue sin ganas de entrenar? “En esos casos no hay que castigarse. El deporte no debe volverse una obligación tediosa”, señala Blanz.

Acordar con otra persona para practicar deportes juntos es una buena forma de doblegar al "perezoso interior": cancelar significaría tener que encontrar una excusa creíble.
Acordar con otra persona para practicar deportes juntos es una buena forma de doblegar al «perezoso interior»: cancelar significaría tener que encontrar una excusa creíble. (Christin Klose/Christin Klose/dpa)

Indica que si bien es importante ser constante para generar costumbre, es normal que no todo salga perfecto siempre. Y añade que, cada tanto, también es normal que el “perezoso interior” dentro de cada uno resurja con las mil y un excusas para no hacer deporte.

Escuchar al cuerpo, no el “perezoso interior”

Según Ritthaler, a veces también es posible doblegar al “perezoso interior” con un “acuerdo de cinco minutos”. Este consiste en proponerse entrenar por cinco minutos. Afirma que, tras esos cinco minutos, se puede dejar de ejercitar con la conciencia tranquila.

Asegura que el truco es que cuando ya se tienen puestas las leggings o cuando ya se están haciendo abdominales sobre la colchoneta, es más fácil que esos cinco minutos se conviertan en 10 o 15, lo que significa una pequeña victoria frente al “perezoso interior”.

Blanz explica que, otras veces, es el mismo cuerpo el que indica a través de dolores musculares que no tiene ganas de seguir entrenando. “No hay que ignorar esas señales del cuerpo”, advierte Blanz. En eso casos, dice que se puede salir a caminar en vez de correr. O hacer algunos ejercicios suaves en casa en vez de ir al gimnasio a la clase de spinning.

Asegura que quien le presta más atención a su cuerpo que a su “perezoso interior” cuenta con buenas posibilidades de incorporar el deporte a su día a día y con ello todos sus beneficios.

Via: sun-sentinel.com

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