Las máscaras de Tito y Tika son mucho más que un recuerdo de los II Juegos Panamericanos Junior ASU2025: son un pedazo vivo de la cultura paraguaya. Talladas a mano con madera de timbó, cada pieza refleja la fuerza, identidad y orgullo de un país que valora sus tradiciones y las lleva al mundo a través de su arte.
A su lado, trabajaron alumnos de la Escuela Taller de Saberes Ancestrales y artesanos de diversas ciudades como Asunción, San Lorenzo, Capiatá, Areguá y la propia Tobatí. Durante dos meses, talladores, lijadores y pintores unieron manos y talento para dar vida a estas piezas únicas.
En conversación con Panam Sports, el creador de las máscaras compartió cómo este proyecto conecta con lo más profundo de las raíces paraguayas.
Estas máscaras conectan con nuestras raíces y tradiciones porque nosotros tenemos una fiesta ancestral en Tobatí, una fusión de festividad afrodescendiente e indígena, donde se usan máscaras para vestirse de Kamba Ra’anga (tradición celebrada en la ciudad de Altos y Tobatí, Paraguay, que combina devoción religiosa, costumbres ancestrales y el simbolismo del fuego). Mantener viva esta tradición es parte de nuestro trabajo, y queríamos que los medallistas también conecten con esa raíz que mantenemos viva a través del tiempo”, explicó Portillo.
La elección de la madera de timbó no fue casual. Según el artesano, se trata de un árbol noble cuya raíz y ramas se regeneran rápidamente, permitiendo su uso sin dañar el equilibrio natural. Es como llevar un pedazo de tierra paraguaya. El timbó es único, se multiplica, y eso también representa lo que somos: un pueblo que siempre vuelve a crecer”, destacó.
El proceso de producción de una máscara es minucioso. Tallar puede tomar entre una y dos horas, dependiendo de la habilidad del artesano, seguido por un secado que puede ser de una semana al sol o acelerado en hornos especiales. Luego se lija y pinta, sumando entre media y una hora más de trabajo.
Pero no todo fue fácil. Portillo recuerda dos grandes desafíos: aceptar el reto de producir tal cantidad de piezas siendo una pequeña empresa, y mantener las máscaras en perfecto estado hasta la entrega final.
Nunca habíamos hecho tantas máscaras. Fue un desafío enorme organizarnos y evitar que la humedad las dañara. Tuvimos que hacer un mantenimiento general antes de la entrega para que todo estuviera impecable”, relató.
Más allá de las dificultades, el artesano resalta el impacto que el proyecto tuvo en los jóvenes participantes. “Aprendieron a creer en sí mismos, a trabajar en equipo y a aportar a la identidad paraguaya. También generaron su propio ingreso haciendo lo que les gusta. Esa es una enseñanza que les queda para toda la vida”, concluyó.
Cada medallista que suba al podio no solo se llevará un trofeo, sino también una pieza que late con la historia y la esencia del Paraguay. Un recuerdo que habla de manos que cuentan historias, de una tradición que no se olvida y de un país que se enorgullece de su arte.
Escrito por Junior Rodas – Fotos Instituto Paraguayo de Artesanía









