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Más impresiones de nuestra visita a Japón en 2025

Una de las pocas notas negativas que hemos experimentado en nuestra presente visita a Japón ha sido la intensidad del calor.

Claudio Rodríguez Otero. Fuente externa

 Claudio Rodríguez Otero

 El Bate del Samurai

  JAPON.- Estamos en la segunda semana de nuestra presente visita a Japón y el país no deja de sorprendernos. Desde la intensidad del calor, a la seguridad del Shinkansen, a la conveniencia de las máquinas expendedoras y nuestro regreso a Sapporo, todo ha sido extremadamente interesante.

La intensidad del calor

El calor en Kioto llegó a subir a los 43 grados

   Una de las pocas notas negativas que hemos experimentado en nuestra presente visita a Japón ha sido la intensidad del calor. El verano suele ser muy caluroso en Japón, especialmente los meses de julio y agosto,  pero las temperaturas que estamos experimentando en esta ocasión son extremas y sin duda son consecuencia de los efectos del cambio climático. El lunes pasado tuvimos la oportunidad de visitar Kioto, la antigua capital del país, que posee una gran cantidad de templos antiguos que son un placer visitar, y debemos confesar que caminar bajo un calor de más de 40 grados fue una tortura. Sobre todo el ascenso al templo Kiyomizu-dera, que está al borde este de la ciudad en la base de una montaña, ya que para llegar al mismo hay que hacerlo caminando y esa subida, bajo ese calor, fue muy difícil. La vista que ofrece de la ciudad es maravillosa y desde ahí se pueden tomar muy buenas fotos, pero lamentablemente no pudimos disfrutar mucho la experiencia. También tuvimos la oportunidad de visitar el famoso Kinkaku-ji (el Templo de Oro) y esa experiencia estuvo mucho mejor ya que no hizo falta subir ninguna montaña. Esperemos que el calor pierda un poco de intensidad en los próximos días, pero lo más probable es que se mantenga igual de intenso durante el resto de nuestro viaje.

La calidad del servicio al cliente

La calidad del servicio al cliente en Japón es famosa

   Algo que nunca deja de sorprendernos es la calidad del servicio al cliente que se puede ver en Japón, que va mucho más allá de lo que hayamos experimentado en cualquier otra parte del mundo. Por ejemplo, el día que llegamos, mi esposa compró unos boletos para tomar un ferry y pagó con un billete de 10 mil yenes (más o menos 100 dólares). El costo de los boletos fue de un poco más de 4 mil yenes (como 40 dólares) y el vuelto que ha debido recibir era de un poco más de 5 mil yenes (como 50 dólares). En su lugar, sólo recibió unas monedas y no el billete de 5 mil yenes que ha debido acompañar las monedas. Mi esposa no se dio cuenta en su momento, pero varios minutos después, cuando estaba comprando unas bebidas en una tienda de conveniencia, cayó en cuenta que no le dieron el billete de 5 mil yenes que le correspondía. Regresó rápido al lugar donde compró los boletos de ferry y les explicó lo que había ocurrido. En distintas partes del mundo existen distintas maneras de manejar una situación como esa. Hay lugares en el que pensarán que uno está mintiendo y nos dirían que fue nuestra culpa y que no nos van a devolver el dinero. Hay otros en los que, para ahorrarse la discusión con el cliente, la empresa devuelve el dinero incluso si el cliente está mintiendo. En Japón, en cambio, no se deja nada al azar. Las 3 personas que estaban trabajando en ese momento en la casilla de ventas se pusieron a hacer una auditoría del dinero que tenían en la caja para determinar si, en efecto, tenían 5 mil yenes de más. Les tomó como 5 minutos nada más y una vez que comprobaron que, efectivamente, tenían 5 mil yenes de más, le devolvieron el billete a mi esposa y se disculparon por la falta cometida. Fue algo impresionante de ver. Un episodio similar ocurrió en nuestro reciente viaje a Tokio. Compramos los boletos para el tren bala con anterioridad y cuando fuimos a pasar por la máquina para entrar a la estación los mismos fueron rechazados. La chica que estaba de guardia los revisó y se dio cuenta que las fechas eran incorrectas y a pesar de no hablar inglés, me hizo un gesto con la mano para que la siguiera. Fue a una de las taquillas, me reembolsó el dinero de los boletos, me imprimió boletos nuevos y me cobró de nuevo el dinero por los mismos (el precio era igual), todo en cuestión de 5 minutos, de manera que yo pudiera continuar mi viaje sin perder ninguno de los trenes que tenía planeado tomar. La calidad del servicio al cliente en Japón es para quitarse el sombrero.

La seguridad del Shinkansen

En más de 60 años de servicio, el Shinkansen jamás ha tenido un accidente

   El famoso tren bala japonés, conocido como Shinkansen, cumplió 60 años de servicio en 2024 y si hay algo que debería ser un ejemplo para el resto del mundo es que en todo el tiempo que tiene funcionando NUNCA ha tenido un accidente. Ni una sola vez. Nunca ha sufrido un descarrilamiento, incluso en un país que promedia más de 3 mil terremotos al año. Tampoco ha experimentado un choque entre 2 trenes, o de un tren con un automóvil. Es más, ninguna persona ha muerto como consecuencia de un accidente relacionado a un Shinkansen. Estamos hablando de un sistema de trenes que cubre la mayor parte de la geografía japonesa y que mueve casi medio millón de personas al día con una puntualidad extraordinaria. El servicio fue inaugurado en 1964 para los juegos olímpicos de Tokio con la apertura de la línea original que va de Tokio a Osaka. Desde entonces, se ha ido expandiendo paso a paso hasta alcanzar su cobertura actual, que va desde Kagoshima, al sur de la isla Kyushu, hasta Hakodate, al sur de la isla de Hokkaido, al norte de Japón, con varias extensiones planificadas para las siguientes dos décadas. Comparemos ese récord de seguridad con el de cualquier otra compañía, sea de trenes de pasajeros, de trenes de carga -que se viven descarrilando, por cierto-, de líneas aéreas o de barcos de pasajeros. El Shinkansen es un ejemplo para todos y no por casualidad. El esfuerzo que realiza la compañía para que utilización sea segura y puntual, es enorme y ese esfuerzo siempre paga sus dividendos.

Nuestro regreso a Sapporo

Sapporo posee todas las comodidades de las grandes ciudades japonesas

   Este viernes viajamos a la ciudad de Sapporo, al norte de Japón, para visitar el Es Con Field, el estadio más nuevo del béisbol japonés y la nueva sede de los Luchadores de Nippon Ham. El parque como tal es una joya arquitectónica y en él tuvimos la oportunidad de realizarle una entrevista bien amena al cubano Ariel Martínez, que publicaremos tan pronto como sea posible. Pero lo más importante de esta visita fue el hecho de regresar a Sapporo después de 23 años de ausencia. La primera vez que visitamos esta ciudad fue durante el Mundial de Fútbol 2002, cuando trabajábamos para el diario El Universal en Venezuela. En aquella oportunidad visitamos el Sapporo Dome, que fue construido para ese evento y que se hizo famoso alrededor del mundo por ser un estadio techado con grama natural que tenía la particularidad de que, en lugar de abrir su techo, lo que hacía era que sacaba la grama a la parte exterior para que le pegara el sol y pudiera crecer. En ese escenario vimos y reportamos dos juegos de la primera ronda: la derrota de 2-0 de Ecuador ante Italia y la derrota de 1-0 de Argentina ante Inglaterra. El ambiente previo al encuentro entre Argentina e Inglaterra fue fantástico. Los fanáticos ingleses, y algunos argentinos también, ocuparon el famoso Parque Odori, en el centro de la ciudad, y hasta se pusieron a tocar tambores juntos, con la ayuda de los fanáticos japoneses locales. La ciudad de Sapporo es relativamente pequeña comparada a Tokio y Osaka, pero sigue siendo muy bonita y cuenta con todas las modernidades de las grandes urbes japonesas en lo que a transporte, tiendas, restaurantes y servicios se refiere. No tuvimos tiempo suficiente de caminarla con calma, pero sin duda fue un placer verla de nuevo y en perfectas condiciones.

La conveniencia de las máquinas expendedoras

Las másquinas expendedores en Japón son baratas, confiables y están en todas partes

   Una de las características más particulares de Japón es la conveniencia de las máquinas expendedoras, que se pueden ver en todas partes, tanto en interiores como exteriores, en números muy abundantes y ofreciendo todo tipo de productos. Primero que nada, lo más importante que hay que decir de ellas es que funcionan bien. En Canadá, donde vivimos, se ven muy poco y las pocas que vemos por lo general no funcionan bien, razón por la cual la gente no las utiliza mucho. En Japón, por el contrario, se encuentran en todas partes, funcionan perfectamente bien, sus precios son muy razonables y además ofrecen distintas formas de hacer el pago, de manera de que sean más fáciles de utilizar para sus clientes. Se puede pagar con monedas, con una gran variedad de tarjetas de débito y hasta con teléfonos inteligentes. Las máquinas expendedoras de bebidas son las más populares y ofrecen desde agua mineral, hasta jugos, bebidas energéticas, Coca Cola y té y café fríos con precios que van desde los 100 yenes (alrededor de un dólar) hasta los 200 yenes (2 dólares). También hay máquinas expendedoras de cervezas y cigarrillos, aunque esas son mucho más limitadas y requieren que uno utilice su identificación (licencia de conducir, por ejemplo) para poder utilizarlas. También hemos visto máquinas expendedoras de helados, incluso dentro del Templo de Oro en Kioto. La famosa compañía de helados Häagen-Dazs, que es muy popular en Japón, tiene su propia línea de máquinas expendedoras, así como también una compañía llamada Seventeen Ice. En raras ocasiones, hemos visto máquinas expendedoras que ofrecen fideos instantáneos, productos de higiene personal, paraguas y hasta ropa de vestir, como camisas blancas para los famosos “salaryman”, que son los típicos trabajadores de las compañías japonesas que se pueden ver caminando en grandes números por las calles de los grandes centros urbanos del país. Obviamente, con productos de ese tipo los precios suelen ser más altos que el rango de 100 o 200 yenes que mencionamos con anterioridad, pero por lo general las máquinas expendedoras japonesas suelen mantener sus precios en un rango bien asequible. Si comparamos eso con los 3, 4 o hasta 5 dólares que pueden cobrar las máquinas expendedoras en Canadá por una botella de agua mineral, pues resulta evidente que la versión japonesa de esa máquinas son imbatibles, tanto en precio, como en conveniencia, como en funcionalidad, ya que muy rara vez se dañan o tienen problemas para dispensar sus productos.

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