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La odisea de un equipo olímpico para volver a casa

Los atletas de Islas Cook han arribado allí dos meses después de acabados los Juegos de Tokio 2020.

Las Islas Cook son un pequeño archipiélago que forma un país situado en el océano Pacífico Sur. De un área de unos 240 kilómetros cuadrados y una población que no llega a los 20 mil habitantes, se trata de un estado libre asociado a Nueva Zelanda, aunque cuenta con su propio sistema de gobierno basado en una democracia parlamentaria.

También tiene su propio comité olímpico y desde Seúl 1988 ha participado en los distintos juegos, aunque nunca ha conseguido una medalla.

Como en los anteriores, sus deportistas se volvieron de vacío de los Juegos de Tokio 2020, aunque su regreso bien merece al menos un reconocimiento. Y es que no llegaron a su país hasta el 13 de octubre pese a que el evento finalizó el 8 de agosto. En total han estado más de 13 semanas fuera de casa.

Los seis representantes de las Islas Cook en Tokio 2020 (tres piragüistas, dos nadadores y un atleta), además del presidente del comité olímpico nacional (CISNOC), Hugh Graham, y varios técnicos del equipo, dejaron la capital nipona a principios de agosto y llegaron a la ciudad neozelandesa de Christchurch. Las normas del país oceánico les obligaron a pasar una cuarentena de dos semanas.

Una vez cumplida la cuarentena se trasladaron a la ciudad de Auckland, en la Isla Norte de Nueva Zelanda, desde donde iban a tomar el vuelo a las Islas Cook. Sin embargo, el mismo día en que llegaron allí el gobierno del país decidió confinar la ciudad ante el aumento de casos de coronavirus y la aparición de la variante delta.

El bloqueo de Auckland duró dos meses, tiempo en que los deportistas, el presidente del CISNOC y los técnicos estuvieron retenidos en la ciudad. Algunos tenían familiares allí y pasaron tiempo con ellos, mientras otros se quedaron en un hotel.

«Algunos días fueron buenos y otros días tuve que lidiar con estar solo», comentó Graham al medio local Cook Islands News acerca de su experiencia durante el encierro.

Una vez se levantaron las restricciones en Auckland, y tras pasar tres pruebas negativas de covid-19, tomaron el vuelo de tres horas que les trasladó a Avarua, la capital de las Islas Cook. Sin embargo, su odisea aún no ha terminado, ya que su país también les obliga a guardar una cuarentena de dos semanas. Por ello fueron trasladados a un resort de la isla de Rarotonga, donde se encuentra la capital.

Allí fueron recibidos con pancartas de bienvenida por los trabajadores del resort. No era para menos después de lo que les ha costado volver y aún tendrán que esperar para poder abrazar a sus familiares y amigos.

Todo sea por no llevar el coronavirus a un país que no ha registrado ni un solo caso desde el inicio de la pandemia. Además, la tasa de vacunación entre su población supera el 97 %.

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