Héctor García
Otra vez queda demostrado que no hay un sector de la vida mundial más conciliador, motivador y que sirva de unión a los pueblos como el deporte.
El último ejemplo de esto ha sido la clasificación de Irak para el Mundial de fútbol de este verano, certificada la noche del lunes pasado frente a Bolivia.
La celebración del partido hizo olvidar la Guerra en Irán y generó reacciones que van desde el primer ministro iraquí, Mohamed Shia al Sudani, hasta el influyente clérigo chií Muqtada al Sadr, líder del Movimiento Sadrista.
El pueblo entero se olvidó de los peligros de los misiles y bombardeos y se lanzó a las calles a celebrar y los propios guerreros, no perdieron tiempo en manifestar su simpatía y alegría.
Ejemplo de ello fue Al Sudani, quien declaró momentos después del triunfo que la clasificación marcaba un hito significativo en la trayectoria del deporte iraquí y refuerza la presencia del país en escenario mundial.
El primer ministro destacó la determinación y resiliencia de la juventud de su país, a la que considera comprometida con enarbolar el nombre de Irak en todos los ámbitos, incluido el deportivo.
Además, ofreció respaldo a los jugadores y al cuerpo técnico de la selección con ;generosas recompensas por obtener la plaza para el Mundial.
Otro ejemplo de la grandeza del deporte fue el triunfo de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol, lo que hizo olvidar las graves diferencias políticas que existen en el vecino país y todo el pueblo se lanzó a las calles a celebrar.
Hubo inclusive, una petición de la mandataria Dayci Rodríguez, donde pedía a todos los jugadores, cuerpo técnico y directivos del equipo de béisbol campeón, a que viajaran por algunas horas a Venezuela, para que junto al pueblo celebraran en las calles la gran conquista frente al fuerte »Trabuco» de los Estados Unidos.
Por razones de compromisos de trabajo, los orgullosos y patriotas peloteros venezolanos, no pudieron atender la invitación de la mandataria,
Ahí no había chavistas, ni maduristas, tampoco opositores al régimen. Todos enarbolaban orgullosos su bandera y por dos o tres días reinó la paz en toda Venezuela



