Miami.Florida.-A propósito del caso que viene ventilándose en los medios de comunicación y redes sociales del jugador de béisbol, el Dominicano Wander Franco, de los Rays de Tampa a quien se le involucra en una supuesta relación amorosa con una menor de edad, me vienen a la mente algunas vivencias oculares.
Los estadios de béisbol se convierten en una selva donde algunas de las féminas, muy elegantes en su mayoría van en busca de sus presas que son los jugadores de béisbol.
No se si ya anteriormente alguien habría escrito sobre este caso pero, basado en mi experiencia, lo que si llegue a ver en el Estadio Cibao de Santiago, RD, eran algunas jóvenes que penetraban a las instalaciones desde el inicio de las prácticas, enfocándose no necesariamente en cómo el jugador atrapaba o bateaba la pelota.
El enfoque principal era a quién lograban conquistar con sus atributos y encantos, los cuales les parecían muy apetecibles a algunos jugadores.
Ya en algunas entrevistas varios jugadores han manifestado que este tipo de acciones en una que otra chica era normal supuestamente en los estadios de béisbol de ligas menores en los Estados Unidos, a esas féminas se les llama “Las Casa Fortunas”.
En este caso el jugador, en su mayoría dejándose embaucar por los encantos de esas mujeres, caen redondos y muchos no se dan cuenta que algunas son menores de edad.
El hombre que por naturaleza es un animal y muchos jugadores que quizás en algún tiempo no tenían la atención de las mujeres, al verse en ese momento quizás con un poco de fama y dinero que no poseían, se sienten atractivos y que pueden darse el “gusto y el placer” que no podían alcanzar antes de firmar al profesionalismo.
Deben de cuidarse, los únicos que tienen las de perder son ellos, esas mujeres solo ganan o empatan, tienen que mantener su mente en el juego y no creer que porque tiene el talento de atrapar y batear profesionalmente con la cartera llena, nada les puede pasar.



